blogeditor · 18 de noviembre de 2013
Uno escribe ficciones para estar más cerca de la verdad… no sé exactamente donde lo leí, pero es muy cierto.
Las parejas que mantienen relaciones sexuales al menos tres veces por semana aparentan ser diez años más jóvenes.
Y no presumiré porque, como dicen por ahí, por la boca muere el pez, pero sí tengo amigos que superan los 40´s y que sí parecen más jóvenes de la edad que tienen. Lo que me temo es que son muy pocos los que tienen sexo más de tres veces a la semana y muchos los que no llegan ni a una vez, aunque en la frecuencia influye la edad, o eso creía yo.
[contextly_sidebar id=”9fe2ba1f5f95e22733efc367eb9c5015″]Pues no. Por encima de los 40 años la actividad sexual se mantiene con mucha mayor frecuencia de la que pudiera pensarse, según el mayor estudio que se ha hecho sobre la importancia de la actividad sexual, patrocinado por Pfizer.
No sé a ustedes pero a mí esto me entusiasma. De momento, pienso seguir subiendo esa media a ver si llego a los 70 como Sofía Loren.
Dicen los sexólogos que la gente que disfruta de una vida sexual rica continúa llevándola hasta edades avanzadas, a diferencia del declive que se produce en las personas que tienen una vida sexual poco activa.
Y esto tampoco tendrá que ver con la carta que me llegó ayer vía mail donde se me indicaba que no debía romper la cadena sexual: “Sigue la cadena si lo que quieres es sexo hasta saciarte”.
Este mail prometía que esto sucedería a los cuatro días de recibir la mencionada carta, siempre y cuando continuara con la cadena. Ya que la carta debe dar la vuelta al mundo.
Las indicaciones eran que debería hacer diez copias y enviarlas inmediatamente. Advertía: “Esto no es ninguna broma”. “No envíe dinero (como si lo fuera a hacer, ja) envíe copias a personas que necesiten tener sexo antes de 96 horas”.
Claro que el tema sobre este mail fue un más de lo que pensé que sería al comentarlo entre el grupo de amigas en el WhatsApp.
Karla: -claro, un amigo que trabaja en el CEN del PRI y que mandó el mail como se le indicaba, me contó que se le atascó el pene en una máquina simuladora de vagina que compró en una de esas sexshop de la zona rosa y experimentó la serie de orgasmos más larga de su vida. Que después tuvo que acudir al doctor muy apenado para que le desatorara el juguetito es otra historia.
Luisa: -pues no acaban de agarrar a un tipo que intentó llevarse a casa a una prostituta a la fuerza; la policía se lo llevó y cuando registraron su domicilio encontraron fotografías con pornografía. Dicen que él rompió la cadena, y ahora cumple un montonal de años en la cárcel.
Paula: -Eso no es nada, yo me enteré de que en un antro de la condesa una erección incontenible le reventó los pantalones al hijo de un político súper importante, 51 días después de haber interrumpido la cadena. Pero antes de que esto ocurriera una máquina de condones le dio tres por el precio de uno. Me imagino que como premio de consolación.
Lucía: -Pues el amigo de una amiga, que también envió la carta, creyó ver en la calle algo que parecía una moneda. Cuando se agacho a recogerla pasó a su lado una mujer impresionante en minifalda y pudo disfrutar de una vista única. Hoy cuenta que ha sido la experiencia más erótica que haya tenido y que todavía hasta el día de hoy le excita pensar en eso.
Ana: –Mi hermana recibió la carta, pero no se la creyó y la tiró. Nueve días más tarde se le derramó un café ardiendo en la entrepierna.
Miztly: -Y yo también sé de una amiga que rompió con la cadena y a partir de entonces empezaron los problemas, entre otros un herpes genital y diversas enfermedades venéreas que contrajo en sus inútiles intentos de encontrar al hombre perfecto en bares de solteros. Nunca mandó el mail. Finalmente envió las copias y al poco tiempo conoció al amor de su vida.
Ya eran muchas opiniones, muchas anécdotas, así que mi curiosidad me llevó a leer en el Internet sobre el caso de un empleado de la Profeco que se envió la carta a si mismo cinco mil veces por correo electrónico el mismo día. Estando en la sala de computación una extraña mujer se le acercó por detrás, le mordió una oreja y le echo mano al paquete. El comprensible sobresalto le hizo tropezar con unos cables mientras lanzaba un grito. Al intentar frenar la caída agarrándose a una computadora cercana, la saliva que le había salido de la boca (al gritar) se introdujo hasta las profundidades más recónditas de la computadora, y los tres (estudiante, extraña mujer y computadora) experimentaron un ciber-orgasmo simultáneo de intensidad exponencial antes de explotar convirtiéndose en una nube de datos humeantes.
Está claro que la imaginación no sólo de mis amigas como de lo que se escribe en Internet sobrepasa mi imaginación, así que no dudaré en enviar el mail y no romper con la cadena, no vaya a ser…
Por lo pronto el día de hoy termina el Buen Fin y yo me pregunto cuántos no compramos chucherías para enriquecer nuestra vida sexual y si hubo el caso, ¿cuál fue el descuento?
Jajaja, fue una pregunta muy estúpida como para terminar mi post. Lo que deseaba era enfatizar el despilfarro que muchos cometieron este fin de semana gastando quincena y aguinaldos en cosas tan efímeras como el humo, pero como decía mi abuelita: todos los días hay que aprender a mirar el sol. Amar de nuevo lo viejo. Despilfarrar la alegría en un archivo de Word.Y confiar, como sea…
Muy adecuado el siguiente cortometraje con respecto a las compras de “El buen fin”. Nos leemos en la próxima.