Jorge Avila · 26 de marzo de 2026
Cuidar para prosperar: Sistema de cuidados desde una perspectiva interseccional para las empresas de la Ciudad de México
Maricela Hernández Martínez
La Ciudad de México enfrenta un desafío estructural en materia de cuidados. Millones de mujeres sostienen diariamente la vida en el hogar, la comunidad y los espacios laborales; sin embargo, las acciones empresariales sobre los cuidados permanecen fragmentadas y desiguales, y no todas tienen acceso a los beneficios que “ofrecen” los espacios laborales. Esta situación invisibiliza las distintas realidades que atraviesan las mujeres según su origen étnico, edad, orientación sexual o condición migratoria, poniendo a algunas en posición de mayor vulnerabilidad ante las violencias. Por ello, pensar en los cuidados debe hacerse desde una perspectiva interseccional.
En la Ciudad de México, el trabajo de cuidados no remunerado sostiene una parte fundamental de la economía, aunque permanece invisibilizado. En este escenario, las mujeres —que representan el 41.1% del personal ocupado— enfrentan una doble jornada: asumir la mayor parte de los cuidados y responder a las exigencias laborales. Lejos de ser reconocidas, estas responsabilidades continúan siendo motivo de discriminación, ya que la maternidad, la lactancia y el ejercicio del cuidado suelen traducirse en desventajas dentro de los espacios de trabajo.
La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2021) revela que, en la Ciudad de México, el 21.8% de la población de mujeres de 15 años y más ha vivido situaciones de violencia laboral a lo largo de su vida: la violencia física y sexual prevalece con el 21.8%, seguida de la discriminación laboral con el 17.8% y la psicológica con el 15.4%. La discriminación que enfrentan las mujeres en los espacios laborales está relacionada con los cuidados y con motivos como el embarazo, la maternidad y la lactancia.
Datos históricos del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED)muestran que, de 2013 a 2022, el 36% de las quejas atendidas correspondieron a discriminación por embarazo en el ámbito laboral; en segundo lugar se ubica la condición de salud con el 17%, seguida del género con el 11%. El estudio Discriminación por embarazo. Un estudio sobre la Ciudad de México detalla que gran parte de estas quejas están asociadas con despidos injustificados (68.8%) y presiones para firmar la renuncia (12.1%).
Estos datos son resultado de una problemática estructural en la que existe una sobrecarga de trabajo hacia las mujeres, que se traduce en jornadas extendidas y en menor acceso a oportunidades de desarrollo profesional. La problemática se agudiza ante una legislación desigual: las licencias de maternidad son de 12 semanas, mientras que las de paternidad son de únicamente 5 días, recargando las labores de cuidados sobre las mujeres. Además, estas licencias no contemplan a familias lesbomaternales ni a familias diversas en general.
Y aunque este panorama permite visibilizar la problemática, es importante recordar que las mujeres no son homogéneas: cada una tiene una historia y características específicas que vuelven más adversas las condiciones en las que cuidan. No es lo mismo ser una mujer cuidadora secundaria que vive a 15 minutos de su trabajo, que una que debe trasladarse dos horas. Tampoco es igual ser cuidadora primaria sin discapacidad, que serlo viviendo con una discapacidad, ni ejercer el cuidado de una persona con discapacidad. Las condiciones de desigualdad estructural también se entrelazan con las formas de cuidar y el acceso a oportunidades para llevarlo a cabo.
En la Ciudad de México, muchas empresas han avanzado en políticas de inclusión y cuidados, pero estas acciones suelen concentrarse en mujeres en puestos corporativos o directivos, dejando fuera a trabajadoras en áreas de limpieza, servicios generales o posiciones operativas, quienes enfrentan mayores barreras y menor acceso a beneficios, bajo el argumento de que no es posible ausentarse del trabajo.
Ejemplo de ello es que muchas de las licencias de cuidados existentes en grandes corporativos —que incluyen licencias de maternidad y paternidad extendidas, permisos para personas cuidadoras, días libres para acudir a actividades educativas y culturales, e incluso días de desconexión— no se aplican a nivel de sucursal o fábricas, poniendo a las mujeres de menor jerarquía en posiciones de desventaja.
En ese sentido, es importante que la construcción de un sistema de cuidados incluya todos estos beneficios desde una perspectiva interseccional que considere a todas las mujeres: no solo a las que viven cerca o a las de puestos directivos, sino también a las subcontratadas, a las de fábrica, a las de labores de limpieza, a las que viven con alguna discapacidad y también cuidan, y a todas en todos los niveles de la empresa.
Para las empresas, integrar esta perspectiva no solo es un acto de justicia social, sino una estrategia de sostenibilidad. Avanzar hacia un sistema de cuidados con enfoque interseccional constituye un imperativo para garantizar que la diversidad de las mujeres sea reconocida y atendida. En el ámbito empresarial, este enfoque implica asumir la responsabilidad de diseñar políticas inclusivas que integren la pluralidad de experiencias y posiciones en el cuidado como un eje de equidad, sostenibilidad y competitividad.
Maricela Hernández Martínez es responsable de la vinculación con el sector privado del COPRED.