Salmerón, el reflejo del machismo en la política mexicana

blogeditor · 23 de enero de 2022

Salmerón, el reflejo del machismo en la política mexicana

Desde que surgió el movimiento #MeToo a nivel mundial en 2017, se nos ha dicho a las víctimas de acoso y otros tipos de violencia sexual que las denuncias anónimas arruinan la vida de los acusados, que les destruimos el futuro y, en otras palabras, que el exigir una reparación del daño es injusto. Este discurso, además de ser revictimizante y estigmatizante, es completamente falso. Un ejemplo de cómo el abuso sistemático a decenas de mujeres no arruina la trayectoria profesional de los abusadores es el reciente nombramiento del historiador Pedro Agustín Salmerón como embajador en Panamá, por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador.

En 2019, impulsadas por la ola y el cobijo del movimiento #MeToo y #MeTooAcadémicos en México, decenas de mujeres, dentro de las cuales se incluían exalumnas del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como militantes de MORENA, alzaron la voz para denunciar públicamente las violencias y el acoso cometido por Pedro Salmerón. En este contexto las alumnas del ITAM, donde Salmerón trabajaba como docente, interpusieron una denuncia en las instancias correspondientes por el acoso sufrido a manos del profesor. Cuando el ITAM recién iniciaba la investigación formal derivada de las denuncias, Salmerón decidió renunciar de forma repentina, a medio semestre y sin explicación alguna.

Desde su huida del ITAM, Salmerón ha sido premiado por el Gobierno en turno con distintos puestos –uno siempre mejor que el anterior–, aun sin contar con las credenciales necesarias para ocuparlos, como sucede en el caso del cargo de embajador de México ante Panamá. Pedro Salmerón no solo no tiene ningún tipo de experiencia diplomática, sino que dentro de su trayectoria profesional y académica destacan algunos eventos que sugieren que es poco apto para asumir las responsabilidades que la representación de México en el exterior y ante otro gobierno exigen. Por ejemplo, sus alumnas fuimos testigos de la falta de compromiso de Salmerón ante su alumnado, ya que en repetidas ocasiones no asistía a sus clases y en muchas otras llegaba en un estado poco propicio para el ambiente académico y para la seguridad de sus alumnos.

Otro ejemplo de la falta de tacto y capacidad de diálogo de Salmerón –dos aptitudes necesarias para ejercer cualquier puesto diplomático– son las declaraciones que hizo en su calidad de director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) respecto del intento de secuestro que condujo al asesinato del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada en 1973 por parte de la  Liga Comunista 23 de Septiembre.

La República de Panamá, así como México, es un país con una larga historia de lucha, que ha superado intervenciones, dictaduras y otras adversidades, para consolidar la democracia de la cual gozan hoy en día. De igual forma, México debe procurar el respeto y la colaboración con nuestros países hermanos de América Latina. Ratificar el nombramiento de Pedro Salmerón no solamente enviaría el mensaje de que el gobierno está dispuesto a mandar a personas nada idóneas para el cargo solo por ser cercanas al poder, sino que también mandaría una señal inequívoca de que el gobierno de Mexico no tiene el interés de cuidar a las mujeres de la embajada con las cuales trabajaría Salmerón, ni a las mujeres panameñas en general.

Cientos de mujeres en México y Panamá nos hemos pronunciado en contra de este peligroso nombramiento que dotaría a un acosador sistemático de inmunidad diplomática. Ante esto, el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha escudado bajo el argumento de que no tiene conocimiento de que existan denuncias formales, es decir, ante un Ministerio Público, e instó a las mujeres a presentarlas. De gran importancia sería que no sólo el presidente, sino varios de sus adeptos como la senadora Martha Lucía Micher y la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, entendieran que las denuncias que presentaron las alumnas del ITAM ante las autoridades escolares son, efectivamente, denuncias formales. Además, en el ADR 8287/2018 la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que:

“(l)as  manifestaciones  de  colectivos  feministas  que  reclaman  omisión  e  inatención del  Estado  por  implementar  acciones  eficaces  que  eliminen,  erradiquen, resuelvan  y  otorguen  justicia  al  fenómeno  de  violencia  de  género  se caracterizan  precisamente  por  denunciar  diversos  actos  delictivos,  entre  ellos, femicidios,  violaciones, acosos, abusos, entre  otros actos  de  violencia  en  contra de  la  mujer  o  por  razón  de  género,  en  cuyas  manifestaciones  es  posible  el señalamiento  de  ser  perpetrados  por  individuos  particulares,  en  los  que  incluso son nombrados, cuando las  presuntas  víctimas tienen  conocimiento  de ello. De  ahí  que, cualquier  mensaje  que  se  ejerza  en  esa  forma  de  libertad  de expresión  debe  entenderse  bajo  ese  contexto,  esto  es,  solo en  el  reclamo  de  la falta  de  acciones  y  políticas  estatales  para  eliminar  y  erradicar  los  fenómenos de  violencia  en  contra  de  la  mujer  y/o  por  razón  de  género,  y  no  así  en  una manifestación  individual  para  perjudicar  o  dañar  la  imagen  particular  de determinada  persona,  especialmente  considerando  que  ante  la  falta  de mecanismos  y  procesos  eficaces  para  denunciar  un  hecho  de  abuso  sexual,  es la  vía  pública  el  único  foro  disponible  para  que  la  presunta  víctima  pueda  hacer valer  sus  manifestaciones  y  defensas, lo  que  cobra  relevancia  en  tanto  la democracia  exige un  alto  grado de  tolerancia  al  pluralismo  y  a  la  manifestación social  pública,  precisamente  porque  el  uso  y/o  apropiación  del  espacio  público es  el  cauce  (y  muchas  veces  el  único)  en  que  las  personas  pueden  expresar  y dar  a  conocer más  eficazmente  al  resto  de  la  población  o  a  las  propias autoridades sus ideas, pensamientos, inconformidades, molestias o reclamos”.1

A pesar de lo anterior, el presidente se empecina en insistir en que se presenten dichas denuncias. No obstante, habría que aclarar que la existencia de las mismas tampoco ha impedido que nombre a otros personajes igualmente señalados y denunciados por violencia sexual. Tal es el caso del excandidato a la gubernatura de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, quien acumulaba al menos tres denuncias por delitos de violación y otros tipos de violencia sexual, y no obstante fue apoyado reiteradamente por el presidente, desestimando a todas las mujeres que valientemente habían alzado la voz para impugnar su nombramiento. Salgado Macedonio finalmente no participó en los comicios electorales de Guerrero, no por las denuncias, sino por una multa emitida por el Instituto Nacional Electoral.

Ser mujer en México significa vivir en un país en el que el 98.6 % de los delitos sexuales no se denuncian por miedo a la revictimización, a las represalias; significa también enfrentarse a un gobierno que no sólo encubre sino premia a nuestros agresores, confiriéndoles siempre mayor poder como la herramienta más efectiva para acallar nuestras voces. Ser mujer en México es levantar la voz y que aquellos que perpetúan el pacto patriarcal nos digan que esas no son las formas, que le vamos a arruinar la vida a los hombres, que debimos de denunciar por otras vías y que cuando denunciamos de la forma en que ellos quieren, no importa porque al final es el pueblo quien debe elegir a sus líderes o porque nuestros agresores piden asilo en el extranjero.

Las mujeres, en México, en Panamá y en todo el mundo, merecemos más que esto.

#UnAcosadorNoDebeSerEmbajador

* Texto escrito por alumnas y exalumnas del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

 

1 Disponible aquí.