blogeditor · 9 de julio de 2019
Por: Laura M. Ramírez M. (@Laurami0316)
Hace unos días, el presidente López Obrador propuso la desaparición del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (INIFED) (para lo cual se requeriría un cambio legal) y explicó que el dinero que administraba para mantenimiento e infraestructura se entregaría directamente a las escuelas; por tanto, las familias, el o la directora, maestras y maestros, y estudiantes que cursen de quinto de primaria en adelante podrían participar en decidir cómo se utilizará el recurso para la mejora física del plantel.
Con este anuncio surgen una infinidad de dudas y cuestiones: ¿es la mejor opción desaparecer al Instituto y las funciones que realiza en cuanto a asegurar las condiciones físicas de las escuelas?, ¿cómo se hará la entrega de recursos?, ¿cómo serán los espacios para tomar decisiones y quién tendrá la última palabra?, ¿cómo se asegurará que las personas que tomen estas decisiones puedan hacerlo?, si cada escuela define cómo se organizará ¿qué mecanismos de rendición de cuentas se establecerán?, ¿cómo garantizará el Estado que las escuelas sean espacios seguros?
En lo que contamos con la información necesaria para responder a estas cuestiones, quisiera centrarme en un aspecto que desde Mexicanos Primero hemos impulsado y nos parece fundamental: la participación de los estudiantes en las decisiones sobre su propia escuela y educación (ver Tod@s, Mexicanos Primero, 2017). Afirmamos que la participación no es una condición periférica del derecho a aprender, es uno de los componentes centrales para que ese derecho se garantice, siempre enfocada a que las y los estudiantes puedan decir lo que quieren y necesitan para ser la mejor versión de ellos mismos.
Preguntar a niños, niñas y jóvenes (NNJ) cómo quieren que sea su escuela y más allá, debe dar luz a los adultos sobre qué aspectos de la infraestructura, en este caso, podrían promover que aprendan más y mejor. Además, la participación de los estudiantes puede ser un motor importante de desarrollo de habilidades cívicas y democráticas.
El principal riesgo es que sus opiniones terminen siendo relegadas u olvidadas, que su participación sea simulada, manipulada, simbólica o decorativa cuando las escuelas no tienen un marco para la participación efectiva de los estudiantes. Preguntar a los estudiantes y luego no tener en cuenta su opinión será decepcionante para ellas y ellos, lo que tendrá un efecto negativo en su percepción sobre el ejercicio de participación y de hacer escuchar sus opiniones e intereses.
Los espacios de participación no se abren entregando recursos a escuelas, estudiantes y familias, la verdadera participación de niñas, niños y jóvenes necesita:
Debemos asegurar la participación efectiva de NNJ en cada vez más decisiones relacionadas directamente con su derecho a aprender. Pero también debemos garantizar que estos espacios se diseñan e implementan de tal manera que promuevan que los estudiantes sean esos agentes de cambio que pueden y quieren transformar su educación. Demos a los estudiantes lo que necesitan para activarse a favor de su derecho a aprender, de lo contrario, cualquier anuncio es meramente simulación.
* Laura M. Ramírez M. es coordinadora de Participación de Niños, Niñas y Jóvenes en @Mexicanos1o.