Oportunidades para mejorar la seguridad en Ciudad de México (parte 1)

Redacción Animal Político · 30 de enero de 2024

Oportunidades para mejorar la seguridad en Ciudad de México (parte 1)

Recientemente el diario colombiano La República dio a conocer el rancking de las ciudades más peligrosas del mundo de acuerdo con su tasa de homicidios por 100 mil habitantes. Nueve de las veinte ciudades con tasas de homicidio más altas se encuentran en México y siete de ellas ocupan los diez primeros lugares: Celaya, Tijuana, Ciudad Juárez, Ciudad Obregón, Irapuato, Ensenada y Uruapan, con tasas que van de los 72 (Uruapan) a los 109 (Celaya) homicidios por 100 mil habitantes.

La Ciudad de México no aparece ni entre los 50 primeros lugares de esta lista. Ello no quiere decir que no existan temas preocupantes para la seguridad de sus habitantes y áreas que ofrecen amplias oportunidades de mejora. Mencionaré sólo seis temas que considero que merecen especial atención (tres en esta primera parte y otras tres en la segunda).

1) La extorsión ha sido uno de los problemas que durante los últimos años se ha expandido de manera preocupante, no sólo porque atenta contra los bienes y la economía de los ciudadanos, sino también porque los grupos que la controlan se han empoderado y han incurrido crecientemente en el uso de las amenazas y la violencia. Este problema requiere del diseño de una política expresamente diseñada para combatir este fenómeno, que cuente con las herramientas de inteligencia y capacidades de investigación, así como con el personal competente, confiable y especializado capaz de poner en marcha las medidas necesarias para contrarrestar el creciente poder y la expansión de los grupos dedicados a la extorsión y las amenazas.

2) El incremento en el número de puntos de venta de drogas, especialmente en algunas zonas de la Ciudad, así como el comercio ilícito de armas, son otros temas que amenazan y ponen en riesgo la seguridad de los ciudadanos y requieren de medidas especiales de atención por parte de diversas instituciones, tanto del gobierno central como de las alcaldías. Asimismo, se requiere ampliar y fortalecer los programas que atienden las adicciones como un problema de salud, más que de seguridad, e incluir a los jóvenes en el diseño y aplicación de programas de prevención y rehabilitación.

3) Hay un conjunto de temas que suelen agruparse bajo la categoría de “desgaste” o “ruptura del tejido social”, o bien como “falta de cohesión social”.  Estos temas son de gran relevancia, pues suelen ser el caldo de cultivo que da lugar a conductas delictivas más graves que, de haberse atendido de manera adecuada y oportuna, habrían podido evitarse o prevenirse. Entre otras, cabe destacar la violencia familiar, la violencia de género o la que se dirige a determinadas comunidades debido a su preferencia sexual, su origen étnico o de clase social, su edad, sus creencias, sus capacidades diferentes, etc. En el extremo, estas conductas de rechazo, intolerancia y discriminación conducen a eventos tan graves como los feminicidios o el asesinato de personas por sus preferencias sexuales. En este sentido, todos los programas de atención a la violencia de género, a la violencia familiar y en contra de la discriminación son de gran importancia y deben ser fortalecidos, mejorando la calidad de la atención y ampliando sus servicios hacia las labores de cuidado de niños, ancianos, enfermos y personas con discapacidad, labores que cargan de manera desproporcionada sobre las mujeres. Repartir estos cuidados de manera más proporcional promoverá el surgimiento de una sociedad más equitativa y solidaria.

* Elena Azaola es profesora investigadora emérita del CIESAS y colaboradora del Seminario sobre Violencia y Paz (@SViolenciayPaz).