blogeditor · 27 de enero de 2021
El concepto de soberanía de semillas las reclama como un bien público que no debe ser privatizado ni regido por las lógicas de acumulación capitalista.
Actualmente, nos encontramos en un momento sin precedentes en la Historia de la agricultura. Tan solo cuatro corporaciones transnacionales controlan aproximadamente tres cuartas partes del mercado global de semillas y agroquímicos. La magnitud y velocidad de este proceso de concentración corporativa ha sido dramático. En 1985, para dar un ejemplo, las entonces cuatro empresas líderes en el sector controlaban solamente el 8% de dichos mercados. Esta situación comenzó a cambiar en los años noventas, conforme se fueron desarrollando diferentes procesos, entre ellos:
El día de hoy, los sistemas nacionales de semillas, agricultura y alimentación dependen en algún grado de estas cuatro grandes corporaciones agroalimentarias: la empresa alemana Bayer, que compró Monsanto en 2018; la estadounidense DowDupont; la China ChemChina, que adquirió la suiza Syngenta; y la también alemana BASF. Como podemos observar, las cuatro líderes pertenecen a naciones hegemónicas, composición que refleja el equilibrio de los poderes políticos, económicos, financieros, científicos y militares que rigen el mundo contemporáneo.
Esta rápida concentración de poder corporativo sobre la agricultura ha desencadenado el surgimiento de respuestas por parte de la sociedad civil, tanto a nivel local como nacional e internacional, las cuales recientemente se han ido congregando en torno al concepto “soberanía de semillas”. Peschard y Randeria definen el activismo por las semillas como cualquier acción que se oponga a su privatización y defienda los derechos individuales y colectivos respecto a ellas. Por su parte, Vandana Shiva, una de las activistas más importantes y reconocidas a nivel mundial, enfatiza que el término “soberanía de semillas” conceptualiza las semillas y la biodiversidad como un bien público y común, en oposición a un bien privado y una mercancía. Kloppenburg expande esta definición y distingue claramente entre las dimensiones constitutivas, las plataformas de oposición y las orientaciones afirmativas del movimiento de soberanía de semillas:
Los antecedentes de este movimiento social se ubican a finales de la década de 1970, con el surgimiento de un activismo social por la regulación de la Biotecnología, y a principios de los años ochentas, con la difusión del concepto de derechos de los agricultores. Desde entonces, activistas y académicos de todo el mundo han llamado la atención sobre las implicaciones ecológicas, sociales y éticas de la Ingeniería genética, las políticas de la “Revolución verde” y el incremento en la concentración del poder corporativo sobre los recursos genéticos. Más tarde, en los noventas, con el surgimiento del movimiento transnacional “La vía campesina”, comenzaron a fusionarse las agendas de soberanía alimentaria, derechos de los agricultores y control sobre la Biotecnología, como se mencionó más arriba.
En conjunto, estos procesos reflejan una creciente contradicción entre lo que Kloppenburg define como soberanía corporativa sobre las semillas, un sistema gobernado por patentes y DPI, y la soberanía de los pueblos sobre las semillas, cuando éstos las conceptualizan como bienes comunes que no deben ser regidos por la lógica de acumulación capitalista.
Desde una perspectiva teórica, tomando en cuenta el concepto del doble movimiento de Karl Polanyi, podemos conceptualizar estos procesos contradictorios como una relación dialéctica entre la tendencia innata del capital a mercantilizar las condiciones, actividades y medios de la existencia humana con el objetivo de incrementar la acumulación y las ganancias, y el surgimiento, en respuesta, de contra-movimientos sociales, como el de soberanía de semillas, que buscan resistir esa expansión capitalista e imponer a la economía y el mercado límites sociales, políticos y morales. Una pregunta relevante sería: ¿cómo podemos proteger efectivamente a las semillas como un bien común frente al avance del capital sobre la agricultura?
* Carol Hernández es doctora en Sociología por la Portland State University, de Oregón, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y colaboradora del Programa Universitario de Bioética. Su área de especialización es la sociología en estudios agrarios críticos, particularmente el estudio de movimientos sociales indígenas y campesinos enfocados en soberanía de semillas, agroecología y adaptación de la agricultura campesina al cambio climático.
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