blogeditor · 6 de mayo de 2017
Por: Aline Ross (@AlineRossG)
El jueves 4 de mayo la PGJDF emitió desde su cuenta algunos tuits respecto a Lesvy Osorio, quien apareció asesinada en Ciudad Universitaria en la Ciudad de México. Los tuits se concentraban en el estilo de vida de la joven haciéndola aparecer como culpable de su asesinato por esto. La voz social se levantó y para la mitad de la tarde el hashtag #SiMeMatan era TT. Sumándose a #miprimeracoso, #juezporky y #niunamenos, este hashtag forma parte de la tendencia de protestar en las redes para que la voz y denuncias de las mujeres se compartan y se difundan.
¿Por qué la protesta..? Según datos de Inmujeres.gob.mx, vivimos en un país donde las mujeres tienen más riesgo de morir asesinadas que por cáncer, 40 % ha sufrido algún acoso, 38 % ha sufrido violencia, pero muchas no denuncian porque se les hace normal; 70 % de las violaciones son en casa y entre familiares cercanos (cifra que coincide también con el 80 % de casos de abuso sexual infantil entre familiares cercanos), las conclusiones saltan a la vista. Es verdad que muchas personas, hombres y mujeres mueren a diario en este país, pero estas muertes son solo por el hecho de ser mujeres, así de simple… y terrible.
La voz social denuncia la incapacidad de las autoridades para ejercer justicia sin sesgo de género, para esclarecer los hechos y asumir un feminicidio. La narrativa en los tuits de la PGJDF solo reafirma la creencia de que es necesario castigar mujeres que se perciben de baja moral o de comportamientos fuera de lo que una mujer debe ser. Visión patriarcal de control y dominación.
“La moral de la mujer es siempre sospechada”, dice Rita Segato, antropóloga argentina experta en feminismo, y continúa: “el hombre debe ejercer su masculinidad demostrando su virilidad a través de algún tipo de potencia: sexual, bélica, física, económica, intelectual, moral, política”. Con esto se refiere al “mandato de la masculinidad”; los hombres tienen un mandato de masculinidad/potencia y las mujeres uno de moral/virtud, esto conforma un sistema.
Los medios e instancias dedicadas a denunciar e impartir información y justicia tienen la obligación de hacerlo objetivamente sin este sesgo. El país está pasando por un clima social álgido por decirlo amablemente, la población está atemorizada y se nota que ya no aguanta más. Las redes sociales en este caso sirven como un punto de fuga para la tensión, la presión que está a punto de hacer volar la tapa. México pareciera ser una olla exprés desatendida, cualquier paso en falso y se escapa todo el contenido. Demos gracias a las redes sociales.
Pareciera que en México las instituciones siguen sin entender que están pisando arenas movedizas, no tienen el termómetro del estado de ánimo de la población y cada semana cometen errores de comunicación que dentro de toda la problemática son los menos importantes, pero que suman al hartazgo y furia de la población. No existe la empatía ni un expertise para el tratamiento de los temas. El mal manejo de la comunicación en este caso de la PGJDF solo muestra que detrás hay una mentalidad machista y evidencia que esta instancia no tiene la preparación para el tratamiento de estos casos… ¿entonces cómo impartirá justicia?, como ya sabemos.
Entre jueces, conductores de radio, de TV, gobernadores, políticos, familiares, parejas y muchos personajes más se diluye y normaliza la violencia contra las mujeres, la que termina dejándonos tiradas en una banqueta. Por no ser virtuosas, por alzar la voz, por atrevernos a decir lo que pensamos, por no ceder al miedo, por decir lo que pensamos, por defender el derecho a una vida libre. De eso se trata #SiMeMatan; denuncia el hecho de que cualquiera de nosotras puede morir solo porque sí, por cualquier razón, cualquier razón que justificaría ante la visión machista que lo merecíamos.
Por la mañana del 5 del mayo el procurador de Justicia de la Ciudad de México emitió un mensaje donde dice que los tuits de la PGJDF fueron inapropiados y más tarde otro donde dice que “jamás la conducta, la vida privada o la condición social de una víctima afectará una investigación”. Bien por él, porque ya lo asesoraron; mal porque sabemos que en la realidad no es así, pero por algo se empieza.