Redacción Animal Político · 4 de octubre de 2025
Ricardo Salinas Pliego, presidente de TV Azteca y Grupo Salinas, por fin dejó de lado el misterio y aceptó, aun no de manera oficial, que podría convertirse en candidato presidencial en representación de una alianza opositora.
Su primer anuncio lo hizo a finales de agosto durante una entrevista con el periodista Ramón Alberto Garza en el canal Código Magenta. Ahí el empresario alegó que no anda tras la Silla del Águila, pero que “si es necesario, haré lo que sea necesario” para, según él, actuar “por el futuro de nuestro país, nuestros nietos, nuestros hijos, nuestros bisnietos”.
Un segundo movimiento en su tablero se dio el jueves 11 de septiembre durante la presentación del algo que bautizó como MAAC (Movimiento Anticrimen y Anticorrupción), donde reunió a empleados suyos y algunos líderes de opinión que colaboran en sus canales. Finalmente, la noche del 15 de septiembre Salinas dio un mensaje a la nación donde se quejó amargamente de la actual situación del país, coronando su video con un trágico “¡Viva México!”, cual muestra fidedigna de que ya se vio.
De las cosas que Ricardo Salinas no va a transparentar es que para lograr su sueño de llegar a Palacio Nacional ha elegido el mismo molde que utilizó Donald Trump para llegar a la Casa Blanca. Como todo saben, Trump pavimentó su camino a través del “Make America Great Again” (MAGA), culto político-religioso de un falso patriotismo con el cual se alinearon millones de votantes de la Norteamérica blanca, profunda y pobre, que en algún momento se sintieron desplazados por las políticas liberales tras 8 años del gobierno de Barack Obama.
Lo que es un hecho es que las similitudes entre el neoyorquino y el chilango son asombrosas. De inicio ambos comparten rasgos de personalidad donde destaca la falta de empatía, un tosco narcisismo e inclinación por las patrañas. Como les gusta ser el centro de atención, no les importa polarizar y agredir señalando el físico o el origen de quien los desafía, sin importar que eso los muestre como misóginos, racistas o machos que llevan la rudeza innecesaria hasta sus últimas consecuencias. En el caso de Trump, ese rasgo le ha generado hartas simpatías, pero no se podría decir lo mismo del mexicano, o no al menos como para completar una base de seguidores que lo proyecte a ganar.
Es notorio cómo sus egos desatados les susurran que en cada escenario ellos son el alma de la fiesta, una característica que los ha empujado a abusar del “humor” del pastelazo, arena donde no manifiestan miedo al ridículo y en la que parecen sentirse más simpáticos de lo que en realidad son percibidos.
Tanto Salinas como Trump han mostrado a lo largo de su carrera un abierto desafío por las instituciones democráticas e inquietante desprecio por la ley, a la cual no se sienten sujetos si calculan que va a afectar sus intereses. Por eso constantemente se ven inmersos en litigios donde son capaces de retorcer o extender los procesos jurídicos para al final alcanzar acuerdos benéficos o victorias pírricas.
Empresarios agresivos que no temen dar pasos arriesgados, en el caso de Trump esa impulsividad de incursionar en donde no lo llaman lo ha colocado en la posición de declararse seis veces en bancarrotas, que para él es el paso previo a un nuevo préstamo bancario y otra reinvención. Debido a cómo están configuradas las leyes en México, Ricardo Salinas no ha podido usar dicho recurso por lo que ha tenido que cargar con la crisis de sus empresas, algunas de las cuales sobreviven apenas.
Célebres trolles de las redes sociales a las que utilizan para esparcir ideas o atacar a rivales políticos, los dos proyectan a tuitazos la imagen de hombres hechos a sí mismo, dispuestos a romper con las reglas establecidas por ese “estado corrupto”, que es a la vez némesis y sueño húmedo. Odian a los “comunistas” que pagan renta en sus paranoias y por lo mismo son bien recibidos como oradores en los eventos organizados por la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés), organización cuya misión es frenar el avance del liberalismo en todo el mundo a donde van, proyectando el regreso de los valores “cristianos tradicionales”.
Favorecido por los miedos de una sociedad a la que él mismo ayudó a confundir con su narrativa engañosa, Donald Trump logró llegar a la cima pese a lo básico del modelo descrito.
Sería un milagro que, siguiendo tales enseñanzas, Salinas Pliego lograra alcanzar el mismo nivel. En este punto es donde llega la sonada diferencia entre la ignorancia manifiesta de los seguidores de Trump, a quien ven como un enviado de Dios, y la natural intuición de los mexicanos menos favorecidos. Esa gran masa de votantes a la que no se ha cansado de insultar, y que ahora Salinas Pliego deberá ir a convencer de que elegirlo a él, que les ha cobrado al doble la plancha o el refri que obtuvieron en créditos chiquitos en Elektra, es mucho mejor que soltar la ubre de recursos que desde el Gobierno Federal han estado fluyendo desde diversos programas de ayuda social.
Ese es el gran reto que enfrenta el candidato Ricardo Salinas, cuyo desprestigio no parece que vaya a afectarlo tanto como su inocultable clasismo. Sin mencionar que, para seguir con sus sueños presidenciales, primero deberá de resolver todos los problemas legales que enfrenta en México y en Estados Unidos.
A punto de morder una hamburguesa y beber de su Coca de lata, desde su escritorio ejecutivo con ribetes dorados, el abuelo Trump le recomendará: “You can do it, uncle Ritchie; you can do it”.