blogeditor · 17 de agosto de 2022
Salir a manifestarse importa. Es una forma de decirle a la autoridad, cualquiera que sea, que no ha resuelto alguna problemática, que no se está de acuerdo con una política pública o que no se coincide con alguna decisión tomada. No estar de acuerdo en sociedades llamadas democráticas está bien, es correcto y es el mejor camino que puede existir para el crecimiento y desarrollo de las mismas.
En lo que va del año, miles de personas han salido a manifestarse por calles de todo el mundo; las razones por supuesto son diversas. Se puede protestar contra un mandatario que, pese a haber ganado en las urnas, no es afín con cierto segmento de la sociedad, fenómeno que se da entre otras cosas por los altos porcentajes de abstencionismo que existen en algunas naciones, pero también se pueden tomar las calles para defender cuestiones mucho más vitales, como suele suceder en América Latina o Medio Oriente.
En Estados Unidos de julio a la fecha se han llevado a cabo manifestaciones en diferentes ciudades para exigir al congreso estadounidense una ley que frene la violencia armada y regule el control de armas, luego de diversos tiroteos que se han presentado en diferentes ciudades, como la matanza en Uvalde, Texas, que dejó como saldo a 19 niños y 2 profesores muertos.
En Rusia, las manifestaciones contra la guerra de Ucrania no han parado desde marzo de este año y miles de personas han sufrido multas generosas o penas de cárcel por mostrar su rechazo a la ofensiva.
En Londres, en las últimas semanas, manifestantes bloquearon las principales autopistas de Gran Bretaña como protesta por el aumento del precio de la gasolina, ocasionado a raíz del conflicto en Ucrania.
Hace solo unos días, en Afganistán miles de mujeres afganas salieron a las calles para reclamar que se les devuelvan sus derechos al trabajo y a la educación, los cuales les fueron cancelados desde la toma del gobierno talibán en el 2021 porque “no coinciden” con las prácticas religiosas y culturales de la sociedad musulmana.
En México en lo que va del año se han registrado diversas manifestaciones en prácticamente todo el país por diversas razones, una de las principales es la de madres y familiares de mujeres desaparecidas. Su principal exigencia es solicitar los avances en las investigaciones.
Pero ¿las protestas tienen un impacto real en las sociedades?
Yo considero que sí. Por supuesto habría que aclarar que definitivamente las legislaciones no cambiarán de un día para otro después de una protesta y esto quizá se sienta como una pérdida de tiempo o un fracaso en las sociedades modernas acostumbradas a la gratificación o recompensa inmediata. Sin embargo, salir a manifestarse y convivir con las masas otorga poder a esas personas en ese momento específico.
Una manifestación además visibiliza cierta problemática o hace más clara la inacción del gobierno y esto permite que las voces que protestan sean escuchadas por otros, se transmite un mensaje poderoso y esto puede generar que se adopte por otras personas y se replique en diferentes espacios.
Al manifestarse se ejerce el derecho a la libertad de expresión, esto hace que las sociedades estén un poco más cerca de la participación social y se abre la puerta a que sean ciudadanías más activas y comprometidas con temas sociales diversos.
Por supuesto también existen formas diferentes de manifestación social, salir a las calles no es la única, pero sigue siendo la más común y con ella se acompañan diversas expresiones, como las famosas pintas a monumentos históricos, como ha sucedido con las marchas en contra de la violencia contra las mujeres que se han desarrollado en todo el país en los últimos años.
Realizar pintas a monumentos históricos ha generado un debate entre la sociedad. Hay quienes dicen que se trata de vandalismo, pues los monumentos deben permanecer intocados y ser vistos como símbolos de momentos históricos diversos. Sin embargo, algunas otras voces de historiadores, sociólogos y artistas visuales indican -como diría Carlos Monsiváis- que “los monumentos son adornos urbanos, objetos de simbolismo social y político inmediato y, en cierta manera, obras de arte frecuentemente fallidas en el largo plazo”. Bajo este pensamiento se estima que pueden resignificarse de acuerdo con el momento social y político en que se encuentren, pueden servir de lienzo para evidenciar la inacción del Estado. Entonces, las pintas suelen ser, casi siempre, un grito desesperado por un problema que ha sido desatendido por sexenios y sexenios en México como lo es la violencia contra las mujeres.
La música es otra forma de manifestación social y muchas veces ha sido sometida a censura por considerarse subversiva y con un efecto agitador, pues como el rock, puede alcanzar niveles de masificación y propagación mayores a cualquier otra expresión cultural.
Entonces cada manifestación social, tanto las que ya existen, como las que vendrán en el futuro, sirven y servirán a propósitos diferentes y aunque, como señala Judith Butler en su libro Sin Miedo, “algunas demandas políticas suenan como puro ruido a los oídos de aquellos a quienes van dirigidas”, vale la pena seguir haciendo ruido porque sin duda tiene un potencial político y emocional poderoso para las sociedades.
* Claudia Bravo (@ClauBravo1) es comunicóloga por la UNAM y cuenta con estudios en Comunicación Institucional y Diseño de Campañas por el Instituto de Investigaciones Sociales también de la UNAM. Curiosa y muy observadora. Es estratega Sr. en LEXIA y dedica su tiempo libre a buscar lugares nuevos para correr o leer.