Santería y sacrificio de animales

Redacción Animal Político · 16 de octubre de 2024

A finales de abril pasado, un senador realizó un ritual como ofrenda al dios Tláloc dentro de las instalaciones del Senado de la República. Dicho acto consistió en decapitar y desangrar a una gallina sin que nadie intentara evitarlo, tal como suele suceder con las víctimas sacrificiales a quien nadie ayuda.

Además, se han publicado notas sobre perros torturados y asesinados, encontrados en el bosque de Nativitas, alcaldía de Xochimilco, en la Ciudad de México, evidenciando la acción de algún asesino serial. En el último hallazgo, el 19 de junio, se encontró un perro muerto, desollado, sin vísceras y con señales de tortura. Una línea de investigación señala que se trata de actos de santería, ya que a la mayoría de los perros se les han extraído órganos.

El 9 de mayo fue aprehendido un hombre de origen colombiano que realizaba sacrificios de animales en Hacienda Echegaray, en Naucalpan; era líder de un grupo de santeros y su detención desató una serie de protestas en las redes sociales, por parte de otros santeros que instaban a la población a manifestarse públicamente en defensa de su colega colombiano y de su actividad: la santería. Los manifestantes argumentan que estos actos y rituales deben respetarse, pues obedecen a una antigua tradición; la religión yoruba que es un culto milenario. Y se amparan en la libertad de culto que otorga la Constitución Política de nuestro país.

Estos hechos han sido noticia en los últimos meses, pues emergen desde la semiclandestinidad y han provocado la defensa pública de quienes se autoproclaman herederos de una religión milenaria o tradición que les otorga el derecho de matar animales.

El santerismo es un sistema espeso de creencias y cultos religiosos que tiene origen en África occidental, dentro del grupo étnico yoruba, en lo que comprende hoy Nigeria, Benín y Togo, conocida por los ingleses colonizadores como Yorubaland.

Una revisión histórica nos permite conocer que cuando los colonizadores llegaron se encontraron con que el culto consistía fundamentalmente en sacrificios humanos, de animales y otras ofrendas. Antes de la colonización europea, los yoruba, como otras tribus guerreras, capturaban a sus enemigos, los convertían en esclavos y los utilizaban para su servicio. Asimismo, los esclavos eran ofrendados como víctimas sacrificiales para diversos propósitos, como ofrecer la vida de un esclavo a cambio de la vida de un ser querido enfermo o para acompañar y servir a un difunto en la otra vida; para alejar una calamidad o para conseguir un favor cualquiera. Pero además los sacrificios humanos eran un símbolo de mayor estatus social, porque sólo los poderosos y de mayor estatus podían celebrarlos. De esta forma existían lazos estrechos entre su forma de organización social, su sistema de privilegios, las guerras, el esclavismo y el sacrifico humano. El esclavismo proporcionaba víctimas sacrificiales.

Durante la colonización del continente africano, grupos de africanos fueron capturados masivamente para ser llevados a Europa como esclavos. Alrededor del año 1560, Inglaterra inició la captura de seres humanos y el mercado de esclavos para Europa; posteriormente para las Américas y el Caribe. Este saqueo y traslado de seres humanos, llamado diáspora, rebasó la cifra de 10 millones de personas extirpadas de su tierra y esclavizadas. Tan sólo de 1701 a 1807, Inglaterra extrajo 2.5 millones de personas esclavizadas y fue hasta 1833 cuando se abolió la esclavitud y su comercio. Una vez prohibido el comercio de esclavos para Inglaterra y Francia, se redireccionó a las colonias de España y Portugal, Cuba y Brasil.

El impacto fue devastador para las poblaciones nativas de África, incluyendo a los yoruba, quienes debieron remontar la extracción continua impuesta por los colonizadores y adaptarse a una nueva sociedad, cultura y religión bajo el dominio inglés.

Ya como esclavos en las Américas, fundamentalmente en Cuba, habiendo perdido la libertad, sus raíces culturales y su sistema social, no podían mencionar los nombres de sus deidades, pues serían castigados, ya que la religión de los españoles era la católica. Por ello decidieron adoptar los nombres de algunos de los santos de la religión católica para nombrar a sus dioses yoruba, sin que fuera percibido por los colonizadores. Por ejemplo, Shangó se identificó como San Miguel Arcángel; Oggun como San Pedro, Ozun como San Juan Bautista, y así con las decenas de deidades. De ahí surge el nombre de santería. Este proceso de asimilación, primero lingüística, pero también religiosa, llevó a la reinterpretación de dos sistemas, dioses, nombres y prácticas culturales que en antropología conocemos como sincretismo. De Cuba emigró a México, a toda América Latina y parte de Estado Unidos.

