blogeditor · 5 de octubre de 2016
Seguramente usted cree que donde muere más gente es en las guerras. Falso. Los últimos 15 años han muerto más personas en países donde no hay conflictos armados. La causa está en la epidemia de homicidios intencionales que se ha extendido en algunas regiones del mundo. América Latina y El Caribe es donde está la más grave de todas. Esta región tiene el 8 % de la población y concentra el 33 % de los homicidios de todo el planeta. América Latina multiplica por 3 la tasa promedio de homicidios en el mundo. Es aún peor. México, junto con Brasil, Colombia y Venezuela, aportan 1 de cada 4 homicidios intencionales del planeta.
Con estos datos devastadores inicia el nuevo reporte denominado Mapeo de Programas de Prevención de Homicidios en América Latina y El Caribe, investigación que por primera vez revisa las intervenciones que de manera directa o indirecta buscan reducir los homicidios intencionales en esta región azotada por la violencia.
El estudio revisó 93 programas de prevención de homicidios, mismos que fueron clasificados en seis tipos:
Además de la violencia misma, quizá la peor noticia del reporte es la extrema debilidad de la evaluación de los esfuerzos encaminados a contenerla. El Mapeo no ofrece una conclusión sobre la eficacia y eficiencia de cada uno de los programas revisados debido a que “la gran mayoría de los programas de prevención de la violencia no cuenta con evaluaciones de impacto, mucho menos evaluaciones de costo-beneficio, metodológicamente rigurosas que permitan emitir un juicio concluyente”.
Más adelante el propio reporte profundiza en las dificultades de la evaluación de los programas. Algunos motivos son: a) la ausencia de datos válidos y confiables, b) la existencia de programas sin objetivos claros o que reúnen un gran número de acciones simultáneamente sobre un territorio, con lo que resulta casi imposible evaluar el impacto de cada una de ellas y c) el hecho de que la evaluación del trabajo de instituciones, como las policías, se aplica en función de la información que ellas mismas producen, lo que puede comprometer la validez y confiabilidad de los datos.
El reporte incluye una selección de casos, algunos de los cuales presentan reducciones espectaculares de los homicidios intencionales. Ahí aparece “Todos Somos Juárez”, programa clasificado entre los planes amplios de prevención que incorporan un componente de reducción de homicidios. Esta intervención (febrero de 2010 a noviembre de 2012) “puede resumirse en tres ejes centrales: a) la inversión social; b) los cambios en los órganos del sistema de justicia criminal, como policías y Fiscalía; c) los mecanismo de participación social y la arquitectura institucional que dio soporte al programa. La investigación relata que Ciudad Juárez llegó a padecer 359 homicidios en septiembre de 2010, mientras que en el segundo semestre de 2012 “ningún mes registró más de 50 homicidios. La tendencia se ha mantenido en ese nivel desde entonces”. La mala noticia es que nadie sabe con precisión qué provocó el descenso de los homicidios: “ni se realizó una línea base al inicio ni se ha llevado a cabo una evaluación de impacto con un mínimo de rigor, que pueda permitir medir con exactitud el efecto del proyecto”.
Por increíble que parezca, el Mapeo de Programas de Prevención de Homicidios en América Latina y El Caribe concluye que en la región con más homicidios en el mundo, los proyectos para contenerlos son relativamente escasos. Y del universo de programas identificados, solo el 15 % fue sometido a evaluaciones de impacto. En cambio, allá donde hay mucho menos homicidios, la investigación y la evaluación es mucho mayor (Estados Unidos y Europa).
El Mapeo forma parte de un esfuerzo regional de la Open Society Foundations encaminado a promover el control de los homicidios. Es una herramienta más de aprendizaje para la toma de decisiones eficaces para la contención de la violencia. En el caso de México podemos decir dos cosas; primero, que según esta investigación nuestro país no ha construido modelo evaluado alguno de reducción de homicidios y, segundo, que entre 2014 y 2016 el homicidio se ha incrementado 53 %. Más claro, imposible. Sin aprendizaje y cambio, la matanza seguirá.