Redacción Animal Político · 5 de agosto de 2025
¿Y si los alimentos que ponemos en nuestro plato fueran uno de los principales responsables de la destrucción del planeta?
Hace unos días, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) reafirmó algo que, aunque obvio, no deja de ser crucial: “El medio ambiente es la base de la vida humana”. Que una instancia jurídica global lo declare de tal manera tiene un peso que no deberíamos ignorar. La protección del medio ambiente es más que una cuestión ética, es un derecho humano esencial.
La declaración de la CIJ es un incómodo recordatorio de todo lo que aún no hacemos. Mientras los discursos se multiplican y la acción climática es poco efectiva, la temperatura sigue en aumento y sus consecuencias son realidades presentes: olas de calor extremas, huracanes más intensos, sequías prolongadas, inundaciones incontrolables.
Durante décadas, el debate climático ha girado en torno a la producción de energía. Pero hay un aspecto que rara vez se discute con la misma fuerza, a pesar de ser responsable de un tercio de las emisiones globales de GEI: nuestro sistema alimentario.
Desde el año 2000, las emisiones de la producción de alimentos han aumentado un 10 %. La ganadería industrial y la deforestación para sembrar cultivos que alimentan animales destinados al consumo humano son factores clave en este aumento. En México, por ejemplo, el sector agropecuario ha incrementado su participación en las emisiones totales, y aun así, este tema apenas figura en las políticas climáticas.
Sin embargo, el sistema alimentario no solo es parte del problema, también es parte de la solución. Y lo será en la medida en que transformemos la forma en que nos alimentamos.
Cambiar lo que comemos y cómo lo producimos ayuda a reducir emisiones, proteger ecosistemas y biodiversidad, y a construir un modelo más justo y resiliente para todas las personas.
El informe de EAT Lancet –una iniciativa global enfocada en promover sistemas alimentarios sostenibles– nos ofrece un camino: priorizar el consumo de alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, legumbres y cereales; reducir el consumo de productos de alto impacto ambiental como carne y lácteos; y fomentar una producción de alimentos más equitativa, eficiente y sostenible.
Adoptando estos cambios, no solo lograremos reducir las emisiones de GEI, también ahorraremos agua y protegeremos nuestros bosques de la deforestación.
En México ya tenemos marcos legales para llegar a esta meta. En 2024, el Congreso de la Unión aprobó la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible. Ahora es momento de crear las normas para que este modelo sea una realidad en el país.
Necesitamos del cambio individual pero también de compromisos colectivos. Que las instituciones públicas y privadas adopten el enfoque de alimentación sostenible en sus políticas de sostenibilidad.
Los beneficios de transitar a un sistema alimentario sostenible no solo se quedan en mitigar los efectos del cambio climático, también mejora la salud de las personas. Al consumir más alimentos de origen vegetal, el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, –como la diabetes tipo 2 y cardiopatías–, disminuye, dejando de presionar a los sistemas públicos de salud. Es un ganar ganar.
Lo que cuida al planeta, nos cuida a nosotros. Aún tenemos esperanza y tiempo de actuar.
A veces, las soluciones no están en grandes tratados ni en promesas lejanas. A veces, están más cerca: en la mesa, en la cocina, en nuestros platos. Es momento de tomar decisiones conscientes y colectivas. Nuestra salud, la de las generaciones futuras y la del planeta dependen de ello.
*Sofía Ruiz Oldenbourg es Ingeniera Ambiental por el Instituto Tecnológico de Colima, con más de 10 años de experiencia en el sector ambiental y de sostenibilidad en el sector privado y de organizaciones de la sociedad civil. Gerente de Políticas Alimentarias en Alianza Alimentaria y Acción Climática (@AlianzaAliment) organización mexicana sin fines de lucro que está transformando el sistema alimentario hacia prácticas más éticas y sostenibles. En 2024 fue pieza clave para el diseño de la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible. También trabajamos con el sector público y privado implementando menús sostenibles en los comedores de las organizaciones para reducir impactos ambientales y riesgos a la salud asociados a patrones alimentarios.