La salud se transforma con participación

Redacción Animal Político · 10 de mayo de 2025

La salud se transforma con participación

En los foros donde participo sobre temas de salud, escucho con frecuencia frases como: “hay que poner a la persona en el centro” o “las políticas centradas en las personas” o “la voz del paciente cuenta”. Estas expresiones, repetidas en los discursos gubernamentales, comunicados empresariales y posturas de organizaciones civiles, suelen quedarse en lo retórico y pierden sentido tangible. En la mayoría de los casos no existen espacios formales con reglas claras y representatividad que garanticen que la voz de las personas realmente influya en la toma de decisiones.

Dicho esto, el marco normativo internacional es cada vez más claro. La resolución de la Organización Mundial de la Salud de 2024 sobre participación social en salud pide a los Estados implementar procesos estructurados, periódicos y transparentes que garanticen la inclusión de la ciudadanía en la toma de las decisiones. Desafortunadamente, en México seguimos sin institucionalizar este tipo de participación, sin dotarla de reglas claras, capacidades públicas y recursos.

En el ámbito público nacional, si analizamos la legislación y el ciclo normativo en salud, la participación social tiende a ser más una aspiración retórica que una práctica concreta. Por ejemplo, los parlamentos abiertos o foros temáticos son más simbólicos y carecen de criterios claros de inclusión ni consecuencias prácticas.

Desde la iniciativa privada también existe la responsabilidad social de generar esquemas propios y estructurados para traducir la voz de pacientes, cuidadores, profesionales de la salud y comunidades diversas en decisiones que generen impacto real.

Colocar a la persona en el centro significa diseñar legislación, políticas públicas o corporativas desde la escucha y la consulta. Cuando se alcanza una interlocución más avanzada es posible llegar hasta la co-creación de propuestas o soluciones. La participación social significativa no es un acto simbólico ni una consulta esporádica. Tiene que ser un proceso institucionalizado, estructurado, incluyente, repetible y escalable, con reglas claras y objetivos concretos.

La participación social significativa no es un eslogan o una mera tendencia, sino  una forma de construir decisiones con legitimidad. Hay que incorporar la evidencia y datos cuantitativos, pero también la experiencia de quienes viven, sostienen y transitan el sistema de salud. Es así como pacientes, cuidadores, comunidades, sociedad civil, iniciativa privada, profesionales de la salud, y academia, entre otros, pueden ser incluidos e incidir activamente en las decisiones que les conciernen.

Un caso interesante que responde  a estos desafíos es el que organizaciones civiles articulan para impulsar propuestas construidas desde la escucha y la co-creación. Una de ellas es la agenda de Primero Nuestra Salud, que se impulsa desde 2024 por más de 80 organizaciones civiles, tras un proceso de consulta con grupos de pacientes y sus comunidades. Esta propuesta identifica tres necesidades fundamentales que deben garantizarse para que todas las personas accedan a servicios de salud que protejan su expectativa y calidad de vida:

  • Ser bienvenidas con acceso oportuno y trato digno.
  • Ser reconocidas sin importar su afiliación, diagnóstico o condición.
  • Ser protegidas con servicios de calidad, certidumbre jurídica y continuidad.

Cada una de estas necesidades se acompaña de cinco principios que funcionan como una brújula para orientar la transformación del sistema de salud. No se trata solo de una guía para diseñar leyes o políticas públicas, sino de un marco de referencia práctico para quienes toman decisiones o prestan servicios en todos los niveles. Esta  agenda, además de los procesos y comités consultivos que se tienen que crear, podría ser la base para evaluar, desde cualquier trinchera, si realmente se avanza hacia un modelo de salud centrado en las personas.

Transformar el sistema de salud en México hacia un sistema universal exige reformas legales, intervenciones específicas, inversión suficiente y voluntad política sostenida. Pero actuar por y para las personas no basta si no se comienza con lo esencial: crear las condiciones para escuchar con estructura, dialogar con responsabilidad, consultar con intención y co-crear soluciones.  Es así como se construye la corresponsabilidad y se pone a la persona en el centro de las decisiones. Solo cuando la participación social se lleva a una práctica concreta, pasamos del discurso a la acción. Y es así como hacemos realidad lo que tanto repetimos: poner a la persona en el centro de las decisiones de salud.

* Karla Mendoza Alcántara (@MxnoEtiquetas) es vicepresidenta de Asuntos Públicos y cofundadora de Agil(e), Experta en estrategia e incidencia pública.