Redacción Animal Político · 21 de noviembre de 2022
Mientras en la COP27 se han discutido las grandes (in)acciones para lograr el cometido arbitrario de alcanzar un máximo de 1.5°C de calentamiento global, las consecuencias del cambio climático se están sufriendo ya por muchas comunidades en el día a día con efectos devastadores. En México, la comunidad de El Bosque, en Centla, Tabasco, es un ejemplo terrible de ello:
El pasado 7 de noviembre mujeres de El Bosque hicieron un llamado de auxilio. La comunidad de pescadores, ubicada entre la desembocadura del caudaloso Usumacinta y el Golfo de México, ha sido devorada por el mar desde hace más de 15 años y, desde hace un par, sobre todo en los eventos de norte, la marea alta es capaz de erosionar hasta 10 metros de costa y devorar todo lo que encuentra a su paso en sólo algunas horas, desde árboles viejos y postes de luz, hasta calles enteras. La vida toda puesta en las casas y los patios desaparecen bajo el vaivén del oleaje. Se han perdido ya alrededor de 30 casas, y otras 20, la primaria y el kínder están en la siguiente línea de riesgo.
Frente a esta situación que se agrava cada día más, la comunidad pide una reubicación justa y digna que preserve sus medios de vida a las instancias federales y estatales de protección civil, que están facultadas para ello.
Los nortes, por el cambio climático, son y serán cada vez más frecuentes e intensos. Además el nivel del mar ha aumentado y se prevé que no dejará de hacerlo pronto por el aumento de la temperatura global. El Bosque está pagando un precio muy alto por una crisis climática que no ha provocado. Necesitamos acciones urgentes para que el Estado mexicano responda a sus desplazados climáticos de manera ejemplar. El tiempo para la parsimonia burocrática ya pasó. Guadalupe Cobos, habitante de la comunidad, lo tiene muy claro:
“En el último año, mi comunidad ha sido afectada, casi destruida, por el cambio climático. Nuestra costa se perdió. El último frente frío, el pasado miércoles 16 de noviembre, azotó sin piedad. Urge nuestra reubicación, porque no creo que podamos aguantar mucho tiempo más. Antes escuchaba ‘cambio climático’ y pensaba en algo lejano, pero hoy lo estamos viviendo. Con mucha tristeza vemos cómo el mar se ha llevado todo lo que encuentra a su paso: cosas, casas, escuela… todo lo que puede. Nuestro patrimonio de toda una vida se acabó, no tenemos a dónde ir. Por eso pedimos a los gobiernos federal, estatal y municipal la ayuda para ser reubicados. Ya no tenemos tiempo. El cambio climático ya nos despojó de nuestras casas y nuestra comunidad completa está destruida, devastada… Estamos sin futuro y sin hogar”.
La esperanza de una reubicación todavía está viva, pero mora junto a la angustia y la incertidumbre de que la marea, en horas, sobre todo por las noches, puede pasar de estar embravecida a estar en los patios, debajo de la cama, sobre las calles y con un vaivén que desnuda los cimientos de las casas, transformando el sueño en vela y trajín, la tierra en aire y los hogares en ruinas.
Todavía confiamos en que las autoridades tomarán las decisiones correctas sin demora y sentarán el precedente de cómo atender estas situaciones, porque, como dice doña Celia, de El Bosque, quizá sean las primeras, pero no serán las últimas.
Tenemos el mar en la puerta. Necesitamos #SalvarElBosque. El reloj y la mar están corriendo.
* Juan Manuel Orozco es representante de Nosotrxs en Tabasco y oficial de proyectos en Conexiones Climáticas y Guadalupe Cobos Pacheco es habitante de El Bosque.