blogeditor · 11 de agosto de 2020
En nuestra serie que busca promover una mirada crítica a las encuestas continúa ahora enfocada en el siguiente paso después de establecer una pregunta de investigación y definir la muestra a estudiar. Después de eso, un tercer paso sería redactar el cuestionario para aplicar a las personas. No es un proceso tan elemental como podría parecer debido a que este cuestionario es la herramienta por medio de la cual directamente obtenemos los datos a analizar. Además, cada una de las preguntas es producto de las ideas que la pregunta de investigación buscó sintetizar. La complejidad ya parece evidente: estas preguntas tienen que entregar en datos fidedignos y confiables. De otro modo, no importa qué tan representativa sea la muestra o qué tan bien definida esté la pregunta de investigación, el cuestionario arruinará el ejercicio. Hay algunas características que las preguntas deben incluir.
Las preguntas del cuestionario tienen que estar estandarizadas. Esto quiere decir que tienen que ser las mismas para todas las personas a las que se les aplican. De este modo queda asegurado el hecho de que sin importar qué persona de la población responda, recibirá la misma pregunta, palabra por palabra, que una persona completamente distinta dentro de la muestra de la encuesta. Además, como intentamos dejar claro cuando hablábamos de las preguntas de investigación, el cuestionario no solo tiene que ser idéntico para todos sino que debe ser suficientemente claro como para que las personas puedan responder las preguntas con precisión.
Otra de las características de los cuestionarios, como explica Erin Ruel en !00 Questions (and Answers) About Survey Research, es que “la mayoría de los cuestionarios tienden a ser cerrados”, lo que significa que los investigadores ofrecen una serie de respuestas a la pregunta para que las personas seleccionen la que mejor los representa. Esa serie de respuestas preestablecidas tiene que ser “exhaustivas (una categoría para todos)”, y deben ser “mutuamente excluyentes” (caben en una y solo una categoría). Porque todo el punto es que este cuestionario refleje con fidelidad el concepto teórico detrás de la pregunta de investigación. Hay dos conceptos que se emplean para evaluar la pertinencia de las preguntas del cuestionario: la confiabilidad y la validez.
Hay que decir que no todos los conceptos a interrogar son iguales. Hay algunos que son muy sencillos, o que pueden plantear menos problemas al momento de recolectar datos. Sin embargo hay otros que son mucho más complicados, incluso no son observables ni son fáciles de articular. En esos casos hay que diseñar un abordaje a partir de múltiples preguntas que aborden el tema complejo desde distintos ángulos. Entender el tipo de abordaje requiere que echemos mano de un proceso conocido como “conceptualizar”. A partir de las características tanto de la pregunta de investigación que se quiere responder como de la muestra a la que irá dirigida, se establecen los conceptos que se analizarán. Quizá haya cuatro o cinco detalles que deben ser tomados en cuenta para cubrir por completo la pregunta de investigación.
Una vez que se consideran estos detalles de concepto, es preciso redactar las preguntas de la encuesta. A este proceso se le conoce como operacionalizar el concepto, en tanto que a cada una de las preguntas que componen la encuesta se le puede considerar como una operación que recolectará datos de la muestra. Las preguntas pueden ser algunas ya existentes y que hayan probado su efectividad al recolectar datos similares. En el caso de emplear preguntas ya conocidas, hay que determinar si son relevantes para la muestra por estudiar y considerar además si el tiempo no las ha vuelto obsoletas y requieren actualizarse. Al usar este tipo de preguntas, además de confiar en su efectividad, otro beneficio es que es posible entonces observar datos de otras encuestas que hayan empleado la misma pregunta y comparar los resultados (siempre y cuando las muestras estén relacionadas, claro está).
En el caso de decidir o requerir emplear preguntas nuevas, hay que considerar que las preguntas sean entendibles para la población muestreada, por lo que se recomienda que sean preguntas cortas y que empleen un lenguaje preciso. Así las probabilidades de confusión estarán minimizadas; incluso si es el caso que se requiera proveer la definición de algunos términos, es conveniente hacerlo. Hay que evitar preguntas planteadas en negativo y las construcciones con dobles negativos porque se prestan a confusión y son difíciles de responder con precisión. Otra cuestión crucial es evitar el lenguaje tendencioso o sesgado. Al emplear un fraseo que apele fuertemente a las emociones puede crear sesgos –por ejemplo, el sesgo que lleva a las personas a responder lo que creen que el entrevistador o la entrevistadora quiere escuchar– que deforman los resultados. Lo mismo pasa con el lenguaje excesivamente técnico, o con la jerga especializada. Otro error común es incluir varias preguntas distintas en una misma. La pregunta tiene que estar clara y ser sencilla de comprender.
Al considerar las preguntas de un cuestionario usted podrá disernir si se trata de una encuesta que se preocupó por obtener datos precisos por medio de planteamientos sencillos, concretos y sin sesgos. De lo contrario, sabrá que los resultados tienen un problema inicial de planteamiento y será más sencillo cuestionarlos o descontarlos.
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