¿Por qué siempre tenemos que perder? (Parte 1)

blogeditor · 17 de agosto de 2016

Por: Martín del Palacio (@martindelp)

Mientras escribo estas líneas, Rommel Pacheco hace un harakiri al que los mexicanos estamos acostumbrados. Favorito para conseguir medallas, falla terriblemente sus primeros dos clavados y se queda sin posibilidad alguna. Al final, termina en séptimo lugar. Inmediatamente, las redes sociales estallaron con la obvia rabia y la consabida pregunta de Fernando Marcos, ¿por qué siempre nos tiene que pasar a nosotros?

No cabe duda de que los resultados han estado por debajo de lo que uno podría esperar en un país del tamaño y las posibilidades de México. Las razones son muchas y diversas. Pero la más importante es la falta de atletas de élite. Si falla un chino, siempre hay otro para ganar medalla, lo mismo en Rusia o en Estados Unidos. Nosotros normalmente tenemos un candidato por deporte, que lleva a cuestas los sueños de millones. Si se equivoca, se acabó, tragedia popular.

¿Por qué no tenemos suficientes atletas de primer nivel? Voy a dedicar este artículo y el siguiente para explicarlo y comenzaré por lo que más coraje nos da y lo que realmente se podría cambiar, el sistema que enmarca el deporte de élite en México.

Para hacerlo, tomaré como ejemplo precisamente la única medalla que se ha conseguido, la de boxeo.

En el momento en que Misael Rodríguez fue declarado ganador ayer, salieron innumerables tweets (incluido el mío), pidiendo que distintos dirigentes no se colgaran de la medalla. Tienen razón y, para crédito de todos, nadie lo hizo, con una excepción, la peor, el presidente de la Federación Mexicana de Boxeo, Ricardo Contreras.

Se trata del típico cacique deportivo mexicano. Que nunca se ha preocupado más que de sí mismo y que se aprovecha de un sistema hecho para el robo y la corrupción.

Contreras llegó a la presidencia de la Federación Mexicana de Boxeo en 1992. Desde entonces no ha parado de reelegirse, sin oposición. ¿Por qué? El sistema con el que operan las mayoría de las federaciones mexicanas es digno de escándalo. El dirigente máximo es votado por los representantes de las Asociaciones de cada estado. En consecuencia, es facilísimo asegurarse sus votos, cuestión de pasarles una corta feria durante cuatro años y a la hora de las elecciones, ¡magia!

La perversión, además, no termina ahí. Las Federaciones son entes autónomos, que sólo dependen del Comité Olímpico Mexicano. En consecuencia, no deben rendir cuentas a nadie. Si uno es el presidente y no tiene mucha ética, no hay persona alguna que pueda evitar el enriquecimiento ilícito. Y mucho menos en el caso del COM, que opera bajo exactamente el mismo sistema pero a mayor escala.

Cuando Contreras llegó a la FMB, México había obtenido 11 medallas olímpicas en boxeo; durante su gestión de un cuarto de siglo se han añadido sólo dos más, ambas de bronce, y en ambos casos con una descalificación de un rival de por medio, un saldo vergonzoso para un deporte que, en ese periodo, ha dado más de 80 campeones mundiales en el ámbito profesional.

Pocos minutos después de que Rodríguez asegurara su medalla, muchos periodistas recordaron que él había sido uno de los boxeadores que habían salido a “botear” al transporte público con el fin de conseguir recursos para su preparación rumbo a Río. En aquella manifestación sostenían un letrero culpando a la CONADE por haberle quitado los fondos a la FMB.

En efecto, la CONADE decidió suspender toda entrega de dinero, pero lo hizo porque detectó enormes irregularidades en una auditoría realizada a la Federación. Como respuesta, y a modo de chantaje, Contreras sacó a sus peleadores a pedir limosna. El juego duró un día, en el que recaudaron la suma de 250 pesos.

A final de cuentas, los peleadores recibieron el dinero directamente (como varios otros atletas de otras Federaciones a quienes se había cortado el presupuesto), pero el problema duró 6 meses y la preparación se vio obviamente afectada. Que, bajo este esquema, los atletas mexicanos ganen algunas medallas resulta francamente asombroso.

Hoy Contreras celebra el triunfo porque sabe que le asegura más años de utilizar a los deportistas para sus propios fines. Quizá incluso asegurarse un patrocinador para que entre más dinero, que no tendrá que justificar ante nadie. El sistema vuelve a rendir sus frutos para quienes hacen que funcione.

No es, por supuesto, la única Federación en el que abundan la corrupción y los malos manejos. El sistema es el mismo para todas, así que hay muchos que aprovechan. Hay muchos más ejemplos de situaciones patéticas en el deporte mexicano. Y también del lado de la Conade hay cola que pisar –este texto no intenta defender a su dirigente Alfredo Castillo, cuyos comportamientos en los Juegos Olímpicos han ido de lo ridículo a lo patético-.

La idea era mostrar el horrendo marco que tienen que sobrevivir los deportistas mexicanos para llegar a la élite. Suelen hacerlo a pesar de los mismos dirigentes que se llenan los bolsillos y paran el cuello por victorias que no sólo no son suyas sino en la que no tienen el más mínimo merecimiento.

Mañana explicaré otras razones, menos culturales, por las que los mexicanos no suelen ganar medallas en los Juegos Olímpicos.

 

* Martín del Palacio es periodista mexicano radicado en España. Fue editor en jefe de La Afición y Excélsior Deportes. Actualmente publica para varios medios internacionales. Puedes seguir a Martín en Twitter o Facebook.