El "Signalgate" exhibe a la administración Trump

Redacción Animal Político · 28 de marzo de 2025

El nuevo escándalo del gobierno de Donald Trump comenzó temprano esta semana. El lunes por la mañana el medio The Atlantic publicó una nota de su editor en jefe, el reconocido periodista Jeffrey Goldberg, quien detalló cómo en la primera semana del mes había sido incluido, presumiblemente por error, en un chat privado entre miembros del gabinete trumpista. Debido al error, el reportero conoció de primera mano planes para un ataque militar, que finalmente se cumplió, contra objetivos del grupo “terrorista” hutíes en Yemen.

Tras la publicación de la pieza y conforme avanzaban las horas, el disparate adquirió proporciones épicas al grado de convertirse en tendencia mundial en casi todas las redes sociales. En Estados Unidos medios impresos y electrónicos se regodearon con la falla de seguridad que llegó a ser calificada como “la más grave en la historia del país”

Las reacciones iban de la burla al asombro entre quienes no concebían cómo es que un intercambio en el “muy seguro” servicio de mensajería y telefonía Signal pudo haber llegado a la bandeja de un periodista.

En la charla virtual participaron el vicepresidente JD Vance, cuya carrera primero al Senado y luego a la vicepresidencia, fue patrocinada por los billonarios Peter Thiel y Elon Musk; la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien nunca pudo desprenderse de sus sospechosos nexos con los gobiernos rusos y sirio; el secretario de la Defensa, Peter Hegseth, confirmado de milagro en el cargo y duramente criticado por ser, en lugar de militar activo, un colaborador de Fox News con probado descontrol con su manera de beber y de violentar mujeres, entre otros. Estaban igualmente incluido el secretario de Estado, Marco Rubio; el director de la CIA, John Ratcliffe, y el asesor de Seguridad Nacional, Michael Waltz, al parecer el culpable de haber incluido al periodista en el chat.

Así que Goldberg, en uno de esos milagros que los periodistas siempre esperan les sucedan, leyó sorprendido el intercambio que incluía emojis y donde en una línea del tiempo se detallaba los previos del ataque, y luego los bombardeos en tiempo real, las armas que se utilizaron, el tipo de avión desde el cual se lanzaron proyectiles y el lugar donde cayeron.

Inseguros, fuera de forma, resentidos, novatos, incompetentes, pero siempre altivos y dispuestos a culpar a Joe Biden, a Hillary Clinton y a cualquier otro demócrata que les cruce por la mente, empleados del equipo de Trump -tanto los involucrados en el Signalgate, como otros que no- salieron con un plan muy cuestionado a realizar una gira de control de daños que, en lugar de restaurar la confianza, atizó más los incendios que arrasaban la pradera.

Gabbard, Radcliffe, Watz y Kash Patel, director del FBI —otro de los que fue milagrosamente confirmado y quien en los años previos solía aparecer en podcast de la ultraderecha defendiendo teorías de la conspiración—, acudieron el martes a una audiencia en el Senado estadounidense. La estrategia, pese a la clara evidencia, fue la misma: negarlo todo. “No hay fuentes, métodos, locaciones o planes de guerra que hayamos compartido”, dijo Gabbard. “No se discutieron planes de guerra”, repitió en otro foro el presidente de la cámara, el republicano Mike Johnson. “Lo hemos dicho todo el tiempo, no se discutieron planes de guerra”, secundó la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. “¡No se discutieron planes de guerra!”, dijo muy molesto a reporteros el propio secretario Hegseth en Hawai.

En su pieza del lunes en Atlantic, Goldberg se limitó a describir el hecho y mostrar partes del chat. Pero luego de que el mismo lunes fuera criticado por Trump y miembros de su equipo, el martes publicó el intercambio completo.

El tiempo ahora (11:44 et) el clima es favorable. Confirmo con el CENTCOM que tenemos un VAMOS para lanzar la misión”.

12:15 et: F-15 lanza el primer paquete de ataque”.

14:10: Más lanzamiento del F-18. Segundo paquete de ataques”, son algunos de los mensajes enviados por el secretario Hegseth.

El miércoles por la mañana, la negativa de que se hubiera compartido información confidencial se repitió en una audiencia en la Cámara de Representantes, en la que acudieron casi los mismos personajes. Curiosamente, tampoco se presentó el secretario de la Defensa Hegseth, al que evidentemente se busca proteger pues es sobre quien más han llovido las peticiones para que renuncie.

Además de generar montañas de memes, el Signalgate ha dado material a pasto para los guionistas de los talk shows nocturnos que justamente esperan este tipo de tropezones de la clase política para ir construyendo historias y chistes subidos de tono. “Gracias a Dios que eliminamos el DEI (para contratar burócratas). Ahora pueden estar seguros que los idiotas a cargo no fueron elegidos por su raza o género. Fueron elegidos puramente por ser idiotas”, soltó el comediante Jimmy Kimmel en su show que transmite desde Los Ángeles.

Otro que aprovechó el oso fue el también comediante Stephen Colbert, quien durante tres días consecutivos hizo su monólogo de inicio de The Late Show, inspirado en el chat.

Durante los dos recientes meses todos están preocupados diciendo ‘oh, en la Administración Trump son malvados’. No me parece justo, pues creo que también son muy estúpidos”.

¿Cuántas veces debes decir una mentira para que se convierta en verdad?”, hurgó en otra parte de su exposición Jimmy Kimmel, a propósito del nado sincronizado republicano que negaban se hayan compartido planes de guerra. “No soy experto en guerras, pero esos no me parecen planes de paz tampoco”, ironizó Kimmel.

El lunes, minutos después de que The Atlantic pusiera a circular su ahora célebre “La Administración Trump accidentalmente me compartió planes de guerra por mensaje de texto”, el presidente de Estados Unidos fue cuestionado sobre el que su gabinete de seguridad compartiera un chat tan sensible con alguien externo.

“No sé nada al respecto. ¿Dices que ellos tenían qué? Me lo acabas de decir por primera vez”, aceptó ante una reportera. Trump se miraba desconcertado y desinformado.

Para otros muy perspicaces, sin embargo, el Signalgate, que hasta el momento no ha arrojado ningún despido o renuncia, fue un asunto provocado en el más puro estilo de Donald Trump: para mantener entretenida a la opinión pública mientras otros planes más perversos se asoman a la vuelta de la esquina.