blogeditor · 23 de diciembre de 2021
Rodrigo Cordera es un colega extraordinario. Además de ser un músico atraído profundamente por las causas sociales y el combate a la desigualdad, es un demócrata convencido de construir una sociedad de derechos a partir de nuestras diferencias, similitudes y (des)acuerdos. Las conversaciones con él sobre el futuro de país que queremos para México pasan por una combinación entre la necesidad urgente de construir comunidad desde lo local hasta formar cuadros en todo el país que entiendan la socialdemocracia, crean en ella y la difundan con fervor hasta lograr un Estado de bienestar y una sociedad más igualitaria. Con él escribo esta semana sobre un proyecto socialdemócrata para México.
Nuestro país por desgracia se caracteriza por una profunda desigualdad entre muchos otros males. Alexander Von Humbolt en su visita por la Nueva España ya calificaba a esta tierra como una de desigualdad y tremenda injusticia. A más de 200 años de su ensayo político, mucho ha cambiado en nuestro país, pero la desigualdad es una constante que lacera a toda nuestra vida pública y nos convierte en una nación divida, discriminatoria e inmersa en una profunda pobreza.
Oxfam nos recuerda que el 10% más rico del país concentra el 64.4% de toda la riqueza del país. Somos un país con grandes riquezas naturales, con el vecino más poderoso del mundo y aunque parezca paradójico, somos una de las 20 economías más importantes del mundo. No existe explicación satisfactoria para justificar el estado de nuestra nación y menos que tengamos a 55.7 millones de personas en niveles de pobreza moderada y extrema.
Los gobiernos de las crisis económicas del siglo XX y de la etapa de la posguerra intentaron resolver la pobreza con teorías neoclásicas de la economía sin considerar las externalidades negativas como la profundización de la desigualdad, la privatización de la provisión de bienes y servicios básicos o estratégicos y otras fallas de mercado que el Estado mexicano no logró atender.
La respuesta al neoliberalismo en algunos países del mundo ha sido el populismo de diversas corrientes. Ya sean Trump, Bolsonaro o Erdogan, populistas de ultra derecha, o sea Maduro, un populista de izquierda autoritaria; o el caso mexicano con un populista pragmático que un día es de izquierda, otro día militarista y el otro evangélico. Los resultados de estos populismos en materia de derechos sociales y de distribución de la riqueza son preocupantes. En Estados Unidos, Trump buscó restar impuestos a los más ricos y eliminar los programas más amplios de protección social del Estado. En México, la pobreza ha crecido con el gobierno de AMLO sin capacidad de brindar una protección social sostenible a quien más lo necesita. Sus seguidores aluden a la pandemia, pero no se puede olvidar que el gobierno de AMLO prefirió sortear la pandemia sin apoyos a personas trabajadoras en edad productiva ni a la clase media ni a pequeños empresarios. Esto provoca una recuperación mucho más lenta y el incremento en la pobreza extrema y moderada observados por CONEVAL.
Y entonces, ¿cómo cambiar el rumbo y hacia dónde?
La socialdemocracia pone en el centro de su programa político acciones encaminadas a alcanzar la igualdad y, por tanto, combatir cualquier tipo de desigualdad: económica, social o de trato que restrinja derechos contra individuos o grupos por razones de sexo, etnia, edad, discapacidad, preferencia sexual o religión. En términos económicos, la concepción del Estado es uno redistributivo que garantiza una base fiscal lo suficientemente amplia como para satisfacer las necesidades básicas de toda la población.
La socialdemocracia se presenta en estos tiempos de incertidumbre como una idea que refresca el debate político. En Alemania, la coalición “semáforo” encabezada por Olaf Sholz del partido socialdemócrata alemán es una buena noticia para los que creemos que es posible alcanzar la justicia social con un buen programa progresista (entendido como la ampliación en el ejercicio de derechos).
En una entrevista para la revista Der Spiegel, Olaf Sholz detalló su visión sobre un gobierno y partido socialdemócrata. Habla de convertir a Alemania en uno industrializado, pero totalmente amigable con el medio ambiente. Habla de vivir en una sociedad de iguales, donde nadie desprecie al otro. Habla de expandir la producción energética y convertirla a eólica y solar. Habla de la incorporación formal de millones de trabajadores a las nuevas industrias de la tecnología e información. También plantea nuevos pactos fiscales de corte progresivo para mejorar la redistribución de la riqueza, pero esa agenda tendrá que ser conciliada y pactada junto con los otros partidos que integran su coalición, en el que entienden el diálogo como la mejor herramienta para la construcción de consensos.
¿Y en México? La socialdemocracia nos obliga a pensar en el futuro con ideas atractivas e innovadoras que son impostergables para lograr una sociedad más justa e igualitaria. Van algunas ideas:
La socialdemocracia no busca desaparecer el capital privado ni desincentivar las inversiones, busca un desarrollo y crecimiento productivo justo que garantice la universalidad en el ejercicio de derechos. Así, los impuestos son el mejor igualador siempre y cuando vayan acompañados de políticas públicas. Eso es la socialdemocracia, tan simple y llano como eso.
Consideramos que el balance entre dos fuerzas tan poderosas como el Estado y el mercado producirían sociedades más justas, con ciudadanos más protegidos y también con un mercado más pujante, menos voraz, y con más oportunidades para todos.