Jorge Hill · 13 de diciembre de 2014
Ay, amis… ¿¡vieron lo de la peladez en el Nobel?!
Habría que empezar con lo necesario y básico, ya que uno aprende que la mayoría de la gente lee lo que quiere leer aunque el texto diga lo que diga: no pienso que Adán Cortés, quién irrumpió en la entrega del Nobel de la paz a Malala Yousafzai y Kailash Satyarthi, sea un “héroe”.
Ni siquiera entiendo -o quiero “entender”- qué sea hoy un “héroe”. Un hoy en el que las palabras “genio”, “terrorista”, “misógino”, “artista” y la misma “héroe” se avientan como si nada, a quien sea, cuando sea y desde el discurso que sea. Cuando los estándares de nuestra nebulosa posmodernidad son tan bajos, cualquiera es cualquier cosa, navaja de doble filo que llena tanto de sueños como de pesadillas diarias.
Adán Cortés es una persona que vio una oportunidad para mostrarle al mundo lo que pasa en México, la tomó, y sí, eso necesita de valor, uno que no todos tenemos. ¿Qué mejor oportunidad de llamar la atención a este desgarrado país, a sus desequilibrados poderes, a la gran farsa que es su supuesta repartición de riqueza y oportunidades, a su grotesca corrupción que llega hasta los puestos más altos y a su violencia rampante e impune que en un evento que iba a ser mirado por la gran mayoría de los defensores de derechos humanos con más influencia en el planeta?
CÓMO TE ATREVES a llamar la atención sobre miles de asesinatos en un evento visto por todos los defensores de DDHH del mundo, @adan_cortes_
— Compa Mario (@mareoflores) diciembre 10, 2014
Pero no vengo a escribirles de Adán. Como es costumbre en El Congal, vengo a escribirle de usted, o de nosotros, o de algunos otros ustedes. El caso de Malala es impactante y conmovedor, luchar por el derecho a la educación libre de mujeres y niños entre talibanes te gana balas. Es una de las represiones más claras y descarnadas que puede haber. El castigo por salirse de la moral intersubjetiva (como lo son todas las del planeta), en sus tierras, es la muerte, o por lo menos el intento de asesinato, de invisibilizar una idea peligrosa para aquellos en el poder o que teniendo poder, buscan más. ¿Una heroína? Ahora sí, no se lo puedo negar, no tengo por qué, ni con qué, y en primera: ni quiero, concuerdo con usted.
No habían pasado cinco minutos de la irrupción de Adán en el Nobel, para que la bonditud surgiera hasta en algunos que ya se habían visto muy calientitos y medio agarrando el pedo con todo lo que ha pasado últimamente en México.
Les ganó la mexicanada, la mexicanidad, la tradición servil de los chingados que nos advierte, desde un abismo oscuro de la cabeza, que “Ay, no, ahí ya no, mano, ahí ya no, mana… eso sí ya QUÉ OSO”:
Qué oso fallarle al patrón, qué oso que nos vean los señores de la blanquitud civilizada del primer mundo (ese primer mundo más auténtico, no esa gringada dictatorial doblecara disfrazada de “libertad y democracia” a la que tanto aspira el mexicano promedio y que va nutriéndose de más números mientras más al norte nos vayamos), qué feo que allá donde se vive bien y bonito nos vayan a ver tan pinches desprotegidos y pedinches, tan vulnerables, tan jodidos e impotentes como en realidad somos y estamos; qué oso porque abue y mami y tele y radio nos enseñaron que la ropa sucia se lava en casa, qué vejación porque de mínimo tendría que haber estado menos moreno “el chavo” y pues qué nacada hacer esas pinches peladeces de gente sin buena cuna, qué afrenta que la chairiza ya se haya hasta internacionalizado, qué humillación que se nos desprestigie (a mí no me incluya en sus pendejadotas, “de favor”) internacionalmente así en un evento tan bien y tan fino y nice como es el Nobel (Sartre y otros no estarían ni tantito de acuerdo, pero ese, ese es otro gran tema, maigos), vaya ultraje que alguien interrumpa “como Kanye West” (las referencias, cagadas las de broma consciente, de miedo y terror las “de en serio”) el OscarEmmyGrammy de esos que no son de la artistiada y de la cantada pero también son importantes por algo, ¡vaya escarnio que el amigo borracho le eche a perder su momento a la quinceañera!
