blogeditor · 14 de julio de 2014
El ferry MV Sewol, durante su trayecto por costas sudcoreanas el 16 de abril 2014, llevaba jóvenes rumbo a una excursión vacacional de la Escuela Secundaria Danwon, en la ciudad de Anwan. Partió del puerto de Incheon hacia el balneario de Jeju; empezó a hacer agua, por la deficiente distribución del peso que llevaba en sus entrañas, y se hundió sin que existiera razón externa –el clima, o un mar embravecida- que lo justificara. Las aguas estaban quietas, sin ningún reporte de tormenta que hubiesen comprometido el equilibrio de la nave.
La nave llevaba el doble permitido de carga y recibió de forma ilegal su licencia de operación, algo demasiado común –prácticamente, lo normal- en México. La tragedia subsecuente -por demás evitable- movilizó a la opinión pública coreana. También generó un examen de conciencia nacional, que aún no termina.
La principal causante del hundimiento parece ser la actitud criminal de la tripulación. Se levantaron cargos contra quince de sus integrantes y tuvo que renunciar del Primer Ministro, como responsable último de la tragedia, en virtud de la paupérrima reacción gubernamental.
Las cifras son contundentes. Casi trescientas personas murieron ahogadas, en su mayoría jóvenes que iban de excursión escolar. Al tiempo que el barco se hundía en aguas del Pacífico, las instrucciones transmitidas por los altavoces eran que los pasajeros debían permanecer en sus lugares, en vez de subir a cubierta.
Los análisis que buscan descubrir el origen del hundimiento menciona ‘las ganancias por encima de la seguridad’. Esto suena familiar en México, donde los dueños de la estancia infantil que se incendió en Hermosillo pensaron en los mismos términos. Como en el caso de la Guardería ABC, en el Sewol se evitó la implementación de protocolos de seguridad para minimizar el daño.
[contextly_sidebar id=”jpn02jKe2nEUHcrHHy89d5EO0W2ytfV2″]La policía coreana anda tras las huellas del prófugo multimillonario Yoo Byung-eun, presunto dueño de la embarcación y miembro de una secta o culto religioso que ha prometido protegerlo, escondiéndolo incluso de la acción de la justicia. Por vía de contraste, acá en México los dueños de la Guardería –cuando menos, dos de ellos- obtuvieron absolución plena del poder judicial y en su calidad de representantes de la alta sociedad hermosillense, acostumbran aparecer en secciones sociales de periódicos y revistas locales como si nada hubiera pasado ese fatídico cinco de junio de 2009.
El gobierno coreano ha tenido que tomarse muy en serio la resolución del caso, y -hasta el momento, al menos- parece decidido a actuar en consecuencia. Ya fincó responsabilidades precisas; en un sano ejercicio de autocrítica, extendió disculpas oficiales a las familias afectadas y a la sociedad en su conjunto. Busca también, o cuando menos es de esperarse, que haga lo posible para que un incidente como éste no vuelva a repetirse.












¿Cómo se compara el compromiso de gobierno y sociedad en Corea del Sur, con lo que sucede a raíz del incendio de la Guardería ABC en México? Aquí reina, como desde el principio, la impunidad absoluta. El contraste no podría ser mayor. Aquí, como se ha dicho hasta el hartazgo, cuando menos tres responsables políticos de la tragedia gozan de cabal salud institucional y dos de ellos (los senadores en funciones Ernesto Gándara Camou o Claudia Pavlovic Arellano) podrían gobernar Sonora si el PRI postula a cualquiera de ellos -como es altamente probable- para las elecciones de 2015. Gándara era el presidente municipal de Hermosillo cuando se suscitó el incendio y por consiguiente era directamente responsable de protección civil durante el incendio. Pavlovich se ‘limitó’ a recomendar efusivamente a los dueños de la estancia infantil, mediante una misiva enviada para tal efecto ante el juez que llevaba la causa. Otro funcionario y actual diputado del Congreso en ese estado se llama Abel Murrieta Gutiérrez. Él fungió como procurador estatal, empeñado en hacer mal su trabajo durante las investigaciones sobre las causas y responsables del incendio en el que murieron cuarenta y nueve niños, y decenas más sufrieron lesiones de toda especie.
El capitán del Sewol intentó en su momento huir junto con algunos otros miembros de su tripulación, de acuerdo a la fiscalía investigadora. Una vez más, de las investigaciones se desprende que después de una remodelación indebida para incrementar su capacidad, su nave zarpó el 16 de abril excesivamente sobrecargado y sin suficiente agua en los tanques de lastre como para mantener al barco en equilibrio.
No es un hecho aislado. El caso del Costa Concordia, crucero que por culpa del capitán Francesco Schettino y el primer oficial Ciro Ambrosio, encalló en la isla italiana de Giglio el de enero de 2012, ocasionando la muerte de treinta y dos personas, demuestra que la irresponsabilidad en temas de protección civil trasciende las fronteras.
Pero aquí en México, la autoridad se especializa en ultrajar aún más a las víctimas directas de sucesos como el incendio en Hermosillo, y a las familias principalmente agraviadas.
Ni Estela Báez ni su esposo Julio Márquez, ambos padres de Julio César Jr., conocido como Yeyé, han recibido buenas noticias de parte del gobierno de Enrique Peña Nieto. Ella iniciará una huelga de hambre a partir del 19 de julio próximo, en la Ciudad de México. Así lo anunció el cinco de junio pasado, en el Zócalo de la Ciudad de México, durante el discurso que pronunció para conmemorar el quinto aniversario de la tragedia. Comprometerá su salud para que se atienda, de una buena vez, una profunda herida que permanece ignorada a más de cinco años de este crimen sin castigo. Esto, a pesar del compromiso explícito del candidato Enrique Peña Nieto durante una gira por Sonora el 19 de junio de 2012, frente a papás y mamás de la Guardería, de que las víctimas del incendio serían una de las principales prioridades de su gobierno.
Corea del Sur y México. Dos gobiernos y sociedades que enfrentan de formas diametralmente opuestas dos crisis y pérdidas irreparables; que pudieron ambas –sin ninguna duda- evitarse. Y que no deberían volver a suceder en el futuro.