blogeditor · 11 de diciembre de 2015
Estimado Luis,
Sé que el título de este texto generará molestia en muchos pero trataré de justificarlo. El intercambio de ideas que estamos teniendo me parece estimulante además de muy interesante. Nuestras posiciones se han ido acercando pero al parecer encuentran un punto divergente, uno no menor, de hecho el centro de esta discusión. Sobre él es que quiero debatir ahora.
Sí, sostengo que la violencia es la última, y no deseada, herramienta para detener algunos tipos de violencia. Incluso el preámbulo de la carta de Naciones Unidas afirma que “…no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común”. Ese interés común es lo que tendríamos que discutir. Evidentemente no debe tratarse de intereses económicos y políticos, mucho menos divinos, el interés es el de preservar la paz, la dignidad y la vida de las personas, la utilización de la fuerza es la última opción. La discusión de la verdad divina quedó superada hace siglos, no podemos aceptar que ninguna idea divina pase por encima de la vida de las personas. Sí, este es un nuevo dogma en sí mismo. La única manera en la que podría ser válido tu argumento es que Dios mismo se presentara y justificara su caso, en este supuesto aceptaría una discusión con él y no con sus supuestos representantes. La relativización absoluta del bien y el mal genera fácilmente excesos y omisiones de las que hemos cometido por miles en la historia. Repito, nada por sobre la vida y dignidad de las personas, aunque sea dogmático, es civilizatorio.
[contextly_sidebar id=”awjQATCXAZqwzT4sfJcySIzpaeocdM1A”]Reitero, la violencia solo cuando sea la última y única opción, y solo contra aquellos a los que no se pueda controlar de otra forma o llevar a una mesa de diálogo ya que su objetivo es la destrucción de los diferentes, no aceptan puntos intermedios. El Jemer Rojo no aceptaría la muerte de solo algunos opositores a su doctrina, ISIS (Daesh) no estaría dispuesto a perdonar a algunos herejes, el Imperio Otomano no negociaría la permanencia de población armenia en Anatolia del Este, para el nazismo la erradicación universal de los considerados inferiores no estaba a discusión, incluso en etapas finales de la guerra se priorizó el asesinato antes que los objetivos militares, el mismo testamento de Hitler hace referencia al “trabajo” que quedó pendiente.
Me parece que la falla de tu argumento radica en las magnitudes, en las perversiones. No, no es lo mismo Auschwitz que Nagasaki o Dresde. Incluso Hiroshima puede justificarse bajo el argumento de que una invasión aliada a Japón, debido a su negativa a rendirse, hubiese costado muchísimas más víctimas en ambos bandos. No es lo mismo el bombardeo aliado sobre Serbia que el genocidio de Srebrenica. Con esto no justifico los excesos de la violencia, Dresde no debió haber sido bombardeada, la segunda bomba atómica no debió haber sido lanzada y estos casos debieron haber sido juzgados, pero la fuerza contundente sobre la Alemania nazi o la Serbia genocida era necesaria.
Afirmas en tu texto, querido Luis, que debió negociarse con los nazis. ¿No fue suficiente negociación la aceptación de la anexión de Austria y la Conferencia de Múnich? ¿Se debió seguir utilizando medios pacíficos después de la invasión de casi toda Europa y la puesta en marcha de la Solución final? No, la fuerza era necesaria, era la única opción y era moralmente aceptable. No me avergüenzo ni desmarco de ella, en todo caso me avergüenzo del género humano, me avergüenzo de Auschwitz, de los Gulags y del fundamentalismo genocida religioso, pero no de la violencia que los combate, esta incluso nos redime (aquí viene otra oleada de críticas por esta frase). Sí, la violencia, como el amor, puede redimir.
Es por todo esto que la comunidad internacional ha regulado con ciertos principios el uso de la fuerza militar. Se debe distinguir entre civiles y combatientes, entre bienes necesarios para la vida y objetivos militares, los ataques deben buscar el debilitamiento y no deben ser excesivos, más bien deben obedecer a los objetivos de la guerra. Todo exceso debe ser condenado.
El Satyagraha de Gandhi, por desgracia, no es útil en casi ninguno de los casos, no se trata de una estrategia universal. Tampoco lo es el de poner la otra mejilla. Imagino a prisioneros en campos de exterminio o bajo el dominio de Daesh haciendo huelga de hambre para presionar a sus opresores, nada más ridículo. No justifico, como lo planteas, aniquilar por miedo, precaución o venganza, tampoco respaldo la violencia utilitaria, sí lo hago para defender la vida, aunque suene contradictorio. Tu argumento puede sustentarse en un mundo ideal, desgraciadamente no en la realidad.
Tampoco comparto tu llamado final a sentirnos avergonzados de la violencia, ni a tomar distancia moral de ella. Por el contrario, sabiendo lo que es el ser humano, con la historia en la mano, afirmo que es moralmente aceptable la violencia contra los genocidas, siempre y cuando no haya otra opción (casi nunca la hay).
Querido amigo, al parecer la historia y hechos recientes nos obligan a reflexionar ante el horror, a entender quiénes somos, a recordar a las víctimas, a callar ante el fracaso, a buscar salidas, a escuchar con dolor la Novena Sinfonía de Mahler en la que el autor anunció la muerte total, aquella muerte que irrumpía con el siglo XX.