Redacción Animal Político · 26 de enero de 2024
Al ser un fenómeno complejo, la discriminación requiere de un tratamiento multidisciplinario para entenderla y abordarla con soluciones óptimas. Conocemos una gran variedad de investigaciones que se han hecho desde el campo jurídico o de la sociología, entre otras disciplinas, pero en esta ocasión, echaremos mano de la Psicología para entender qué son los sesgos cognitivos y cómo estos pueden llevarnos a tener conductas discriminatorias hacia otras personas y grupos de población.
La discriminación es un fenómeno que también se puede estudiar a nivel cognitivo (procesamiento mental de la información). Nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para procesar la gran cantidad de información a la que está constantemente expuesto. Al mismo tiempo, está tratando de hacer categorías para que todas las cosas que se le presentan, tengan coherencia y orden. Para ayudarse en esta tarea, hace uso de estrategias, reglas o atajos que le permiten procesar la información y, con esto, tomar decisiones de forma más rápida, aunque no siempre acertada. Estas estrategias se llaman heurísticas y fueron estudiadas en la década de los setenta, por los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky, y sus investigaciones al respecto están plasmadas en el libro «Pensar rápido, pensar despacio», publicado en 2011.
Ahora bien, esas heurísticas se basan en experiencias propias, creencias, emociones o intuiciones y, generalmente, nos son útiles en las decisiones comunes de la vida diaria, pero en otros momentos podemos hacer simplificaciones o generalizaciones erróneas. A esos errores sistemáticos se les llama sesgos cognitivos.
Si bien el estudio de los sesgos se originó en la investigación sobre cómo las personas toman decisiones y cómo este proceso no es tan racional como la economía clásica suponía, estos errores también pueden ayudarnos a explicar la formación de prejuicios y estereotipos hacia las personas o grupos de población, considerando que se fundan en suposiciones y en información incompleta. Las teorías que explican la formación de estas ideas preconcebidas apuntan a un legado evolutivo que, en su momento, les fue útil a los grupos para sobrevivir frente a otros grupos distintos. No obstante, con el crecimiento en número de personas de los grupos y el establecimiento de sociedades con valores y reglas morales, las dinámicas de convivencia cambiaron, aunque subsistieron los prejuicios.
El Instituto sobre Percepción (2019) hace una distinción entre los sesgos implícitos y los explícitos. Los primeros se refieren a aquellos que se presentan aun y cuando las personas no son conscientes de tenerlos o expresarlos hacia ciertos grupos. Por ejemplo, existen estudios que señalan que las personas blancas estadounidenses asocian la criminalidad con las personas afrodescendientes, sin darse cuenta de dicha asociación. Los sesgos explícitos se dan cuando las actitudes negativas hacia ciertos grupos son conscientes y, de acuerdo al Instituto, se debe a que las personas perciben que su seguridad o bienestar está siendo amenazado. Por ejemplo, en el desarrollo de la pandemia de COVID aumentaron las expresiones de desprecio por las personas de origen asiático, al asociar a las personas asiaticodescendientes como “culpables” de propagar la enfermedad que tuvo su origen en una ciudad en China.
En la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022, el 33.9 % de la población de 18 años y más estuvo de acuerdo con la frase “Los pobres se esfuerzan poco por salir de su pobreza”. Asimismo, el 28.7 % aseguró que “Convivir con personas con SIDA o VIH siempre es un riesgo”. El 24.3 % señaló que “Cuando se pierde algo en una casa, generalmente es culpa de la empleada doméstica”. Estos son ejemplos de juicios que se emiten sin contar con información verídica, científica o precisa, pero que pueden estar influenciados por elementos que se observan en las redes sociodigitales, en la televisión, en la radio o que son temas de conversación en las pláticas familiares o con amigos y que apelan a una reflexión emocional o intuitiva, más que una racional. Incluso pueden ser ideas que se nos han inculcado desde la niñez y que se refuerzan en nuestros círculos sociales.
En 2018 se llevó a cabo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el 1er coloquio sobre «Discriminación, sesgos cognitivos y derechos humanos», en donde se reunieron a exponentes nacionales e internacionales de sectores académicos, artísticos, tecnológicos y del activismo social que expusieron sus ideas sobre la relación de los sesgos cognitivos y la violación de los derechos humanos de los grupos históricamente discriminados. Los hallazgos y reflexiones que surgieron de este ejercicio se encuentran plasmados en el libro «Discriminación, sesgos cognitivos y derechos humanos: Perspectivas y debates transdisciplinarios» (2022), coordinado por la Mtra. Alexandra Aguilar Bellamy, académica de la UNAM.
