Sermones neoliberales

blogeditor · 16 de marzo de 2016

Sermones neoliberales

Por: Ricardo Noguera Solano y Diana Buzo Zarzosa

El neoliberalismo surgió como modelo económico y político, impuesto por el capitalismo a partir de los años ochenta del siglo XX; emergió con mayor fuerza a inicios de los años noventa, con el fin de la guerra fría tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento del campo socialista mundial. Tiene como base el culto a la propiedad privada, la empresa, las leyes del mercado y la prescindencia del estado.

A partir de este modelo neoliberal, a lo largo el siglo XX, se empezó a divulgar una “amenaza” de extinción de la especie humana y la existencia de vida en el planeta. Ello incidió en el surgimiento de nuevos paradigmas en las ciencias encargadas de preservar la vida y la calidad de vida, encaminados a frenar en alguna medida o por lo menos hacer conciencia de la necesidad de mitigar las acciones que conllevan a los efectos negativos de la vida humana sobre el planeta.

A partir de esta conceptualización neoliberal, en 1970 surgió la bioética como ética aplicada a un cada vez más vasto campo de problemas, aquellos generados por el desarrollo social y en particular científico-tecnológico, que de algún modo afectan la vida en el planeta y consecuentemente la vida y el bienestar del ser humano. Por tanto, este paradigma bioético responde a una necesidad objetiva del desarrollo social y de la propia ciencia; de su extensión y consolidación dependerá, en medida considerable la supervivencia y futuro de la humanidad. De manera que, dicho concepto y muchos de sus postulados surgieron en los marcos del capitalismo para responder a sus intereses, particularmente bajo el postulado de una moral inmutable y universal que poco responde a las condiciones actuales.

[contextly_sidebar id=”4nlVGLdDAJUTLYMjUhOzTurjRxRx6rYL”]En el siglo XX el modelo económico neoliberal imperante, en términos mundiales, recibió el nombre de globalización, ya que no es una cuestión meramente económica, sino por el contrario, tiene alcances políticos, culturales e incluso religiosos. De tal manera que podemos ver cómo actores que en el pasado estuvieron tan distanciados como liberales y católicos ó católicos y ortodoxos, hoy están unificados en torno a una defensa del neoliberalismo (moderado o salvaje) usando discursos elaborados con las viejas ideas de una moral inmutable.

Como ejemplo de la convivencia de intereses comunes entre el neoliberalismo y las posturas religiosas tenemos el último viaje de Jorge Mario Bergoglio a Cuba, donde después de casi 1000 años y por una causa común -“la defensa de una moral inmutable”- hicieron las paces ortodoxos y católicos. Dicho viaje puede interpretarse como un viaje de confirmación de una alianza que el estado del Vaticano mantiene con los “estados modernos” alineados al pensamiento neoliberal. Un tipo de pensamiento que no es necesariamente una forma monolítica de pensar, sino que se ha diversificado y es posible hablar de un neoliberalismo a ultranza (que algunos autores denominan capitalismo salvaje [Michael Hogan, Savage Capitalismo and the Myth of Democracy, 2009] o capitalismo depredador y otras posiciones con valores cristianos que podrían considerarse neoliberalismo cristianos, que pretenden, desde su buena voluntad, humanizar al capitalismo.

Así como Karol Wojtyla fue un ferviente defensor del capitalismo, Bergoglio ha mostrado ser un ferviente defensor del neoliberalismo humanizante y defensor de un conjunto de “principios morales cristianos inmutables”, este viaje -que históricamente fue de gran relevancia- lo aprovechó Bergoglio (de manera forzada) para dar muestra de su elocuencia en tierras mexicanas.

En la zona donde nació la idea de “otro mundo es posible” y una de las resistencias mejor organizadas contra el neoliberalismo, Bergoglio fue a reconocer que “de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad”. Y que se les tiene que pedir perdón porque el mundo los necesita; sin duda, necesita a los pueblos indígenas para que reconozcan que “la ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma” y que por lo tanto no tendría por qué plantearse la posibilidad de otro mundo posible.

papa francisco en méxico

No es casualidad que en la visita a Chiapas, resaltara con mayor énfasis su propuesta y reflexión sobre la naturaleza (Laudato si), una propuesta de salvar a la naturaleza, que pasa por reconocer que la raíz de la crisis ecológica es el rechazo de Dios y la exaltación tecnocrática que no reconoce ningún valor.

No podía faltar desde luego el llamado para reconciliar de manera cristiana uno de los elementos más contradictorios del neoliberalismo, la relación patrones-obreros y empleados-empresarios, quienes en voz de Bergoglio: “A primera vista podrían considerarse como antagonistas, pero los une la misma responsabilidad: buscar generar espacios de trabajo digno y verdaderamente útil para la sociedad y especialmente para los jóvenes de esta tierra”.

El representante del Vaticano ha pedido arrepentimiento y conversión -como un mensajero bíblico, similar a Jonás- en su última homilía frente a los graves problemas [miseria, desempleo, violencia, falta de acceso a la educación, deficiencia en los sistemas de salud, narcotráfico, trata de personas, violencia, migración, entre otros], cuestiones que han sido generadas de manera directa e indirecta por diversas políticas neoliberales, impulsadas por diversos políticos mexicanos y apoyada por la élite empresarial y parte de la jerarquía católica, muchos de ellos que gustosamente han convivido y han sido bendecidos por Bergoglio frente a esa encrucijada problemática.

Y poco faltó para que como en Nínive, como cuenta la narrativa bíblica, esa petición se hiciera decreto oficial.

Las palabras de Bergoglio, como dijo un autor griego, han servido para persuadir y para deleitar, no necesariamente para hablar con la verdad, y han dejado emocionada y contenta a una porción del pueblo mexicano con la creencia de que su condición de pobreza y de necesidad hace que en la concreción de su carne se encuentre “la presencia misteriosa y real de Dios”.

Señalamos párrafos arriba que la bioética había nacido como una reflexión necesaria de los males actuales del capitalismo y del neoliberalismo, pero su dominio no puede reducirse a su origen peculiar; es decir, dentro del movimiento contemporáneo de la bioética (y de las reflexiones éticas) hay propuestas abiertas a superar los viejos cimientos morales en torno a dilemas concretos sobre el aborto, la eutanasia, el matrimonio, la conceptualización de la “familia natural”, el consumo de drogas, el uso de la biotecnología, el control de la natalidad, entre mucho otros, y a repensar en la capacidad moral como una característica humana resultado de procesos evolutivos y culturales, siendo en algún sentido un evento contingente que pudo no haber ocurrido, pero ocurrió, y con esa capacidad podemos ser capaces de construir sistemas de valores morales y éticos, que no tienen por qué ser inmutables y universales.

 

* Ricardo Noguera Solano es Profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Diana Buzo Zarzosa es Bióloga Psicoanalista. Ambos son miembros del Programa Universitario de Bioética (@bioeticaunam)