Esta historia es importante porque nos permite ver que, aunque pareciera que la transmisión de una pauta o práctica cultural o religiosa como la yoruba sigue intacta en el tiempo y el espacio, y que hoy se ejerce siguiendo la tradición milenaria, es una falsa concepción. La religión de los yoruba sufrió cambios inevitables al ser colonizados en su tierra natal, donde fueron perseguidos, capturados y transportados como esclavos a otras tierras. El impacto sobre su estructura social fue inevitable. El sacrifico humano fue prohibido por los colonizadores, aunque se sigue haciendo en secreto.

Es conocido que cualquier tradición o culto sufre cambios al transmitirse de una generación a otra. El comercio de esclavos involucró a muchas generaciones a lo largo de cuatro siglos, y reunió individuos de diferentes comunidades o clanes. Esto derrumba la idea de la inmutabilidad de las creencias. Todas las tradiciones evolucionan, cambian y se adaptan de una generación a otra, más aún cuando muchos rasgos y prácticas son importados y mezclados en un lugar como Cuba, donde sufren un segundo gran cambio.

En México hay un tercer reacomodo de las personas, ya que no hay esclavismo, sino que empieza el mestizaje con españoles y nativos, y el linaje yoruba genético desaparece. Desde la perspectiva sociológica vemos que se pasa de las comunidades africanas, donde la tradición y religión cumplen una función de cohesión social, a un sistema social urbanizado, atomizado, con la anomia y fragmentación inherente a las ciudades, como la Ciudad de México. Se transmiten las prácticas, pero no existe una comunidad yoruba, sino que se adquiere una práctica individual para convertirse en santero y ofrecer sus servicios a particulares en un mercado limitado. Fuera de África, la religión o culto de origen yoruba que existe hoy en el mundo la practican personas que no son yorubas.

El sacrificio yoruba es el acto de matar a un ser como ofrenda de apaciguamiento y de intercambio, en el que la sangre de la víctima se ofrece a los dioses. Todo sacrificio ritual implica asesinar a la víctima de manera que apacigüe a un dios o espíritu, de ahí deriva la violencia ejercida sobre un ser vivo hasta destruirlo. Regularmente los despojos eran dejados y exhibidos en cruces de caminos u otros lugares públicos, pero sin rastro del ejecutor. Nos recuerda los perros del bosque de Nativitas.

Esta actividad se escuda en la libertad de culto y entonces parece intocable. Se inscribe claramente en el rubro de la violencia religiosa que justifica la destrucción, sufrimiento y aniquilamiento de un ser sintiente, en nombre de un Dios. En este sentido podemos afirmar que la religión, así llevada, ostenta la legitimidad de la violencia. Afuera nos queda claro que un sacrificio es un asesinato. Pero la violencia religiosa no puede ser modificada desde dentro de la religión. El cambio debe provenir de afuera, de la moral y de la ética, y por tanto de la legislación.

La nueva Constitución de la Ciudad de México reconoce la sintiencia de los animales. Establece que toda persona tiene un deber ético y obligación jurídica de respetar la vida y la integridad de los animales, que tienen un valor intrínseco. Este mandato obliga a las autoridades a actuar en congruencia con este contexto. No establece excepciones. A partir de ahí las mismas razones que se invocaron para prohibir los sacrificios con seres humanos se deben invocar en defensa de la vida y la integridad de los otros animales no humanos.

La libertad de culto establecida en el artículo 24 de la Constitución Política de nuestro país reconoce el derecho de cada uno de creer y adoptar el culto o religión que mejor le convenga, participar en ceremonias, devociones o actos del culto, pero establece como excepción los actos que estén prohibidos por alguna ley o sean delitos.

Más aún, la Ley de Protección a los Animales de la Ciudad de México, en su artículo 25, prohíbe el uso de animales en la celebración de ritos y usos tradicionales que puedan afectar el bienestar animal.

El reconocimiento de la sintiencia, es decir, de la capacidad de sentir dolor, de ser conscientes de ello y de sufrir, justifica la prohibición del uso de la violencia religiosa sobre los animales, y de su sufrimiento hasta la muerte.

El derecho a una creencia religiosa no implica el derecho a realizar cualquier actividad sobre todo si la misma impacta a otros seres sintientes. La prohibición de esta violencia ya está establecida en la Ciudad de México y las autoridades están facultadas para ejercerla, entonces ¿por qué no la ejercen?

* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como secretaria Técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, y ha sido observadora y parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.

 

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