blogeditor · 9 de agosto de 2021
Los muertos de Calderón, los muertos de Peña Nieto, los muertos de López Obrador. Por todos lados hemos escuchado y leído esto. Sexenio a sexenio la frase es aceptada sin mayor cuestionamiento. Es cómoda, popular, pegadora y facilona. Si hay un homicidio en el sexenio de tal presidente, pues es el muerto de ese presidente y ya está.
Pero, ¿para qué sirve la frase? En mi experiencia, decirlo así sirve para mucho en términos de manipulación política de auditorios, pero no sirve para nada desde un enfoque de rendición de cuentas. Si hay más homicidios violentos o menos entre un sexenio y otro, el Estado mexicano de todas maneras no evalúa con base en el conocimiento científico y los métodos aceptados.
Prácticamente no se ofrece desde el gobierno ni se exige desde la sociedad las evaluaciones de impacto y por eso, en estricto sentido, para efectos de rendición de cuentas (justificación, consecuencias, aprendizaje), pues es lo mismo; no importa la tendencia de ese delito. Apenas escribí sobre esto ahora que supimos que antes y durante la pandemia la tasa nacional de homicidios fue la misma.
Si el Estado mexicano no acumula aprendizaje para reducir las violencias y en cambio sí hay un aprendizaje colectivo para usarlas como recurso de manipulación política, pero además esta manipulación fluye en un contexto de mayor polarización, entonces estamos en el peor de los mundos.
Es como si las violencias pudieran ser pintadas de color político, para de esa manera manipular las narrativas, quedándose al final al margen la interpretación y la discusión seria e informada sobre aquéllas. Dicho de otra manera, lo de menos son las muertes en sí mismas y lo que más importa es si son las muertes de uno u otro presidente, para así utilizarlas en la disputa por el poder.
Al pintar de color las violencias y convertirlas en bandera ideológica, la evidencia que comprueba su extensión y formatos es vaciada en cuanto a la potencia transformadora de las políticas públicas. Sin son 29 homicidios por cada 100 mil habitantes en el 2020, quienes defienden a este gobierno federal manipularán el dato en su beneficio político, exactamente como lo harán quienes se oponen al presidente.
Los primeros dirán que hay éxito porque se contuvo el crecimiento de los homicidios violentos, mientras los segundos hablarán del fracaso porque no se redujo una tasa que multiplica por 5 el promedio mundial. Pero desde ambos discursos quedará en primer plano ir por auditorios favorables, dejando en condición de irrelevancia la discusión de la evidencia con base en el conocimiento y los métodos aceptados. Resultado: aprendizaje igual a cero.
Es cómoda, popular, pegadora y facilona la manipulación política de la evidencia frente a las violencias, más en medio de la polarización. Y colorear la evidencia destruye la posibilidad de construir una interpretación común de los hechos, basada en la comprobación.
Imposible un mejor regalo para el poder político al que lo que más estorba son, precisamente, los hechos.
@ErnestoLPV