Joel Aguirre · 22 de julio de 2026
Por José Eduardo Orellana Centeno, Mauricio Orellana Centeno, Verónica Morales Castillo, Javier Enrique Leyva Díaz y Alfonso Enrique Acevedo Mascarua
En las décadas más recientes se ha registrado una marcada reducción en la prevalencia de lesiones de caries en la mayoría de los países desarrollados. Este fenómeno de la salud bucal es objeto de debate constante y se atribuye a las siguientes causas:
Medidas de salud pública: como la fluoración del agua potable y el uso masivo de pastas fluoruradas.
Cambios en el criterio clínico: tendencia hacia la aplicación de medidas preventivas individuales y colectivas con tratamientos mínimamente invasivos.
Factores socioeconómicos: la mejoría en los estándares de vida y el énfasis gubernamental en la salud oral.
No obstante, esta visión del progreso a menudo ignora las realidades de grupos humanos específicos, como la comunidad indígena Pijao del Vergel-Calarma, en Colombia, donde la boca trasciende la óptica mecanicista y contiene diversas representaciones simbólicas que no deben ocultar las profundas inequidades sociales.
Desde una perspectiva bioética, la relación entre el profesional de la salud y el paciente debe estar mediada por el respeto a la autonomía y el reconocimiento de la alteridad. En muchas comunidades indígenas existe una institución sanitaria; sin embargo, su modelo de atención suele soportarse en la participación subordinada del paciente y en la exclusión de sus saberes tradicionales.
Cuando la odontología asume la prevención como algo inherente a la naturaleza humana tiende a señalar la presencia de enfermedades bucales como producto de la indisciplina frente a la indicación doctrinaria de la higiene oral. Esta postura asume la caries como una anomia social determinada por las características culturales del colectivo, eludiendo la responsabilidad profesional sobre la falta de mediación intercultural.
Dichas creencias no son exclusivas de comunidades rurales; forman parte del imaginario social urbano y son determinantes en el comportamiento referente a la salud. Estas valoraciones se transmiten por personas de confianza (familia, etnia) o mediante vivencias personales.
En el caso de las gestantes, el embarazo genera cambios físicos y hormonales que alteran la regulación salival, volviendo la cavidad bucal más susceptible a enfermedades. Surgen así creencias sobre la relación entre el sexo del bebé y la pérdida de calcio, o la idea de que la susceptibilidad crece inevitablemente con el avance del embarazo.
Es preocupante que algunas de estas creencias erróneas sean reafirmadas por el propio personal de salud. Esto infiere la existencia de brechas en la formación profesional, donde el déficit de conocimientos impide disipar mitos y orientar adecuadamente a las pacientes.
En la práctica, los dientes no están solo en la boca del paciente, sino que circulan entre los cuerpos de los odontólogos, los formatos de papel y las entidades tecnológicas (como el titanio de los implantes), desdibujando a veces la humanidad del sujeto detrás de la pieza dental.
El éxito de los programas de promoción y prevención contempla, necesariamente, lograr que los beneficiarios transformen sus comportamientos. No obstante, esta transformación no puede lograrse mediante una educación vertical e impositiva que genere sentimientos de culpabilidad. Cada persona está ligada a un contexto sociocultural que promueve creencias que emergen cuando son requeridas; son formas de aceptar el mundo y parte de su realidad.
La práctica odontológica del siglo XXI, bajo una visión de antropología bucal y bioética, debe:
Reconocer la boca como un espacio simbólico y no solo mecánico.
Integrar los saberes del paciente en el modelo de atención, evitando la subordinación.
Abordar la salud bucal desde la justicia social, reconociendo que las barreras físicas y mentales impiden la adopción de estilos de vida saludables.
Solo a través de una mediación intercultural genuina y un compromiso ético con la autonomía del paciente podremos pasar de una “odontologización” técnica a una verdadera salud bucal humana y comunitaria.♦
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*José Eduardo Orellana Centeno es médico estomatólogo, especialista en Bioética; maestro en Salud Pública y doctor en Educación. Mauricio Orellana Centeno es médico estomatólogo, especialista en Bioética y maestro en Educación y en Ciencias de la Investigación Clínica. Verónica Morales Castillo es médica cirujana con especialidad en medicina familiar y en Bioética, maestra en Administración y doctora en Alta Dirección y Organización de Sistemas de Salud. Javier Enrique Leyva Díaz es cirujano dentista con especialidad en cirugía maxilofacial. Alfonso Enrique Acevedo Mascarua es cirujano dentista con especialidad y maestría en Ortodoncia y doctorado en Ciencias Odontológicas.
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