SobreVIHvir a los estigmas

Redacción Animal Político · 19 de abril de 2023

SobreVIHvir a los estigmas

Histórica y socialmente, la especie humana ha construido jerarquías para mantener supuestos órdenes sociales, lo cual constituye una total mentira si contemplamos que la mayoría de las personas solemos ser completamente sociales e interdependientes. A pesar de ello, los grupos que a lo largo del tiempo se han mantenido en la punta de la escala social y ejercen mayor poder sobre las otredades son usualmente hombres blancos dentro de los estándares eurocéntricos, propietarios de tierras y pertenecientes a la normatividad cisgénero-heterosexual. La construcción del conocimiento y la posesión de bienes también han girado en torno a estos individuos, siempre y en todos lados, así como los beneficios sociales, culturales, económicos, científicos y de cualquier otro tipo.

Los productos de la ciencia y la medicina también han beneficiado sobre todo al grupo privilegiado. De hecho, a pesar de que los Homo sapiens históricamente han padecido múltiples enfermedades, se suele encontrar una solución eficiente cuando los grupos de poder se ven afectados de manera directa, lo que continúa con el pensamiento canónico según el cual los humanos podemos, o al menos pretendemos, “controlar todo” lo que se nos presente. La reciente pandemia por SARS-CoV-2 fue un claro ejemplo de esto: es cierto que millones de personas fueron afectadas alrededor del mundo y que también sucumbieron las que cuentan con mayores privilegios, pero desde el Norte Global la esfera científica se enfocó en encontrar una cura o minimizar los impactos negativos y, como por arte de magia, la vacuna contra la Covid-19 desarrollada por Pfizer y BioNtech pasó del concepto a la realidad en sólo 10 meses.

Ahora bien, pareciera que esta solución eficaz se dio porque se trataba de una pandemia, ¿cierto? Sin embargo, esto es una verdad a medias. Hay otro tipo de virus, causante también de una pandemia, pero cuyos receptores son víctimas de estigmas y prejuicios que les han sido adjudicados, sobre todo, a dos grupos históricamente vulnerados. Con orígenes africanos y descubierto a inicios de los ochenta en Estados Unidos, se calcula que el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) ha matado entre 25 y 35 millones de personas. A la enfermedad se le denominó “el cáncer gay” por afectar severamente a la comunidad homosexual.

Entre los argumentos que generan prejuicios y estigmas acerca del VIH, falazmente se creyó -y en algunos círculos se ha seguido diciendo- que afecta única o principalmente a personas homosexuales y/o a personas negras. No obstante, en este texto se sostiene la postura sobre la atención y estigmatización de la enfermedad basada en la interculturalidad crítica, la cual asevera que el problema es estructural-colonial-racial. Es decir, un reconocimiento de que la diferencia se construye dentro de una estructura y matriz colonial de poder racializado y jerarquizado, y que podría ser enfrentado con estrategias, acciones y procesos permanentes de relación y negociación, en condiciones de respeto, legitimidad, simetría y equidad. Pero aún más importante es el entendimiento, construcción y posicionamiento de la interculturalidad crítica como proyecto político, social, ético y epistémico —de saberes y conocimientos— que afirma la necesidad de cambiar no sólo las relaciones, sino también las estructuras, condiciones y dispositivos de poder que mantienen la desigualdad, inferiorización, racialización y discriminación.

Entonces, se podría argumentar que, tal vez, una de las principales razones por las que la vacuna contra el VIH no ha sido focalizada debidamente es por toda la carga socio-simbólica y económica que lleva detrás. Pareciera que este estigma es de mayor peso que la necesidad a pesar de tratarse de un punto clave para el avance de la Medicina, aun cuando se ha investigado en busca de una cura desde los años ochenta.

A esto se suma la idea de que el VIH muta rápidamente y produce variantes que los anticuerpos no pueden reconocer, lo que significa que siempre va un paso por delante del sistema inmune. El virus SARS-CoV-2 mutaba muy rápido también y eso no detuvo el proceso de elaboración de la vacuna, así que ¿es ese un argumento válido para retrasar la vacuna del VIH o no alentar las siguientes fases? Difícilmente puede ser una explicación que justifique esa falta de mayor progreso.

De hecho, un estudio realizado en Tailandia que finalizó en 2009 concluyó que los resultados de los ensayos sugieren la viabilidad de una vacuna para el VIH, aunque se necesitará más trabajo para generar una que proteja a la población general de contraer el virus. Entonces ¿es realmente el argumento médico la razón por la cual aún no hay una vacuna para este virus? Si bien hay muchas limitantes en la investigación sobre la infección, es un hecho que existe un discurso internacional que culpabiliza a las comunidades afro y a las personas homosexuales por el origen y la propagación del virus. ¿El no proporcionar una cura o atención digna a estas problemáticas de salud es una manera de dominación? Totalmente.

Además, casi todas las enfermedades o infecciones que son más viralizadas en África y son tipificadas como “negras” no cuentan con la atención o las vacunas debidas. Por ejemplo, la malaria, el dengue, el Zika, el Ébola o la infección por citomegalovirus todavía no tienen con una vacuna definitiva, igual que el SIDA. De hecho, en el caso de la última, la búsqueda por la cura no comenzó hasta que empezó a observarse que también afectaba a mujeres, bebés y personas con hemofilia tanto dentro como fuera de África.

Para la comunidad homosexual el problema de la cura contra el VIH tiene un trasfondo completamente discriminatorio relacionado con la crisis surgida en los años ochenta. No obstante, la realidad de las poblaciones africanas es otra y, además, completamente actual. El África subsahariana es la región más afectada por la enfermedad, y es donde se han registrado dos tercios de los casos totales de VIH.

Hoy se sigue reproduciendo un discurso institucionalizado que lo único que hace es subordinar y vulnerar aún más a ambos grupos, y donde la hegemónica ideología blanca y cis-normativa se superpone a las necesidades reales de millones de personas. ¿Existe alguna razón para que valoremos más unas vidas que otras? La respuesta es simple: no, ninguna.

El presente texto es una invitación a reflexionar cómo podemos gestionar un cambio sobre estas alocuciones discriminatorias. Escuchemos las necesidades de las personas violentadas y transformemos la realidad en la medida de lo posible. Es necesario un cambio cultural para abordar los problemas sistémicos arraigados en nuestras comunidades, instituciones y sociedad. “El estigma y la discriminación por el VIH afectan el bienestar [físico y] emocional y la salud mental de las personas con el VIH. […] Todos podemos ayudar a terminar con el estigma por el VIH con nuestras palabras y nuestras acciones en la vida diaria”.

* Sebastian A. Aguilar González es estudiante del sexto semestre de la Licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales por la Facultad de Filosofía y Letras. Se especializa en estudios de género y sexo-diversidad desde la interculturalidad crítica. Sus intereses son en investigaciones y posturas éticas ante la discriminación; además, trabaja temas de educación sexual y decolonialidad. Gino Jafet Quintero Venegas es doctor en Geografía por la UNAM, con un posdoctorado en Bioética. Actualmente es Investigador Asociado “C” del Instituto de Investigaciones Sociales en el área de “espacio social” y profesor de Geografía y Ética y de Elementos para la Gestión del Patrimonio Biocultural en la FFyL.

 

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