blogeditor · 24 de agosto de 2012
Es común, normal y sano, digo yo, que una vez que se apaga la llama, se encienda la mecha. Qué se hizo bien, qué se hizo mal y qué rayos no se hizo alrededor y dentro de los juegos olímpicos. ¿Tendríamos derecho a preguntarlo? yo digo que sí, puesto que a diferencia del oro de futbol, donde la preparación y comercialización del TRI depende de dineros particulares, la del resto de los atletas y sus federaciones es dinero público, suyo, mío y de quienes sí le entramos con Hacienda. Por lo tanto a mí sí me suena justo que uno se cuestione o se presuma, según sea el caso, del uso de esos recursos (entendiendo por recursos no solo el dinero, sino también a los atletas, entrenadores y quienes administran, dirigen y grillan, que son recursos humanos de repercución moral que dependen del erario público).
Es indudable que la inercia de los Juegos Panamericanos ayudó a muchos deportistas y muchos deportes y al reflector de muchos directivos, a mejorar sus marcas, tiempos, perspectivas y sueños. Juntar un ciclo de panamericanos a uno de olímpicos dio una continuidad solo antes vista rumbo a los juegos del ’68 donde participaríamos en todos los deportes y había que lograr la mejor representación posible, logrando treguas y sinergias en federaciones e instituciones políticas. Así se hizo para México 68 y así se pretendió para Guadalajara 2011: infraestructura, apoyos y treguas. Sí, treguas en federaciones “aviadoras” como el caso del basquet que a 10 días de los Juegos Panamericanos no se sabía si habría torneo, y mediante treguas y arreglos el torneo se realizó con dos platas enormes, cuyo merito correspondió exclusivamente a los y – sobre todo- a las jugadoras. Por interés nacional, político, cultural y deportivo se logró que todo fuera armónico. Pero ¿podría eso repetirse en un ciclo olímpico?
No es solo administrar el deporte y sus recursos lo que se necesita. Ya sabemos que dinero hay, pero que de nada sirve seguirlo mandando a los mismos bolsos rotos por los mismos vicios sucios. Sí se pueden administrar recursos los y las instituciones para preparar gente. Se tienen licenciaturas, maestría y doctorado, pero atreverse a sanear instituciones, federaciones, asociaciones y ligas, ¡es lo que urge! y ahí se requiere de valores y valentías. Los Juegos Olímpicos aportaban una tregua para todos los pueblos en guerra, pero las guerras continuaban. Urge que nuestro deporte federado revierta eso, nuestras federaciones, asociaciones y ligas deben ser lugares sanos, saludables y seguros para atletas, para jovenes, para niñ@s…hoy tristemente no lo son en su gran y vergonzosa mayoría. Grillas, abusos, acosos, injusticias, procesos selectivos oscuros, nepotismo, fraudes, componendas, errores administrativos, concesiones, lucro, burocracia y trampas son algunas de las enfermedades que impiden la salud en la estructura deportiva.
Sí, Bernardo de la Garza ha sabido administrar, pero urge que se anime a sanear o que lo haga el que sigue. Pero también se requiere que nosotros aportemos algo muy importante: urge que adoptemos costumbres y hábitos más sanos. Nuestro país es el de mayor obesidad infantil en el mundo, lo que significa que para los Juegos Olímpicos del 2020 mientras que los chinos, coreanos, italianos, serbios, colombianos, etc. estarán puliendo la técnica, la estrategia y dando fogueo a sus promesas olímpicas, nuestras promesas serán escasísimas puesto que habremos ocupado ese tiempo en estarlos tratando de bajar de peso.
Los Juegos Olímpicos comprueban que somos los Mexicanos somos, clavados, somos sincronizados, que estamos al tiro, que a patadas logramos las metas, pero también que todo nuestro deporte federado es con obstáculos.