Contenido Animal Político · 2 de septiembre de 2020
Líneas hipotéticas de un informe honesto de Andrés Manuel López Obrador.
Al pueblo de México:
El 27 de febrero se confirmó el primer caso de coronavirus en México. Debo reconocer que no imaginé que tuviera las consecuencias catastróficas que ha tenido al día de hoy. Han fallecido 66,120 personas por este virus, 66,120 historias de dolor de vidas que no logramos salvar. Mis condolencias a todas sus familias y seres queridos. Actuamos demasiado tarde y la estrategia que seguimos no sólo no fue contundente, sino contradictoria entre los mensajes de los funcionarios en quienes encomendé la atención de la pandemia y yo. Esto ha costado vidas y me lamento por ello. Ante ello, he instruido al titular de la Secretaría de Salud la puesta en marcha del programa “Pruebas para el Bienestar”, un programa de realización masiva de pruebas para detectar, atender, contener y reducir a tiempo los contagios que siguen creciendo en el país. Asimismo, exhorto a toda la población al uso del cubrebocas en todo momento, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Con estas medidas, podremos domar juntos la pandemia.
Las consecuencias de esta enfermedad también provocaron una caída de 18.7 por ciento anual en el segundo trimestre de este año. Es una caída histórica por el paro de las actividades no esenciales, sumado a las 12.5 millones de personas que perdieron sus ingresos por las medidas de confinamiento. No seremos ingenuos ni indolentes en este gobierno y entendemos que los créditos no son suficientes. Trasladar la deuda a quienes más necesitan la protección del Estado mexicano no está bien y es irresponsable. Por ello, anuncio que NO cancelaré los megaproyectos emblemáticos de esta administración como el Tren Maya, Dos Bocas ni Santa Lucía, pero sí los pondré en pausa para destinar todos los recursos a quienes no logran satisfacer sus necesidades básicas. Con esos recursos pondremos en marcha el ingreso mínimo vital, una política impulsada por los principales gobiernos progresistas del mundo y por organizaciones que combaten la desigualdad; una transferencia monetaria no condicionada y temporal por al menos tres meses hasta por un salario mínimo mensual. Lo único que deben hacer es presentarse en las delegaciones de cualquier dependencia federal y solicitarlo directamente o, en su defecto, vía internet con los mecanismos de verificación que determinen las dependencias responsables. No puede haber gobierno rico con pueblo pobre.
La inseguridad sigue siendo uno de los problemas más graves de nuestro país, a pesar del confinamiento, la delincuencia y la violencia no cesan. Es una realidad que tenemos casi 100 asesinatos por día, de los cuales 10 son feminicidios. Es una consecuencia del desastre que dejó la guerra contra el narco de Felipe Calderón. Eso no lo podemos negar; pero tampoco hemos logrado revertir completamente sus lamentables estragos. La Guardia Nacional no ha funcionado y los militares han tomado control de decenas de funciones estratégicas, para las que debemos recuperar el control con instituciones civiles fuertes y confiables. Hace unas semanas, militares mataron a tres jóvenes inocentes en Nuevo Laredo; como si viviéramos en los tiempos de Calderón, imagínense. No, no lo vamos a permitir; los derechos humanos serán la guía de este gobierno. Desde este momento honraré mi promesa de campaña: no más militares en las calles, a ellos no les corresponden las labores de seguridad pública. Sé que eso no es suficiente, por eso impulsaré para este tercer año la reforma policial y ministerial más ambiciosa y profunda en la historia de México. Ningún delito se quedará sin investigar ni sancionar. Evitaremos la prisión preventiva oficiosa e impulsaremos la regularización de las drogas. No vamos a combatir violencia con más violencia.
La corrupción sigue siendo rapaz. Ya barrimos, un poco, de arriba para abajo, pero se nos siguen colando personas corruptas en el gabinete y hasta en la familia. Hay algunos nombres que prefiero no mencionar porque con ese dinero han contribuido, apoyado, donado un poco de sus recursos, a las causas de esta cuarta transformación y uno no puede morder la mano que lo trajo hasta aquí. Pero eso sí, si hay corrupción que se investigue por la Fiscalía General de la República independiente y autónoma. Lo de Lozoya sí es corrupción -de la mala-; de eso nadie tiene duda; pero no sólo él, sino la mitad del gabinete del sexenio de Peña Nieto, gobernadores de todos los partidos, presidentes municipales, legisladores y una larga lista que, por cierto, ya tengo anotada. Pero debo ser honesto: mi fuerte no es la venganza, sino las elecciones. Por lo que guardaré esa información al alcance de un cajón, por si la necesito. Lo que sí haré para combatir la corrupción es dejar de barrer de arriba para abajo para comenzar a construir instituciones de abajo hacia arriba. Toda corrupción, en cualquier nivel de gobierno y en cualquier sector, será investigada y sancionada por las instituciones del Sistema Nacional Anticorrupción. Las fiscalías anticorrupción investigarán los procesos de compra de medicamentos, licitaciones de obras (evitaremos hacer adjudicaciones directas), licitaciones de cualquier bien o servicio público, entre muchas labores más; mientras que la fiscalía de delitos electorales no permitirá un peso ilegal en campañas, ni aunque venga en bolsas de papel, en ligas o en bolsas transparentes. Viviremos la honestidad valiente.
Los recortes y la austeridad republicana se mantendrán, pero sin sacrificar la capacidad de funciones estratégicas del Estado y sí eliminando privilegios. No eliminaremos recursos para la ciencia y la tecnología; al contrario, en el presupuesto de 2021 apostaremos por ellas, ya que nos han demostrado que una vía de innovación confiable para encontrar soluciones a problemas complejos como la pandemia. Apostaremos por el conocimiento. Para los programas sociales más importantes de adultos mayores, Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro utilizaremos evidencia e indicadores para saber si están funcionando para combatir la desigualdad y hacer los ajustes necesarios.
No polarizaré más la vida pública de México. Un país tan diverso y tan violento no merece que el Presidente de la República lo atice con más confrontación. La ecuanimidad será mi regla. Evitaré también utilizar la estructura gubernamental para amedrentar o descalificar a mis adversarios. Respetaré la libertad de expresión y la pluralidad política de nuestro país. He dicho y reitero que no tengo enemigos, sino adversarios, a quienes por cierto respetaré al no entrometerme en la contienda electoral de 2021. Respetaré también al Estado laico al bajar el spot que, con toda razón, mandató el Instituto Nacional Electoral. Que no se nos olvide en ningún momento el mantra: al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie.
Andrés Manuel vive en campaña; ahí se siente cómodo. No me queda duda que para el presidente este informe será su banderazo de salida de la campaña electoral de 2021. No ha dejado de hacer campaña un solo minuto. Que el INE nos agarre confesados y el Papa nos mande algunos observadores electorales, que mucha falta harán.