ernestoramos · 14 de diciembre de 2011
“Chilpancingo, Gro., 12 de diciembre.
Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, murieron al ser impactados por disparos de policías federales y estatales, así como agentes ministeriales, durante el violento desalojo de un grupo de alumnos de ese plantel que bloqueaba la Autopista del Sol México-Acapulco y la carretera federal, a la altura de Chilpancingo.” – diario La Jornada
Ocurrió en Guerrero, en las montañas del suroeste de México, donde el serpentear carretero huele a promesa de playa.
La pared casi negra de uniformes contrasta con el cielo inmenso. El pasamontañas, la cachucha estatal, la guaripa del no sé quien, el casco del que todo lo puede; son las distintas formas de completar el atuendo, y protegerse contra el sol, que en esta zona tortura.
Y mientras tanto el cuerpo tirado allí, justo aquí.
Aquí, donde de pronto puedes quedar tirado con el cráneo desecho chorreando carreteras, con tus jeans nuevos lo suficientemente lavados, para esos ojos que desfachatados te hostigan.
Aquí, donde pasan cosas que ciegan o desconciertan o dejan mudo o de plano indignan o todos callan o todos callamos.
Aquí en este país, donde siluetas negras se encapuchan en la sombra, y ya no se sabe quién es quién, quién saluda cómo, quién guaripa qué gorra, quién federico, o quién estatal, y todos se echan las culpas. Transgiversada entonces la razón de Estado, desordenado todo y nosotros enmedio, sumidos entre barbarie de desconfianza y miedo, sin legalidad ni marco institucional que cobije.
Seguro esos ocho han visto cosas peores. La región es de muerte desde hace tiempo. Se ha violado, desaparecido, destrozado dientes, hurgado en recovecos, empalado anos. El rostro sanguinario del poder ha acallado conflictos con represión y muerte, hasta altivo sujetarse el chaleco, cual si se tratara de catrín de feria.
Esa estrella de Cherife que en la guaripa resplandece, sabrá dios de que agrupación habrá venido ese, seguro del oeste.
Trangiversado engrudo es ahora la razón de Estado, en que no se sabe ya ni quién, ni dónde, ni cómo, ni cuándo.
Señores organícense: y ya no la jodan con tantos muertos.