SMART: territorio internet

blogeditor · 5 de noviembre de 2014

SMART: territorio internet

En unos días llegará a las librerías la más reciente investigación del sociólogo francés Frédéric Martel, SMART (Taurus, 2014). Se trata de la búsqueda de los diferentes “internets” alrededor del mundo. Martel se consolida como un autor de temas globales y refina el método de mezclar la sociología y el periodismo, fórmula que ya le funcionó en Cultura Mainstream y Global Gay. El argumento es el siguiente: internet no es un fenómeno global por sí mismo sino el cúmulo de asuntos locales que comparten una infraestructura –esa sí—global.

En la era digital, a partir de la última década del siglo XX, se consolidaron dos escuelas de pensamiento sobre la red y el ser digitales: por un lado, los pesimistas que juzgan el Internet y las redes como herramientas que generan archipiélagos reflexivos, uniforman el saber e inciden determinantemente en la estupidez masiva (o viral, diríamos hoy); por el otro, los optimistas que juzgan tales herramientas como los componentes de una aldea global, que alientan la diversidad de ideas y cuya consecuencia lógica, nunca mejor dicho, es la inteligencia colectiva. Si habría que colocar el texto de Martel en cualquiera de ambas, se quedaría a la mitad del camino; propongo pues, la categoría de “realismo digital”.

Este realismo, aunque es optimista, se fija más en el espacio que ocupa internet y no tanto en la inmaterial virtualidad. Para Martel –cuya visión es más cultural que política—son importantes los espacios en los que nos conectamos, conversamos, compramos tecnología, trabajamos; eso moldea el tipo de internet que tenemos; por ello cada internet(s) es distinto. En este mundo fragmentado que plantea el autor, no hay tal cosa como una aldea global, por el contrario, existen feudos culturales que, pese a la ausencia de fronteras, ponen límites a cada internet(s).

[contextly_sidebar id=”Wqd23ne2iHtpHA6PGlfL1D8Iq4trp5TA”]Cincuenta países y miles de entrevistas son parte de este libro. Martel desarrolla su idea de los internets con testimonios en la franja de Gaza, las favelas brasileñas, los guetos sudafricanos, el naciente acceso en Cuba, el excepcionalismo chino, la censura en Venezuela, el “mundo feliz” de Silicon Valley en Estados Unidos, las élites en México, el localismo brasileño, Europa y los países árabes. Su voz se encuentra presente a lo largo de la narración: es crítico con la situación en los países árabes, escéptico con el caso chino y su “internet de imitación” y optimista frente al discurso de oportunidad que brinda el internet para mejorar la vida de las personas. No le falta sentido del humor, en el capítulo dedicado a México y Brasil la primera imagen que ve el lector es la metáfora de nuestro país: una vieja máquina de escribir (que no es adorno sino herramienta de trabajo) sobre el escritorio de la secretaria de Carlos Slim Jr.; o lo que es lo mismo, la falsa modernidad que puede otorgar un monopolio de ese calibre.

La idea de internet como un cúmulo de batallas locales lo había planteado Rebecca Mackinnon en No sin nuestro consentimiento (Planeta, 2012). La autora hace un recorrido por los movimientos sociales locales para defender un internet libre, abierto y con garantías de libertad de expresión y privacidad. Martel, aunque no ignora esta problemática, tiene un optimismo que, a veces, resulta chocante. El libre mercado y el hecho –incontestable— de que los conectados somos más, parecen, desde la óptica del autor, suficientes para combatir el espionaje masivo o la censura.

El fascinante recorrido que plantea Frédéric Martel revela una fotografía actual y amplia de los internets hoy. La abundancia de contenido, la globalización de ciertas industrias como la de los videojuegos, el millonario negocio de las apps y nuevos desarrollos, la diversidad cultural y las posibilidades de empoderamiento ciudadano a nivel local. En buena medida esta investigación es aire fresco a la conversación sobre internet. Nos obliga a entender la importancia de lo físico en la construcción de comunidades y en el fortalecimiento del ecosistema local (industria, contenido, sociedad civil) para tener así un mejor internet. Uno que no descanse sobre una máquina de escribir.

P.D. No debemos dejar de hablar de Ayotzinapa. Ya encontraron al alcalde y a su esposa, la pregunta persiste ¿dónde están los 43 normalistas..? La clase política parece no aprender de los errores (antidemocráticos) del pasado, han concluido que la mejor salida para el caso Iguala es un gran pacto por la seguridad (sí, como ese firmado en 2008… que nos llevó a Iguala), yo pregunto: ¿que el “pacto por la seguridad” no se llama Constitución? ¿Por qué trasladar a un espacio –cerrado— que no es sujeto de rendición de cuentas (pensemos en el pacto por México) lo que la Constitución obliga? La “democracia a la mexicana” luce cada vez más insostenible.

 

@antoniomarvel