Sarampión y la geografía de la desigualdad en México

Claudia Ramos · 20 de febrero de 2026

Sarampión y la geografía de la desigualdad en México

La salud pública rara vez se juega en abstracto: se define en la movilidad de las personas, en la cobertura de los servicios y en las condiciones sociales donde vive la población. En febrero de 2025, la confirmación de sarampión en un niño de nueve años en Chihuahua, tras regresar de Texas, encendió una alerta epidemiológica. Aunque el virus había ingresado previamente por otros puntos del país, fue en el norte donde encontró condiciones propicias para la transmisión local.

El caso no solo activó protocolos sanitarios; también mostró que, aun con avances institucionales, los brotes siguen concentrándose donde la cobertura preventiva y las condiciones sociales son más frágiles. Así se perfila lo que podríamos llamar la geografía de la desigualdad en salud.

Tras haber alcanzado el estatus de eliminación en 2016, como ha ocurrido en diversos países, la reintroducción del virus en un contexto de alta movilidad internacional y brechas en la cobertura de vacunación ha generado nuevos desafíos epidemiológicos.

Al 18 de febrero de 2026, el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica reporta 10 mil 199 casos confirmados y 31 defunciones. Además, más de 27 mil casos de enfermedades febriles exantemáticas permanecen en estudio, lo que indica que la vigilancia deberá mantenerse activa en los próximos meses.

La dispersión en las 32 entidades refleja una alerta nacional, con mayor intensidad en el norte del país, pero con implicaciones para todo el territorio.

La enfermedad no se distribuye al azar

La propagación del sarampión suele seguir las mismas líneas de desigualdad social que otros problemas de salud. Dos factores estructurales ayudan a explicar su reaparición.

El primero es la disminución de la cobertura de vacunación. Para 2023, la cobertura de la vacuna SRP en México cayó a 76 %, lejos del 95 % necesario para garantizar la inmunidad colectiva. La pandemia de COVID-19 interrumpió servicios preventivos y redujo la asistencia a unidades de salud, dejando a muchas personas en un “limbo preventivo” . El resultado es claro: el 92.4 % de los casos confirmados no contaban con antecedentes de vacunación.

El segundo factor es la movilidad laboral y social. Chihuahua concentra más de 4 mil 500 casos confirmados. La dinámica de recepción de jornaleros agrícolas, junto con condiciones de hacinamiento en algunos campamentos y albergues, facilita la transmisión aérea del virus. En estos contextos, las campañas de salud enfrentan mayores desafíos logísticos y culturales para llegar a toda la población.

Quiénes se están enfermando

Las infancias siguen siendo el grupo más afectado. Los mayores números de casos se registran entre niñas y niños de 1 a 4 años (1,468 casos), seguidos por el grupo de 5 a 9 años (1,237). También destaca la incidencia en personas jóvenes adultas de 25 a 29 años (1,144 casos), un grupo con alta movilidad laboral y social, que puede funcionar como puente de transmisión hacia los hogares.

Los lactantes menores de un año presentan una de las tasas de incidencia más altas del país: 55.26 por cada 100 mil habitantes, debido a que aún no alcanzan la edad regular para su primera dosis. Frente a este escenario, la Secretaría de Salud ha considerado la aplicación de la llamada dosis cero entre los 6 y 11 meses de edad, y la instalación de módulos de vacunación en puntos de alta movilidad. Estas medidas buscan fortalecer la protección temprana en contextos epidemiológicos exigentes.

Vacunar es construir comunidad

La experiencia internacional muestra que la vacunación no es solo una herramienta clínica, sino un instrumento de cohesión social. Cuando la cobertura se mantiene alta, protege incluso a quienes aún no pueden vacunarse. Cuando baja, la enfermedad reaparece.

El desafío no es únicamente sanitario, sino también territorial y social: garantizar que las campañas lleguen a poblaciones móviles, rurales o con menor acceso a servicios, reforzar los sistemas de vigilancia y recuperar los niveles de inmunización previos a la pandemia.

En ese sentido, la vacunación sigue siendo una de las políticas públicas más efectivas y solidarias. Por ello, siguiendo las recomendaciones de la Secretaría de Salud y de las autoridades sanitarias, es importante acudir al centro de salud más cercano para verificar el esquema de vacunación propio y el de niñas y niños.

Proteger la salud individual también protege a la comunidad. En contextos de alta movilidad y riesgo epidemiológico, la prevención sigue siendo nuestra mejor herramienta.

¡Vacúnate!

* José Noé Rizo Amézquita es investigador en Salud y Seguridad Social en la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS). Docente del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, la Universidad Westhill y la Universidad INFUS. Egresado del INSP y de la Universidad de Guadalajara, con entrenamiento en Johns Hopkins y la Universidad de Copenhague.