Salvar los fideicomisos

blogeditor · 14 de octubre de 2020

Salvar los fideicomisos

Llegué corriendo desde Madero, acalorada y tarde. Algunas de mis compañeras pegaban carteles y escribían consignas, porque hacía ya algunos minutos que la manifestación había comenzado. Me incorporé al grupo, preguntando en qué podía ayudar, conteniéndome un tanto de abrazar a todos con mucha fuerza. Estamos aún en una situación de pandemia bastante delicada y, después de meses de haber perdido de vista a muchas de mis compañeras y compañeros, una causa de fuerza mayor nos daba la oportunidad de vernos. Una manifestación en medio de la Plaza de la Exedra no era, digamos, la circunstancia ideal en la que me habría gustado verlas de nuevo, pero ahí estábamos. ¿El motivo de nuestro reencuentro? Nuestra universidad peligra.

Hace un par de años llegué al CIDE. Sin saber demasiado de lo que me esperaba, mi actitud era la de alguien que sube a una montaña rusa. Un poco de emoción, un poco de miedo. Las leyendas que se tejen acerca de esta institución respecto a la disciplina y la dureza son ciertas. La universidad es demandante. Honestamente, en muchas ocasiones he sentido no encajar en el espacio académico. Tengo conflictos con el rigor y la exigencia del CIDE. Absorbe mucho de mi tiempo y esfuerzo, de mi vida en general, pero igual estoy aquí, siendo soporte de esto que ha modelado mi persona en los últimos años.

Creo que casi todas llegamos a este centro con la intención de aprender y contribuir a un mundo mejor. Esta “joya de la educación pública” que promete tanto me ha vuelto loca por muchas razones. Cualquier contratiempo puede suponer una baja en tus calificaciones, que al mismo tiempo pone en duda si mereces o no pertenecer a este lugar. No tolero en absoluto esta sensación. Las quejas sobre el ambiente que reproducimos son constantes, tanto fuera como dentro de la institución. Sin embargo, cuando hace algunas semanas recibimos un correo de nuestro coordinador de la carrera, sentí miedo de quedarme sin esto que también es el CIDE. “Por tercera ocasión existe un intento por eliminar fideicomisos… De ocurrir esto, el CIDE podría tener una afectación gravísima, no es broma”.

Leí algunas notas de periódico y explicaciones sobre lo que significaba esta pérdida de fideicomisos, para toparme con opiniones sumamente polarizadas. ¿Qué significa para mí este arrebato de fondos? Tal parece que renunciar a mucho. Renunciar a becas, a la experiencia de ser asistente de investigación, a proyectos en general. Desde fuera hemos recibido insultos y exclamaciones que nos señalan que por fin hemos recibido lo que nos merecíamos.

De algún modo u otro, intentando acuerpar con mi grupo y sintiéndome culpable por este trato diferenciado que he recibido, acudí a la manifestación a la cual nos convocaron. Había un poco de silencio y muchísimas dudas. De qué serviría llegar a protestar si somos una comunidad tan pequeña; a quién le interesaría escucharnos; cuál sería el siguiente paso por dar, y qué tendríamos que esperar en caso de que simplemente nos quedemos sin más presupuesto. Seguramente no era la única con ganas de preguntar, pero estando ahí no queda más que aplazar un poco todo esto que piensas. Para qué echar más leña al fuego.

Profesoras y profesores escribían carteles, igual que el resto de nosotras, procurando alentarnos a que inventáramos consignas y habláramos por el micrófono. ¿Cómo ha sido nuestra experiencia en el CIDE? ¿Por qué la desaparición de fideicomisos es tan grave para el rendimiento que procuramos tener? En un primer momento estas preguntas se sentían difíciles de contestar, porque reconozco el espacio de privilegio que tengo hoy, pero que probablemente he tenido siempre. Quizás merezco, quizás no. Aparece esta duda de nuevo.

Sin embargo, uno de mis profesores trajo a la mesa una pregunta más importante: ¿qué significa esta pérdida para la ciencia? A lo que agrego: ¿qué significa esta pérdida para el arte?

Después de un poco de impulso, varias y varios de mis compañeros y profesores se acercaron al micrófono para compartir un poco de su angustia. “Sin fondos para hacer trabajo de campo quedamos a oscuras”; “no podemos dejar de investigar si nuestro país necesita tantas respuestas”. Por supuesto que mucha de la preocupación descansa sobre las muchas cosas que aún no sabemos, que aún fallan y necesitamos corregir. Por otra parte, al igual que yo, estudiantes de muchos lugares de la República tendremos que permanecer en la incertidumbre sobre el destino de nuestros lugares de práctica y aprendizaje. Hablamos de 65 fondos CONACYT, FONDEN, FIDECINE y demás proyectos de emprendimiento y mejora que desaparecen. Por supuesto que las repercusiones de eliminar los fideicomisos irán más allá de solo “combatir corrupción e impunidad”.

Contrario a lo que podrían creer de una estudiante del CIDE, mis intenciones en este centro de investigación han sido las mejores desde que ingresé. Al igual que otros centros, hablamos de un lugar donde se genera conocimiento. Todos los días, dentro y fuera de las aulas, mis compañeras y yo hablamos sobre la desigualdad que, de entrada, supone nacer en México. Intentamos comprender las estructuras que provocan tanta falta de oportunidades y cómo podemos aterrizar en práctica todo esto que queda en bruto durante nuestras discusiones. Creo que poco de lo que ahora defendemos tendría sentido si nos llevamos de paso los pocos espacios que funcionan.

Muchas y muchos estudiantes deseamos compartir y nutrir la ciencia y el arte, hasta multiplicarlo más allá de los espacios que habitamos. Para cumplirlo, solo nos queda que esta oportunidad no desaparezca.

* Julia Anguiano (@73AnguianoMCR) es estudiante de 5o semestre de la Licenciatura en Políticas Públicas en el Centro de Investigación y Docencia Económicas sede Región Centro.