Confieso q me encantan los argumentos estilo “le echaron a perder su momento a Malala”. Como era su fiesta de 15 años… — Daniel Moreno (@dmorenochavez) diciembre 11, 2014
*Allegro de la Primavera de Vivaldi como soundtrack en las imaginaciones de nuestros “indignados”*
“Malala se llevó el Nobel y logró lo que logró con un blog y llevando niños a educarse entre balas, no haciendo protestas” es el fondo de muchas formas en las que he visto ese tuit, esa frase, ese comentario.
Si bien la primera parte es correcta, el axioma que intenta lograr se da un brinco muy directo hasta casa de la chingada, uno de esos lugares a los que a la gente le encanta irse para encontrar “lógica”, esa que tendrían frente a las narices si no estuvieran confundidos entre “espejismo de coherencia” y “lógica”. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Nada, una chingada partida a la mitad, pues. ¿Para qué darles un encontronazo? Para convertir, mediante la irracionalidad y la incoherencia, una moraleja que funcionaría para todos los que “lo están haciendo mal”, para “enseñarnos el camino”. Discúlpeme usted, abanderado de tremenda disfunción discursiva y lógica, pero sigo prefiriendo las fábulas de animalitos, los mitos urbanos y las historias de horror que nos dicen qué es bueno y qué es malo, tienen mejor estructura y sí se puede aprender algo de ellas. Vaya a moralizar con fallos lógicos a sus nietos -y a los millones de mexicanos que se la creen y todavía caen en estas-, pues.
Sale a relucir nuestra agachona, costumbrista, tradicionalista y chingada mexicanidad.
Es todavía más cómico cuando entiendes que la misma gente “indignada” por la irrupción, llamaría “chaira” a Malala si fuera mexicana.
— Hill (@jorgehill) diciembre 10, 2014
No fue Adán el que sacó la garra ni el cobre, fueron los mexicanos de siempre y los que ya se habían separado un poco de estar siempre en los de siempre.
“Un pasito pa adelante, cinco para atrás, un pasito pa adelante, cinco para atrás”. Le regalo la frase a cualquier músico que quiera hacer “la cumbia histórica del mexicanito”, me la echaba yo pero no le hago a esos géneros, disculpe usted.
Nuestras limitaciones moralinas, nuestras lecturas engrilletadas al capricho de cadenas que se pierden en los lugares más profundos y oscuros, ahí donde no nos gusta voltear a ver, no vayamos a encontrarnos a nosotros mismos para poder resurgir desde ahí, ave Fénix que prefiere seguir siendo moscardón panteonero: no vaya a ser que uno se dé un quemoncito (obvio y seguro) de bajada. “¡¿Qué van a decir los Limantour?!”
Y aún así, no entendemos lo básico de la manifestación y de la protesta -y no es que se tenga gran esperanza-: que le vale tres kilos de reata aplanada, que irrumpir es lo que la hace, que lo que quiere lograr no es “cambiar algo de un día al otro”, que su intención, función, logro y éxito está simplemente en visibilizar. Que en un país como el nuestro, donde los poderes han creado una nata lo suficientemente densa y funcional para regocijarse entre ellos mismos, no existen verdaderos instrumentos o instituciones para que el ciudadano tenga injerencia sobre el poder mismo que dice haber sido creado, elegido y legitimado por mentado ciudadano.
El disfraz de democracia lleva siendo el más popular, mundialmente, en nuestros sistemas políticos y económicos desde hace muchos Hallowens.
Que no hay de otra por el momento, pues, si no ha entendido.
La protesta es disruptiva o no es. — José Merino (@PPmerino) diciembre 10, 2014
“¿Pero qué culpa tengo yo? ¿Qué culpa tenemos los normales?” Encuentro irrisoria esta retórica, porque se pregunta en serio tan seguido, porque es una realidad compartida, un delirio compartido, histeria colectiva, folie á plusieurs. El zócalo del Distrito Federal no alcanza para poner a dar vueltas en la periferia a nuestros normales hasta que lleguen a la conclusión, a través de la mayéutica, que la respuesta está en la pregunta misma.
