¿De qué sexting hablamos?

Contenido Animal Político · 26 de julio de 2016

¿De qué sexting hablamos?

Por: Juan Martín Pérez García (@juanmartinmx)

El reciente debate sobre #sexting nos abre un escenario para reflexionar desde el pensamiento complejo. Resulta pertinente buscar este hashtag en las redes sociales para observar que tiene distintos resultados: imágenes de mujeres y varones jóvenes expresando su desnudez, artículos de opinión temática, ligas a videos porno, texteo machista pidiendo packs, entre otras.

Cada una de las aproximaciones al sexting que encontramos en las redes sociales pueden ser “la punta de la madeja” para desarrollar una reflexión informada, una crítica feroz o un simple comentario despectivo. Y es posible que en todas se tenga algo de razón; es decir, dependerá del marco teórico y nuestro lugar social que nos posicionará frente al tema (¿Obviedad de la obviedad? Sí, pero se nos olvida).

Para algunas personas el sexting es un acto de libertad y expresión de nuestra sexualidad contemporánea. Para otras será la expresión del poder político del cuerpo frente a la moralina judeocristiana. Para otras más, quizás adolescentes, será ‘una prueba de amor’ entregada/exigida para satisfacción machista. Para otros serán sólo ‘buenos pics’ que se intercambian entre pederastas en las redes sociales. Hasta aquí seguimos hablando del mismo tema pero con implicaciones distintas.

El sexting no es el problema, es sólo una expresión de la libertad o dominación que vive la persona. Es decir, no es el mismo sexting de una mujer informada -que desde un espacio de seguridad recrea su cuerpo desnudo en su dispositivo digital (para consumo propio o compartido)- que el sexting de una adolescente, escondida en el baño y atendiendo la exigencia social machista que le demanda entregar su cuerpo como “prueba de amor”. Por ello, para el debate ayuda reconocer desde qué lugar de desigualdad/privilegios hablamos.

El debate sobre sexting tiende a ser adultocéntrico y autorreferencial, por lo que una invitación a repensar públicamente esta práctica se vive como un atentado a la libertad personal (otra obviedad de la obviedad). Sin embargo, es pertinente el llamado a una reflexión cuidadosa para reconocer su impacto en niñas, niños y adolescentes, aun cuando sabemos que decidirán y actuarán por cuenta propia, incluso desde la desinformación y vulnerables a los riesgos.

En años recientes ha ido surgiendo lentamente una nueva institucionalidad y marco legal que permitirá reconocer a niñas, niños y adolescentes como ciudadanas y ciudadanos. Uno de los principios de este enfoque se denomina “autonomía progresiva”. Es decir, que ellas y ellos tienen la libertad de actuar, opinar y decidir sobre lo que consideran mejor, de acuerdo a su nivel de desarrollo y situación individual. La forma en la que gozarán de su derecho a la salud es distinta si es recién nacida, si está en la primera infancia, o en la adolescencia.

Reconociendo que el sexting es una práctica común entre adolescentes que responde a su derecho de elección, libertad de expresión, de consciencia y de acceso a las nuevas tecnologías, es necesario partir del principio de ‘autonomía progresiva’ para garantizar el derecho a decidir de todos y todas las adolescentes sobre su cuerpo y proyectos de vida. También es necesario reconocer que el sexting que sucede entre una relación desigual (frecuentemente con adultos) implica riesgos en el ejercicio de otros derechos como el de intimidad, una vida libre de violencia y a no ser objeto de discriminación, y es obligación del Estado ofrecer información objetiva para que las y los adolescentes decidan libremente sobre esta práctica para prevenir daños a su dignidad personal.

La información sobre riesgos asociados no implica considerarles incapaces, sino ayudarles a identificar las relaciones de desigualdad ocasionadas por la cultura machista. Eso no trasgrede ningún derecho, al contrario, reafirma la responsabilidad informada de todas las acciones que les afectan.

Pensar que una acción preventiva del sexting resulta una violación a los derechos de las y los adolescentes, es tanto como afirmar que la promoción del uso de anticonceptivos va en contra de los derechos sexuales y reproductivos de las personas, lo cual resulta una afirmación parcial. En ambos casos, se les brinda la información que posibilite una toma de decisión consciente y las consecuencias de la misma.

Cualquier esfuerzo de comunicación, principalmente tratándose de los derechos de niñas, niños y adolescentes, es perfectible. Desde la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) hicimos observaciones a la campaña Pensar antes de sextear para evitar una visión adultocéntrica y criminalizante del tema, misma postura que fue expuesta durante el evento de presentación de esta campaña. También destacamos la responsabilidad que tiene el Estado mexicano en desarrollar políticas públicas que afronten la desigualdad y exigencia machista que viven niñas, niños y adolescentes en el ejercicio de su sexualidad.

Celebramos que este tema sea hoy parte de un debate público en medios de comunicación, porque sólo a través del consenso y el intercambio libre de ideas permitirán que logremos el propósito de todas y todos: que niñas, niños y adolescentes ejerzan libremente su derecho a decidir lo mejor para ellas y ellos.

 

* Juan Martín Pérez García es Director Ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (@derechoinfancia).