Salud sin fronteras: ¿de qué va la credencialización del Servicio Universal de Salud?

Rodrigo Gijón · 1 de febrero de 2026

Imagina que cambias de empleo y, con ello, pierdes la certeza sobre a qué institución de salud te corresponde acudir. Asistes a una clínica del IMSS, pero te informan que tu expediente no aparece en el sistema y debes regresar con documentos que acrediten tu afiliación. Pasan los días —o semanas— y la atención médica no llega. Este escenario, frecuente para millones de personas, refleja uno de los problemas estructurales del sistema de salud mexicano que la credencialización del Servicio Universal de Salud busca atender.

El proceso de credencialización, que iniciará en marzo y se extenderá hasta diciembre de 2026, contempla una inversión de 3,500 millones de pesos. Se trata de un esfuerzo para construir infraestructura informacional en un país donde conviven múltiples instituciones de seguridad social, con reglas, padrones y sistemas distintos.

La nueva credencial no funcionará únicamente como identificación. Al vincular a cada persona con un expediente médico electrónico, permitirá dar continuidad a la atención: estudios previos, recetas, historial de consultas y tratamientos estarán disponibles para el personal de salud, independientemente de la unidad médica en la que se atienda el/la paciente. Esta trazabilidad clínica permitirá mejorar la calidad de la atención, especialmente en el caso de personas con enfermedades crónicas que requieren seguimiento permanente.

Datos administrativos como puerta de entrada a la atención

Como todo proyecto de esta magnitud, la credencialización enfrenta retos que conviene reconocer desde el inicio. La inversión en más de 2 mil 300 módulos y cerca de 10 mil estaciones de toma de datos constituye la base de un sistema de salud más moderno, pero también exige una coordinación inédita entre instituciones con naturalezas jurídicas y poblaciones objetivo distintas.

El IMSS atiende a trabajadores del sector privado formal; el ISSSTE, a personas empleadas del Estado, y el IMSS Bienestar, a población sin seguridad social contributiva. La credencial permitirá identificar con claridad dónde corresponde la atención y facilitará la coordinación entre instituciones cuando sea necesario.

Uno de los desafíos centrales será la homologación de los distintos expedientes médicos electrónicos. Cada institución desarrolló sus sistemas en momentos y bajo criterios distintos, sin estándares comunes de interoperabilidad. Lograr que estos sistemas “dialoguen” entre sí será una condición necesaria para que la credencialización cumpla su promesa de simplificar el acceso y no se quede en una capa adicional de burocracia digital.

Protección de datos personales e interoperabilidad

La digitalización del expediente médico implica concentrar información que durante décadas estuvo dispersa en archivos físicos: datos biométricos, historial clínico, estudios médicos y citas programadas. A partir de abril de este año, esta información también estará disponible en versión digital a través de la aplicación MX.

Este nivel de concentración de datos personales sensibles exige mecanismos robustos de protección y ciberseguridad.  Recientemente, la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno abrió 20 investigaciones por la presunta vulneración de datos personales en dependencias públicas y particulares. En ese contexto, centralizar información médica de 126 millones de personas sin garantías robustas de protección puede generar vulnerabilidades y desafíos en el corto y mediano plazo. La credencialización forma parte de un objetivo más amplio de construcción de una identidad digital nacional que facilite el acceso a servicios y trámites, como se plantea en el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030. Para que este objetivo sea sostenible, la confianza ciudadana será tan importante como la infraestructura tecnológica.

Inversión con visión de futuro

La estrategia de credencialización busca intervenir un problema real que radica en la fragmentación administrativa que hoy impide que millones de personas accedan oportunamente a servicios de salud por falta de claridad sobre su derechohabiencia o por la pérdida de sus expedientes al cambiar de institución.

Desde la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS) hemos documentado que la gestión efectiva de prestaciones de salud depende, en buena medida, de la capacidad de identificar, registrar y dar seguimiento continuo a las personas derechohabientes. La inversión en salud digital abre una oportunidad de largo aliento, siempre que logre superar obstáculos persistentes como la falta de infraestructura, los costos de interconexión y la integración entre sistemas.

Además de hospitales, medicamentos y personal médico y de enfermería, México requiere sistemas de información integrados, seguros y sostenibles. En ese sentido, la credencialización que inicia este año puede leerse como un ejercicio de construcción estatal: crear las condiciones materiales e informacionales para que el derecho a la salud deje de ser una aspiración abstracta y se traduzca en atención efectiva.

Miles de personas cambian de empleo cada mes. Otras tantas viven con enfermedades crónicas que requieren atención en distintas unidades médicas. Muchas más buscan atención de urgencia sin saber con certeza a qué institución pertenecen. Para ellas, la credencial representa la posibilidad de acceder a servicios sin barreras administrativas innecesarias.

El éxito del proceso dependerá no solo de la tecnología, sino de la capacidad del Estado para garantizar que esta herramienta cumpla su propósito con reglas claras, protección de datos y coordinación institucional. La credencialización no es una solución en sí misma, pero sí un primer paso necesario para avanzar en la consolidación del sistema universal de salud que México requiere.

 

*Luis Alejandro Estrada (@je_nesaispas) es candidato a doctor en Políticas Públicas por el CIDE; actualmente se desempeña como Especialista en Análisis Cuantitativo y Desigualdades de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social.