blogeditor · 17 de marzo de 2022
“Debe ser un orgullo para Pemex, en especial para los técnicos de Pemex. Y desde luego para todos los mexicanos. El precio de la gasolina en México es de los precios más bajos en el mundo. Imagínense que en Estados Unidos cuesta 32 pesos el litro y aquí 22 pesos el litro de gasolina. ¿Por qué? Porque se está rescatando a Pemex, no hay corrupción, hay eficiencia, se está trabajando día y noche”, así presumió el presidente en su visita a la refinería de Dos Bocas en Tabasco que, a pesar de que los precios internacionales del barril de petróleo van al alza por la guerra en Ucrania, en México pagamos muy poco por usar un vehículo.
Es un hecho que la gasolina en nuestro país es relativamente barata. Entonces, nos queda preguntarnos si, como dice el presidente, lo anterior es por el modo en que se administra Pemex hoy en día o si hay algún otro factor que haya propiciado la estabilidad en los precios de las gasolinas. Para responder lo anterior, primero hay que recordar que los precios de las gasolinas son inestables: un día pueden ser muy altos debido a fenómenos internacionales como la guerra entre Rusia y Ucrania, y en otros momentos el precio puede ser muy bajo, como ocurrió cuando tuvimos un encierro extendido para frenar los contagios por COVID-19. Cuando el precio es alto, en México suele implementarse un mecanismo de estabilización que permita que los precios al consumidor bajen: el Estímulo Fiscal a combustibles y gasolinas.
Para entender este Estímulo Fiscal, empecemos por mencionar que cuando compramos gasolinas, además del IVA del 16%, también pagamos el Impuesto Especial sobre la Producción y Servicios (IEPS), un impuesto que, en teoría, grava el consumo de productos con efectos dañinos para la sociedad para desalentar su consumo. Uno de estos productos es la gasolina, la cual tiene montos impositivos por litro en función del tipo del octanaje del combustible, o lo que en lenguaje común es Magna, Premium y Diésel. Para este 2022, el IEPS de cada tipo de combustible es, respectivamente, de 6.12 pesos, de 5.37 y de 6.61.
Sin embargo, las personas no siempre pagamos estos montos porque el Estímulo Fiscal a combustibles y gasolinas así nos lo permite. Este mecanismo tiene su origen en la Reforma Energética de 2013, con la cual se liberaron los precios de los energéticos. Aunque ya existía un subsidio al consumo de gasolinas, se tuvo que diseñar uno nuevo que se adaptara a las condiciones que creó esta Reforma surgida del Pacto por México. Actualmente, el Estímulo Fiscal se calcula por medio de una fórmula que incorpora factores internacionales, costos de la logística de la distribución de combustibles al interior del país e impuestos. Entonces, tenemos que a precios altos del combustible les corresponde un Estímulo alto.
Ahora que conocemos a grandes rasgos cómo funcionan el IEPS y el Estímulo Fiscal y cómo de su interacción surge el precio que vemos en las gasolineras, podemos ver que la gasolina no ha cambiado mucho de precio estas últimas semanas porque se igualó el costo del IEPS Federal al Estímulo Fiscal; en la práctica se suprimió un impuesto. Pero esta vez el Gobierno Federal fue más allá: durante la semana del 12 de marzo se entrega un estímulo complementario de algunos pesos, que tienen el efecto de bajar el precio de mercado de los combustibles y no solo su impuesto; es decir, las y los contribuyentes estamos pagando para que la gasolina sea más barata. Esta acción ha causado revuelo en varios espacios por ser la primera vez que se anula el IEPS y que, además, se “da” dinero a quienes consumen gasolinas.
Al subsidiar el consumo de gasolina a través de estímulos fiscales, el Estado pretende evitar que la inflación crezca, lo que puede tener consecuencias para la recuperación económica de la crisis generada por el COVID-19 y el descontento social. Sobre esto último, recordemos que debido al incremento repentino del precio de los combustibles en México en 2018 se generaron algunos disturbios sociales, un fenómeno que hemos visto en otros países (por ejemplo, los chalecos amarillos de Francia).
Sin embargo, subsidiar el consumo de la gasolina tiene costos significativos: es un instrumento de la política fiscal que afecta las finanzas públicas, beneficia a las personas más ricas y daña el medio ambiente. De acuerdo con la SHCP, es un gasto fiscal regresivo porque solo beneficia de manera directa a aquellas personas con automóvil (según la SHCP, el 20% más rico recibe el 62% del beneficio), y daña al medio ambiente: según ONU Hábitat, los automóviles contribuyen con hasta el 18% de las emisiones de CO2 en el mundo.
Frente a este complejo panorama, ¿vale la pena que el Gobierno Federal continúe con el Estímulo Fiscal? ¿Existen alternativas menos regresivas y dañinas para el medio ambiente? La respuesta a cómo dejar atrás las energías fósiles, al tiempo que se mantiene una baja inflación, es un debate latente que desde nuestra perspectiva debe poner en el centro a los derechos humanos y el impacto de las decisiones económicas en nuestro planeta.
* Emmanuel Ramírez es investigador en el programa de Justicia Fiscal de @FundarMexico.