¿Por qué siempre tenemos que perder? (Parte 2)

blogeditor · 18 de agosto de 2016

¿Por qué siempre tenemos que perder? (Parte 2)

Por: Martín del Palacio (@martindelp)

En el momento de escribir estas líneas, México se mantiene con sólo una medalla en su haber. Quedan pocas esperanzas sólidas ya y los resultados de la delegación parecen seguir el camino de los desastres de Barcelona y Atlanta, donde México ganó sólo una presea.

En realidad, “desastre” es una palabra relativa. Nuestro país jamás ha sido potencia olímpica. Londres 2012, donde se ganaron siete medallas, fue una muy honrosa excepción. Antes de esos Juegos,  se habían ganado 4 en Pekín y 3 en Atenas. México ha ganado, en total, 62 medallas en 20 participaciones, un total de 3.1 por evento.

¿Por qué siempre tenemos que perder entonces? Ayer describí, en pocas palabras, el desastre de corrupción, malos manejos y grupos de poder que lastra al deporte en el país, pero tampoco es que, sin ellos, sería una potencia; su crecimiento está lastrado por sus condiciones económicas.

Si se da una ojeada a la tabla de medallas de la competencia hasta ahora, se puede encontrar que los 10 primeros lugares están ocupados por potencias mundiales, económicas o políticas. De entre ellas, sólo Rusia y China están por debajo de los 60 primeros lugares en la lista PIB per cápita a nivel mundial, pero ambos países cuentan con abundantes recursos y un sistema de estado para obtener resultados por todos los medios posibles.

De hecho, el PIB per cápita es un muy buen indicador (aunque no perfecto) de los resultados en Juegos Olímpicos, siempre y cuando hablemos de países más o menos grandes.

México ocupa, en este momento, el lugar 64. Veamos qué países están más o menos en ese nivel. Un escalón arriba está Líbano, con 0 medallas; uno abajo, Kazajstán que sorprende con 11 preseas; dos escalones arriba, Libia no se ha estrenado en el medallero, pero dos abajo, Argentina tiene 3.

Y así podemos seguir. Gabón, Turquía, Malasia, Mauricio. Países que no son, ni serán potencia mundial deportiva jamás. Nuestros deportistas están esencialmente en el lugar que les corresponde.

Hay, sin embargo, algunas excepciones, que vale la pena analizar. En el lugar 12 del medallero está Hungría, con 13 medallas, 90% de ellas entregadas por tres disciplinas: natación, esgrima y remo. Uno más abajo aparece Kenia, con 7 preseas, todas ellas ganadas en carreras de fondo.

Ya habíamos hablado de Kazajstán, que como sus primos rusos tienen un programa deportivo de estado que viene de los tiempos soviéticos, pero que, aún así, acumula sus medallas casi exclusivamente en halterofilia, judo y boxeo. Y por último, Jamaica, vigésimo en el medallero, con sus 5 preseas provenientes de la velocidad.

El patrón está claro. Esos países han sabido especializarse en las disciplinas que más posibilidades les dan de victoria. México lo ha intentado, pero quizá no ha elegido bien. El tiro con arco es totalmente dominado por Corea del Sur y los clavados por China. Otras disciplinas otrora exitosas han sido abandonadas, como la caminata, y unas más, como el boxeo amateur, languidecen por la corrupción de sus directivos.

A eso hay que sumarles que ninguna de esas disciplinas son populares en México. En Jamaica, el país se paraliza por los trials anuales de atletismo de las preparatorias. En Kenia todo el mundo conoce y emula a sus fondistas. En Argentina los clubes de barrio suman voleibol y basquetbol al fútbol, y una región entera –Tandil– se especializa en sacar a sus mejores tenistas. En nuestro país vivimos por el balompié, y después nos gusta el box (profesional), el beisbol y la NFL, ninguna de las cuales es disciplina olímpica.

Además, hay que sumarle la epidemia de sobrepeso que vive el país, que no parece abatir la falta de instalaciones para practicar deportes que no sean fútbol y la inseguridad que impide a los niños salir a la calle a jugar. México no pierde por falta de mentalidad o de “huevos”, como se piensa, sino que las condiciones impiden generar talento. Es así de fácil.

Por supuesto, se puede mejorar. Colombia, con cuatro medallas hasta ahora, lo ha hecho, en condiciones similares a las nuestras, pero hace falta un manejo transparente y una política conjunta de trabajo que incluya a autoridades gubernamentales, olímpicas e iniciativa privada. Una utopía por el momento, pero que no debería ser tan difícil si hay voluntad.

En mi texto de mañana daré algunas sugerencias sobre cómo se podría llegar a ese gran pacto.

 

* Martín del Palacio es periodista mexicano radicado en España. Fue editor en jefe de La Afición y Excélsior Deportes. Actualmente publica para varios medios internacionales. Puedes seguir a Martín en Twitter o Facebook.