Dudo que la ironía socrática pueda ser método cuando nuestras actuales figuras y referentes de “pensamiento”, “reflexión” e incluso “sarcasmo didáctico” para las masas son Dóriga, “los artistas del momento”, Youtubestars y Tuitstars. Estos últimos dos, me queda más claro hoy que nunca lo que son en cuanto a contenido, capacidad, calidad de opinión y desarrollo: el Televisa-TVAzteca de internet, la tradición y el legado llevado (consciente o inconscientemente) a un formato ya ni tan nuevo y pseudoindependiente. Las excepciones se cuentan con los deditos de un manco y la esperanza que muchos pusimos en internet hace años, hoy parece desvanecerse o decirnos “igual y sí, papáwh, pero en unos 15 añitos, si todo va más o menos bien, el discurso general cambia y el Peñita-bombón le da compus blancas a todos los mexicanos con ayuda de Videgaray, la Gaviotirri y sus dadivosísimos amigos en común de Grupo Higa”. O no, esas cosas son muy peligrosas para los señores de arriba, son del Diablo.
http://youtu.be/VGZlsBczZ60
Adán, entonces, no es un héroe, sólo entiende lo que tantos todavía no: el cambio no está “en uno mismo”, pare de mamar y voltee a ver la nata de poder encima de usted.
Adán no hizo un “oso” ni dejó mal a nadie, eso se lo inventó usted en su cabecita llena de aspiraciones inyectadas por comerciales entre telenovelas, series y pelis de mucha tensión y atsión y tuists sosprendentísimos. No, usted no es un manipulado por los medios ni un pendejo sin voluntad, más bien fue su voluntad la que dijo “Va, sí, sí a todo, como la traigas”.
Adán llevó un tema a donde cabía y correspondía, sabía que sacrificaría cosas en el proceso, un asilo, la habladuría confundida e insulto irracional de sus compatriotas bonis y bonis wannabe (nuestra mayoría) que no pueden salir de la más fácil, típica y simple de las falacias, la ad hominem, el pan nuestro de cada irracional día, aquí, en Banana Republic.
Y tal vez usted que lee esto, estaba cruzando los dedos -como muchos que he leído- para que Adán resultara “también” un “terrible poeta mugroso robadoritos con una mamá”, como aquel Sandino, como eso que más de cinco brincos consecutivos hacia la incoherencia le hicieron creer que tenía una “victoria” contra “chairos defensores de su supuesto héroe” y del “héroe” mismo, cuando se llamaba a la irregularidad del protocolo, a la violencia e irregularidad de la detención, a la amenaza tácita que aparece en ella para toda la población y a que no queremos que ni usted, señor don normal que pelea con fantasmas en su mente, sea algún día confundido con un “pelafustán” y se le trepe de la misma manera y acabe llamando a su mami peor de apanicado y gimoteante después de haber sido trepado, golpeado, interrogado, amedrentado e intimidado como el mal poeta (sí, es malísimo, la neta) o los 11… o los tantos que no ve por andar vociferando y escupiendo al cielo con los ojos cerrados cuando no hay viento.
O esos que sólo ve cuando la cosa es nice y no irrumpe. Cuando es de gente bien.
Si la policia mexicana hubiera estado a cargo de la seguridad en el Nobel, Adán estaría libre y Malala -con otros 30- arrestada y golpeada
— Daniel Moreno (@dmorenochavez) diciembre 11, 2014
Pero tengo que agradecerle personalmente, y espero que en representación de muchos. Sin gente con aspiraciones nice, bonis y de “normalidad”, la protesta y la manifestación no serían posibles: necesitan irrumpir en un status quo, ese del que usted forma parte o del que le súper urge hacerlo. “¡Privilegios efímeros y fantásticos, ahí voy! ¡Actívense!”.
Diría Eros Ramazotti con su espantosa voz gangosa (y por favor cante conmigo):
¡Graaa-cias por exiiii-stir!
P.D.: No es que quiera uno poner el dedo en la llaga, pero Malala está en -obvio- acuerdo y apoyo a Adán Cortés. Tal vez eso le diga algo sobre sus propias prioridades y lecturas de la realidad -o no, la chaqueta mental tiene un poder que ni la Genkidama-.
P.D.2: No es que quiera uno poner el dedo en la llaga II, pero Adán no se arrepiente aunque eso le haga perder su asilo en Noruega.
No es que quiera uno poner mucho dedo en tanta pinche llaga, pero… chale. Ya chínguele tantito, sólo hay que aceitar la ruedita del hamster si lleva mucho tiempo sin usarse. Va a ser bienvenido, casi se lo puedo asegurar. Por esos lares sí se ejercitan esos olvidados conceptos de “entendimiento” y sobre todo, de “empatía”, esa que le proyectó a Malala, y ella ejercita, pero usted se la pasa entre huevos u ovarios, y así sigue, como si nada.
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