blogeditor · 13 de diciembre de 2021
“Tú representas el imposible de todos. ¡Estamos contigo!”, se lee en la tapa de un lujoso estuche negro. En la parte baja, una medalla dorada. Se trata de la medalla Toyota, otorgada a las voces destacadas de nuestra sociedad. Una mujer radiante la sostiene con orgullo entre sus manos, sabiendo que también ha sido merecedora de la Medalla al mérito de defensoras y defensores de Derechos Humanos que otorga el Congreso de la Ciudad de México.
Con ambos galardones colgando de su cuello y a bordo de una patrulla, para garantizar su vida y seguridad, Kenya Cuevas recorre las calles de la Ciudad de México, en ocasiones organizando brigadas de alimentación para personas en situación de calle, aplicando pruebas rápidas de VIH a trabajadoras sexuales o dando capacitaciones y talleres a las mujeres que habitan “Casa hogar Paola Buenrostro”, el primer Albergue para mujeres trans en América Latina; espacio que fundó en 2019 y que actualmente dirige.
Es de noche. Como desde los 12 años, Kenya junto con sus compañeras esperan encontrar clientes en medio del frío. Un vehículo se aproxima, el conductor ofrece a Kenya doscientos pesos por un servicio, ella lo rechaza. El conductor avanza y aborda a una mujer de piel morena, ella acepta la oferta. Se escucha un estruendo, después unos gritos, tan sólo han transcurrido unos instantes desde que el vehículo avanzó. El 29 de septiembre de 2016, en medio de la noche, Paola Buenrostro, mujer trans de 24 años, fue asesinada.
“Fue una de las noches más largas de mi vida y mira que he vivido de noche”, rememora Kenya. “Estuve parada en la fiscalía, denunciando lo que le hicieron a Paola, nadie me escuchaba. Cuando no me ignoraban, la fiscal me reiteraba que yo era una puta más; ni al baño me dejaron ir”. Esa noche Kenya y sus compañeras vivieron reiterada discriminación por parte del personal ministerial, quien se dirigió a ellas y a Paola en masculino, les negó información sobre la investigación y hasta condiciones dignas para la larga noche de espera en dicha institución.
Han pasado cinco años, es septiembre, a plena luz del día y como resultado de la recomendación 2/2019, producto de la queja que interpuso Kenya en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, ante decenas de mujeres trans y medios de comunicación, por primera vez en la historia, la Fiscal General de Justicia de la Ciudad de México, atendiendo uno de los puntos de la recomendación, acudió a Puente de Alvarado, zona de tolerancia para el trabajo sexual, para dirigir una disculpa a Kenya Cuevas. Entre discursos y aplausos de diversos funcionarios se develó una placa color plata que después fue colocada en el lugar, en memoria de Paola Buenrostro y de las víctimas de violencia hacia la comunidad LGBTTTIQ+.
Dos meses después del acto público, al interior de una silenciosa sala, con una mesa larga al centro y puertas de cristal, se da solemne lectura al plan de medidas de compensación emitidas a favor de Kenya, por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de la Ciudad de México (CEAVI), derivado de la recomendación 2/2019. Al margen del documento resalta un logo: “Ciudad innovadora y de derechos”. Kenya escucha atentamente la lectura del documento, le resuenan algunas palabras, “Daño a proyecto de vida; cincuenta y un mil, ochocientos sesenta y tres pesos. Total compensatorio a favor de la C. Kenya de doscientos treinta y dos mil, cuatrocientos veinte pesos”. Una estrepitosa carcajada rompe con el lúgubre silencio.
“¿Te imaginas?, si mi proyecto de vida valiera cincuenta mil pesos, ya lo habría realizado desde hace años y me ahorraba todo este camino. Es indignante, es una forma de revictimización. Mi vida cambió desde pequeña, desde que escapé de casa y me dediqué al trabajo sexual, mi vida cambió otra vez con el asesinato de Paola, ahora me ofrecen esto para pagarme por la discriminación y violencia que sufrí como mujer trans después de la muerte de Paola, la que ellos ejercieron contra mí. El Estado falla una y otra vez”.
Así, según la valoración de la CEAVI, la cantidad ofrecida a Kenya alcanza para cubrir: i) las consecuencias patrimoniales tras el asesinato de Paola, no obstante Kenya tuvo que dejar de realizar trabajo sexual para evitar poner en riesgo su vida, ii) los gastos efectuados con motivo del asesinato de Paola, incluidos los gastos funerarios, iii) la atención psicoemocional que requiere, derivado de presenciar el asesinato de su amiga Paola, así como de la posterior violencia sufrida por parte del personal ministerial, iv) la realización de su proyecto de vida, entre algunas otras cuestiones.
Las palabras de Kenya tras recibir la propuesta de reparación retumban en la historia de un país en el que la discriminación y violencia motivada por la orientación o identidad sexual es sistemática y reiterada, en el que las Comisiones de víctimas cierran las puertas y los oídos para las víctimas y se alejan cada vez más de ellas, sin importar las medallas y los reconocimientos que le otorgue la sociedad por resistir a un sistema diseñado para violentar y revictimizar. Por su parte, la determinación de la CEAVI, lejos de ser la respuesta para un caso, constituye la constante respuesta de las comisiones de víctimas, en medio de una maquinaria que sigue produciendo víctimas y que no ha sabido ofrecer respuesta: a las madres buscadoras, a las sobrevivientes de tortura sexual, a las mujeres injustamente privadas de su libertad, a las mujeres que viven violencia en el hogar, a las trabajadoras sexuales criminalizadas por la policía y a una larga lista más.
Lejos de llegar a su fin, la lucha de las víctimas, hasta para dejar de ser revictimizadas, continúa. Kenya detiene la carcajada, confiesa que fue una reacción nerviosa, producto de la indignación y el enojo. Se detiene y toma aire. “Estoy cansada, pero ya me esperé cinco años, puedo esperar más. Tenemos que seguir esta lucha para que las cosas cambien, no sólo para las mujeres trans, sino para las víctimas de todo el país”.
* Amaranta Viridiana Valgañón Salazar es abogada litigante en @EquisJusticia. Kenya Cytlaly Cuevas Fuentes es fundadora y directora de @CTiresias y de la Casa Hogar Paola Buenrostro.