blogeditor · 18 de junio de 2022
I’ve got too much on my plate
Don’t have no time to be a decent lover
I hope it isn’t too late
Searching for the time that has gone so fast
The time that I thought would last
My ever present past
Que no se diga que nos vamos a poner fans nada más porque Paul McCartney, Señor Don Genio, Leyenda Viva, Ente Fundador, Principio y Final de Todo cumple este día ochenta años. No. Es fácil mantener la objetividad cuando debe escribirse sobre el fundador de The Beatles.
I’ve got too much on my mind
I think of everything to be discovered
I hope there’s something to find
Searching for the time that has gone so fast
The time that I thought would last
My ever present past
Es la primavera de 1965 y James Paul McCartney es ya Paul McCartney, un joven músico archifamoso que se encuentra grabando y filmando al mismo tiempo, acosado por los demonios de la fama y las delicias del éxito apabullante. El McCartney del 65 ha ganado mucho desde una perspectiva —que incluye ser, junto a sus compañeros de banda, reformador de todas las músicas pop— pero ha perdido algunas piezas en el camino, una de ellas, el derecho a la vida privada. No hay silencio posible para Paul quien, según narra el periodista británico Philip Norman en su biografía sobre la mega estrella (publicada en español por ediciones Malpaso en 2017), trazaba diariamente, para lograr salir de casa de la familia de su novia Jane Asher, con quien vivió durante años en el número 57 de Wimpole Street, ya en Londres, una intrincada ruta que incluía salir por la ventana de su dormitorio trepando por un estrecho parapeto hasta la ventana abierta del vecino, un militar retirado que a cambio de una paga mensual aceptó por mucho tiempo que un Beatle cruzara su hogar a la hora que fuera, para posteriormente salir hacia una casa que daba hacia Browning Mews, la calle de atrás, desde donde Paul, oculto bajo su abrigo y caminando lo más rápidamente posible, completaba un par de cuadras para llegar hasta Devonshire Close, hogar de Alf Bicknell, chofer de los Beatles.
The things I think I did
I D.I. D.I. did
Oh, the things I think I did
When I was a kid
I couldn’t understand a word that they were saying
But, still, I hung around and took it all in
I wouldn’t join in with the games that they were playing
It went by, it went by, in a flash
It flew by, it flew by, in a flash
La casa de Browning Mews que Paul McCartney cruzó prácticamente a diario ya sea para llegar al estudio de grabación o al set cinematográfico (es la época de Help!) era habitada por un joven matrimonio que nunca pidió nada a cambio de echarle la mano al músico. Philip Norman logró averiguar que, en alguna de sus múltiples salidas evadiendo a los fans literalmente por las casas de atrás, Paul se percató que sus vecinos no tenían refrigerador.
There’s far too much on my plate
Don’t have no time to be a decent lover
I hope it’s never too late
Searching for the time that has gone so fast
The time that I thought would last
My ever present past
Es la mañana de un día de verano en Londres y alguien llama a la puerta del joven matrimonio que habita la casa cuyo pasillo ha facilitado por meses el escape cotidiano del músico más importante del siglo XX. Se trata del empleado de una empresa de electrodomésticos quien se presenta amablemente ante la pareja y, una vez que se cerciora de que ellos son efectivamente ellos, pregunta en dónde puede colocar la nevera que con su agradecimiento envía Paul McCartney.
Las leyendas no siempre se escriben bajo la luz de los reflectores. Existen otras historias detrás de La Historia de un genio inconmesurable.
Sí. Es fácil mantener la objetividad cuando debe escribirse sobre el fundador de The Beatles.
The things I think I did
I D.I. D.I. did
The things I think I did
When I was a kid
The things I think I did
I D.I. D.I. did
Oh, the things I think I did
When I was a kid
When I was a kid*
*”Ever Present Past”, del álbum Memory Almost Full (2007).