Siria: 50 mil personas, la mayoría menores, en una “prisión al aire libre”

blogeditor · 17 de noviembre de 2022

En febrero de 2021, un niño de siete años fue trasladado a nuestra clínica en Al-Hol con quemaduras de segundo grado en la cara y los brazos. La atención médica que podía salvarle la vida estaba a menos de una hora en coche, pero las autoridades del campo tardaron dos días en aprobar su traslado. El niño murió de camino al hospital bajo vigilancia armada, separado de su madre y en agonía.

Pocos meses después, en mayo del mismo año, un niño de cinco años fue atropellado por un camión y llevado a la misma pequeña clínica. Nuestro personal recomendó su traslado a un hospital para una operación de emergencia. A pesar de la urgencia, su traslado tardó horas en ser aprobado. Murió de camino al hospital, inconsciente y solo.

Estos son sólo dos de los 79 niños que murieron en el campo de detención de Al-Hol, en Siria, el año pasado. En 2021, el 35% de las personas que murieron allí eran niñas y niños menores de 16 años.

“Hemos visto y oído muchas historias trágicas en el campo de detención de Al-Hol, en Siria, entre ellas, la de niños que mueren como consecuencia de los prolongados retrasos en el acceso a la atención médica urgente y de niños pequeños que, según se reporta, son separados a la fuerza de sus madres, una vez cumplidos los 11 años, sin ser vistos nunca más“, afirma Martine Flokstra, nuestra directora de operaciones en Siria.

“Para los niños y sus cuidadores en Al-Hol, suele ser un calvario acceder a la atención médica. Los menores que necesitan tratamiento en el hospital principal, que se encuentra a una hora de distancia en automóvil del campo, son escoltados bajo guardia armada, y en la mayoría de los casos sin sus cuidadores, ya que rara vez se les autoriza a ir con sus hijos”, añade Flokstra.

El campo de Al-Hol fue diseñado en su momento para proporcionar alojamiento temporal seguro y servicios humanitarios a las personas civiles desplazadas por el conflicto en Siria e Irak. Sin embargo, la naturaleza y la finalidad de Al-Hol se han desviado durante mucho tiempo y este se ha convertido cada vez más en una prisión al aire libre insegura e insalubre después de que las personas fueron trasladadas allí desde los territorios controlados por el Estado Islámico en diciembre de 2018.

“Los integrantes de la Coalición Global contra el Estado Islámico, así como otros países cuyos ciudadanos permanecen retenidos en Al-Hol y otros centros de detención y campos en el noreste de Siria, les han fallado a sus ciudadanos. Deben asumir su responsabilidad e identificar soluciones alternativas para las personas detenidas en el campo. En lugar de ello, han retrasado o simplemente se han negado a repatriar a sus ciudadanos, y han llegado en algunos casos a despojarlos de su ciudadanía y convertirlos así en apátridas. A pesar de las violentas e inseguras condiciones de Al-Hol, y más de tres años después de que más de 50.000 personas fueran trasladadas allí, no se está avanzando lo suficiente para cerrar el campo”, asevera Flokstra.

Se cree que hay cerca de 60 países que tienen ciudadanos en Al-Hol y otros campos de detención relacionados en Siria, incluidos el Reino Unido, Australia, China, España, Francia, Suiza, Tayikistán, Turquía, Suecia y Malasia. Tras algunos retornos y repatriaciones, el número total de personas en el campo asciende ahora a unas 53,000, de las cuales unas 11,000 son ciudadanas extranjeras.

A pesar de las condiciones violentas e inseguras en Al-Hol, y más de tres años después de que más de 50,000 personas fueran trasladadas allí, no se ha avanzado lo suficiente para cerrar el campo.

“Todavía no hay alternativas a largo plazo para poner fin a esta detención arbitraria e indefinida. Cuanto más tiempo se mantenga a las personas en Al-Hol, peor será, lo que dejará a una nueva generación vulnerable a la explotación y sin ninguna perspectiva de tener una infancia libre de violencia”, sostiene Martine Flokstra.

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