No se lo dejemos a ellos

blogeditor · 10 de noviembre de 2014

No se lo dejemos a ellos

Escribo porque creo que muchas y muchos nos preguntamos ¿qué sigue con México? Todo está tan roto, tan desmembrado, desmoronándose por todas partes, con noticias terribles todos los días, que corremos el riesgo de perder la esperanza y, con ello, de tomar la decisión –humanamente entendible- de refugiarnos de ese dolor volviéndole la cara e intentando protegernos en lo individual y alejarnos de lo colectivo. No tengo la respuesta, pero creo tener su fuente: la solución debe ser civil, no se lo dejemos a ellos.

Como muchos de nosotros, veo a un estado rebasado, incapaz, sin legitimidad (para mí no la tuvo de origen, pero fracasó todavía más al intentar ganarla de ejercicio) y sin credibilidad. Sí, acá el presidente no responde preguntas ni da la cara, pero responde a empresarios e industriales porque es más fácil recibir aplausos serviles que preguntas con filo. Si me preguntaran si yo confiaría en dejarle al gobierno la solución del Problema (sí, con mayúscula) no lo haría ni loco. ¿Dejárselo a quien trata de lavarse las manos diciendo que Iguala no es el estado, que está cansado de hacer su trabajo y que trata de dar certeza a través de tres testigos y una investigación gris? No, ni loco.

El Problema no se resuelve con meter a Abarca a la cárcel, porque un crimen de esta magnitud no se corrige haciendo justicia con minúscula. Tal vez el gobierno tampoco ha advertido esto. El tejido social está roto, los partidos políticos deslegitimados (todos los colores), la gente desbordada por rabia e indignación, el narco empoderado, el sistema de justicia y de investigación es un chiste y muchos de los medios de comunicación (sí, ustedes saben cuáles) sólo abonan a aumentar el enojo (hoy ni los medios son suficientes para “bancar” al gobierno). Se les salió de las manos y ni todas sus reformas estructurales son suficientes para sacarlos de esto (creo que mucho enojo resulta de ellas, tanto por su contenido como por su “proceso de deliberación”).

[contextly_sidebar id=”HFYBVLLV5P1Wt5jn9EhSezVSSSnqEaU3″]Nos hace falta Verdad y Justicia (sí, con énfasis añadido donde debe tenerlo). Pero no creo que esto pueda lograrse si se los dejamos a quienes son parte directa de la mentira y la injusticia y le damos carpetazo al momento de crisis social y política más grande de las últimas décadas. Nos necesitamos todas. Necesitamos escalar la rabia en organización, la indignación en solidaridad. Para transformar esta crisis en un momento fundacional, debemos hacerlo por la vía civil, no por la partidista. Y no, no peco de ingenuo ni de ignorante.

Es obvio que para lograr esto será necesario involucrar a las instituciones, pero no debemos repetir la historia de siempre. Si queremos Justicia y Verdad, deben de tener como cimiento otra democracia, una en la que no dejemos que los partidos capitalicen movimientos y los transformen en votos, una en la que la participación es de verdad y no es aceptable que “democracia” sea ir a votar por un nuevo monarca sexenal y su parlamento a modo. Todas y todos debemos ser parte de esto, organizarnos, crear redes, integrar nuevas estructuras, investigar, exigir y transversalizar al gobierno. Nunca más un gobierno de élites ni de clases, sino un gobierno de nosotros.

Por eso decimos “que se vayan todos”, no por reduccionismo ni por obviar matices; no se nos fue una obviedad, nos apropiamos de esta idea a pesar de ella. Se tienen que ir quienes son incapaces de gobernar y quienes lo hacen a costa de nuestras libertades, quienes están cansados de cumplir con su trabajo y quienes son responsables de estos crímenes y de muchos más (Iguala sólo es uno de una larga lista). Todos ellos. Por eso también decimos que “Fue El Estado”, porque además de tratarse de un crimen atribuible a autoridades, que ellas estuvieron involucradas y que los límites entre la omisión y la complicidad se difuminan, es la estructura actual del estado la que permite esto y la que lo propicia, independientemente de que cada tres o seis años se cambien las cabezas. Nuestro discurso no obvia matices ni complejidades, se los apropia para ir más allá de ellos.

Vivimos tiempos dificilísimos, de tristeza, ira, confusión y desesperanza, por eso es tan importante que seamos nosotros y no ellos. Duele decirlo, pero es que también nosotros somos responsables de esto, todas y todos. Tal vez si no hubiéramos tardado tanto en salir a exigir Justicia, las cosas cosas serían distintas, pero no lo hicimos, y el pasado no sirve como excusa para el presente, ni como antídoto para el futuro.

 

@VladimirChorny1