Contenido Animal Político · 11 de julio de 2021

El Semáforo de Trabajo Digno de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza muestra una realidad inaceptable. La economía no puede crecer de manera sostenida si quienes trabajan no ganan lo suficiente y carecen de condiciones mínimas como la afiliación a la seguridad social. La reactivación será mas lenta si no hay “mercado interno”.
El problema del mundo del trabajo es estructural y sistémico. Llevamos años con un deterioro creciente de las condiciones laborales. Mucho peor que las tendencias globales. Al privilegiar las exportaciones se descuido la estabilidad y sostenibilidad del mercado interno, que no es otra cosa, más que la capacidad de compra e ingreso de la población.
La reforma laboral y la nueva política salarial pueden revertir esta situación, si se aceleran y se consolidan. Pero tenemos una falla de origen que sigue intocada: un sistema de seguridad social que carga todo su costo al empleo. El modelo “alemán” ideado en el siglo XIX por Bismark, se basa en financiar la protección social frente a riesgos, mediante cuotas obrero-patronales.
El “seguro social” fue un gran avance civilizatorio en su momento, dadas las precarias condiciones laborales de la clase obrera en Europa en el siglo XVIII y XIX donde fue creado por Bismark y también para el México del régimen “emanado de la Revolución”.
Pero hoy, en el siglo XXI, ya está probado que este modelo produce una estructura social, económica y laboral regresiva y excluyente, pues encadena el ejercicio de derechos humanos como la salud, la vivienda o los servicios de cuidado infantil al régimen laboral. Convierte en “prestación laboral” lo que en realidad es un derecho humano.
Y genera una carga económica en detrimento del trabajo y la creación de empleos dignos. Las cuotas “obrero-patronales” en realidad constituyen un impuesto a la nómina, una carga fiscal sobre el empleo. Por lo que se crean incentivos a la evasión para quienes contratan, o crea nuevos modelos de “trabajo independiente” como el trabajo creado a través de plataformas digitales.
En la práctica, el modelo segmenta, discrimina y mantiene excluida a más de la mitad de la población que debe conformarse con “programas sociales” para conseguir servicios de salud, estancias infantiles, apoyos para vivienda o pensión en edad avanzada.
Para superar el “semáforo en rojo”, hay que reordenar el sistema laboral. El principal cambio es poner los derechos laborales y una remuneración suficiente en el centro del modelo económico y por tanto de las regulaciones, políticas y programas de productividad, innovación y fomento de inversiones.
Hay mayor urgencia, sobre todo ahora, para lograr la reactivación económica de esta crisis, en que necesitamos que crezca el mercado interno y no solo las exportaciones.

Algunas medidas ya están en curso, de entrada, la puesta en marcha de los cambios aprobados en la reforma laboral debe acelerarse y fortalecerse:
Otras medidas están en proceso y requieren consolidarse, por ejemplo:
Finalmente, está la reforma de fondo, para “romper el cordón umbilical” entre salud y trabajo. O, mejor dicho, para romper el vínculo estructural entre acceso a servicios de salud y régimen laboral. Iniciar con la salud sería el primer paso para la construcción de un sistema universal de protección social.
La ruptura de la cadena que vincula trabajo y protección social es indispensable para construir un “piso” de derechos sociales garantizados para todas las personas, sin importar su condición laboral (trabajen o no trabajen, tengan empleo o trabajen “por su cuenta”, trabajen tiempo completo o “a ratos” o por días) y financiado con impuestos progresivos generales (y ya no con cuotas obrero-patronales o impuestos de “nómina”).
Esta reforma para crear el sistema de protección social universal tiene que orientar el cumplimiento de la cobertura universal de salud y la creación del sistema nacional de cuidados promovidos por este gobierno.
Si se mantiene la segmentación y la distinción entre “derechohabientes” y “no derechohabientes” de la seguridad social, se mantendrá la condición de discriminación estructural que excluye a la mitad de la población y se conservarán (y seguramente se reforzarán) los incentivos para la “informalidad” y la evasión de la afiliación obligatoria al seguro social.(1)
La reactivación económica puede ser lenta o inercial, puede llevarnos al pasado o proyectar un futuro distinto y mejor. Trazar una ruta para “liberar” al sistema laboral de la carga de la “protección social” es urgente e indispensable para una reactivación económica incluyente y acelerada.
Para lograr esta reactivación, se debe asumir que salud, cuidado infantil, vivienda y sustento vital (en caso de accidente, enfermedad o discapacidad), son derechos humanos que requieren medidas de protección garantizadas por el Estado a toda su población y no deben ser consideradas “prestación laboral”.
Si no actuamos, el semáforo seguirá en rojo y la pobreza se mantendrá sin cambios, con su secuela de desigualdad y deterioro de la economía, la democracia, la seguridad y el bienestar de la mayoría de las personas.
En la conferencia de prensa para presentar el Semáforo del Trabajo Digno tratamos de explicar este dilema, les invitamos a verla
(1) Además de que parte de un error: los dos segmentos “formal” e “informal” de la población no son dos realidades estáticas. En la vida real, menos del 40% de la población permanece muchos años en uno de los dos segmentos, el restante 60% se mueve su vida laboral entre ambos polos, por lo que en la práctica la informalidad es la realidad mayoritaria abrumadora.