En esta obra pionera, se abre el debate y espacios donde se promueven la investigación para explorar otras aristas del fenómeno discriminatorio. Tal y como lo dice la Mtra. Aguilar (2022) “Estas investigaciones señalan claramente que los sesgos cognitivos son precursores de decisiones que pueden no solo generar desigualdad sistémica, sino modificar las consideraciones que una persona tiene de otra, debilitando su sentido moral y ético, asumiendo actitudes que pueden justificar la violencia o, por lo menos, hacer que una persona mantenga una actitud pasiva ante ella”.
Más adelante, en 2021, Ana Laura Martínez y César Reséndiz, ambos investigadores del Laboratorio Nacional de Políticas Públicas (LNPP) del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), publicaron el estudio «Inclusión financiera sin discriminación: hacia un protocolo de trato incluyente en sucursales bancarias de México», donde destacan “el papel transversal de estereotipos y prejuicios que operan en el mantenimiento y la operatividad de esquemas discriminatorios” en el sector financiero. En un experimento realizado para medir el trato diferenciado que reciben las personas por su color de piel, encontraron evidencia de que, efectivamente, existe un trato arbitrariamente desigual hacia las personas de un tono de piel oscura que acudieron a solicitar la atención de un ejecutivo bancario, en contraste con las personas con un tono de piel más claro, las cuales recibían un trato más amable y se les ofrecía con mayor frecuencia la apertura de un crédito para pequeñas y medianas empresas. Uno de los hallazgos de este trabajo es que las conductas discriminatorias tienen como consecuencia un bajo nivel de bancarización en México, en comparación con otros países.
Otro caso lo expone el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que en 2023 publicó el informe sobre los hallazgos del Índice de Normas Sociales de Género (INSG), donde se observa la prevalencia de prejuicios que se tienen sobre las mujeres -“La mitad de la población mundial todavía cree que los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres, y más del 40 por ciento opina que los hombres son mejores ejecutivos empresariales”- además, el 25 % de la población considera que está justificado que un hombre golpee a su esposa.
Es cierto que las personas siempre van a tener sesgos y reproducir prejuicios. Sin embargo, el aumento en las investigaciones que se gestan en las ciencias sociales y las ciencias del comportamiento, incorporando una perspectiva de derechos humanos, impulsan el diseño de medidas y políticas públicas que contribuyen a prevenir la presencia y los efectos de los sesgos.
En este sentido, un ejemplo concreto con el cual se evitan estos errores en el campo laboral se da cuando, en procesos de contratación, las áreas de recursos humanos y de selección de personal utilizan currículos “ciegos”, en otras palabras, que no contienen datos como género, edad o fotografía, siendo características que pudieran generar una conducta discriminatoria derivada de un prejuicio. A nivel general, el aprendizaje es una herramienta poderosa, por ello, es importante educar, ya sea mediante procesos de capacitación o campañas de comunicación social, enfocándose, sin duda, a la población en general, pero también a actores clave como las personas del servicio público, impartidoras de justicia, personas que brindan servicios en el sector privado, personal de salud, personal educativo y hasta líderes de opinión.
Con todo lo mencionado en mente, tal vez uno de nuestros propósitos de año nuevo pueda ser pensar dos veces antes de emitir un juicio negativo hacia una persona, ser conscientes de nuestros sesgos y tratar de identificarlos -también- en nuestra esfera social. Nuestro cerebro está siempre aprendiendo cosas y exponernos a nueva información sobre otros grupos de población, sobre otros contextos y realidades, nos ayudará a trabajar nuestros prejuicios y estereotipos. Valoremos la diversidad, siempre en búsqueda de una sociedad más justa e inclusiva.
* Laura Rosales es asesora en la Coordinación de Políticas Públicas y Legislativas del COPRED.
Fuentes:
Aguilar Bellamy, A. (2022). Discriminación, sesgos cognitivos y derechos humanos: Perspectivas y debates transdisciplinarios. Liga de consulta, aquí.
Instituto sobre Percepción (2019). Explicit bias. Fuente de consulta, aquí.
Instituto sobre Percepción (2019). Implicit bias. Fuente de consulta, aquí.
Kahneman, D. (2011). Pensar rápido, pensar despacio. Liga de consulta, aquí.
Martínez, A.L. y Reséndiz, C. (2021). Inclusión financiera sin discriminación: hacia un protocolo de trato incluyente en sucursales bancarias de México. Liga de consulta, aquí.
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2023). Una década de estancamiento: el PNUD presenta nuevos datos que muestran la persistencia de los sesgos de género. Liga de consulta, aquí.
Universidad Nacional Autónoma de México (2018). I Coloquio Universitario sobre discriminación, sesgos cognitivos y derechos humanos. Liga de consulta, aquí.