Redacción Animal Político · 31 de julio de 2022
Esta semana, el INEGI actualizó la cifra de homicidios para 2021. El dato es atroz: 35 mil 625 homicidios durante el año, 97.6 diarios, uno cada 15 minutos.
La sola cifra demandaría un mínimo de indignación, reflexión y movilización ciudadana para articular una exigencia hacia el gobierno actual. Pero no es así, la cifra se pierde entre la irrelevancia del clickbait y el nuevo escándalo político del día.
Sobre esto, Jacobo Dayán aportó un ángulo interesante en su columna reciente: los asesinatos no son, ni deben ser, nuestra única referencia objetiva ni narrativa para ponderar las violencias que vivimos en México. Hacerlo así es caer en la miopía y aceptar la narrativa oficial de la “pacificación”. Tiene razón.
Los números de decenas de miles de muertos llevan ya tanto tiempo en nuestra conversación que se han instalado como normales y no generan ningún tipo de asombro colectivo. Esa normalización nos impide matizar y profundizar en cómo evolucionan dichas violencias y, por lo tanto, como sociedad somos derrotados a priori: a nadie le importa y, entonces, ¿qué sentido tiene pensarlas para proponer alguna solución a la atrocidad?
Jacobo, además, resaltó la importancia de ver otras violencias igual o más graves que el homicidio, por ejemplo, los miles de desaparecidos que ya contamos, parcialmente, en México. En el imperfecto registro del país, hay más de 100 mil personas desaparecidas en absoluta impunidad.
Pero yo quiero ir más allá de esas cifras y cruzar con otras. Porque también esta semana el INEGI actualizó los datos de defunciones generales para 2021, con lo que ahora sabemos que la principal causa de muerte de los jóvenes y los adultos jóvenes mexicanos de 15 a 34 años durante 2021 fue el homicidio. Y es también la segunda causa para los adultos de los 35 a los 44 años, solo por debajo del COVID. En total, murieron 25 mil 232 mexicanos de 15 a 44 años durante 2021, lo que representa el 70% del total en ese año.
El dato significa una cosa terrible: mientras que en el mundo los jóvenes mueren mayoritariamente en accidentes de tránsito, en México los jóvenes viven en riesgo permanente de ser asesinados. La tasa de homicidios para jóvenes de 15 a 29 años es de 40.3 por cada 100 mil habitantes, 44% superior a la media nacional.
Otro fenómeno abrumador es que, según datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas, de las más de 97 mil personas desaparecidas y no localizadas de 1990 a 2021, el 40% de ellas son jóvenes de 15 a 29 años.
Dejar matar y desaparecer a nuestros jóvenes significa coartar nuestro futuro como nación. Cancelar todo aquello que podrían haber hecho con los años que les restaban por vivir si habitaran en una comunidad en paz: estudiar, aprender, hacer pareja, tener hijos, adoptar mascotas, conseguir un empleo, emprender un negocio, pagar impuestos, rentar o comprar una vivienda, hacer arte, invertir, divertirse. Todo aquello que se espera que una persona pueda hacer con una vida libre.
En ese sentido, México vive una contradicción que representa una derrota generacional porque anula una de nuestras principales oportunidades geopolíticas en esta era global: somos un país con un gran bono demográfico, es decir, tenemos jóvenes (poco más de 31 millones) para estudiar y trabajar, pero los estamos dejando asesinar y vivir con miedo.
Además, aun cuando es una democracia funcional, miembro de la OCDE, una de las principales economías del mundo y además vecino de la principal economía del mundo, México no ha sido capaz de escapar a la dinámica regional de América Latina, donde los homicidios con arma de fuego son la principal causa de muerte de los jóvenes de 15 a 24 años. La tasa de homicidios mexicana por cada 100 mil habitantes es de 28 y se parece más a la de Jamaica (44.6), Trinidad y Tobago (38.5) y El Salvador (37.1) que a la de sus socios comerciales de Norteamérica: Estados Unidos (6.2) y Canadá (1.97).
También sabemos que muchos de esos jóvenes fueron asesinados o desaparecidos en el marco de una lógica de crimen organizado y, específicamente, narcotráfico. La agresión con armas de fuego representó la causa de muerte del 68% del total de 2021. Ante eso, el gobierno en turno, al igual que todos los anteriores desde 2006, sigue ofreciendo en los hechos la misma receta fallida de militarización, estigmatización y prohibición.
El sostenimiento y la exacerbación de la estrategia punitivista, militarista y moralina por parte del gobierno de López Obrador, sin una verdadera reforma de nuestro sistema de justicia y la construcción de una alternativa policial civil, seguirá arrojando los mismos resultados en materia de violencia e impunidad: 100 muertos diarios, de los cuales 35 eran jóvenes que debían estar estudiando o trabajando cuando fueron asesinados a balazos.