blogeditor · 15 de marzo de 2022
Hay tres colores que me regaló este país poderoso y mágico donde las mujeres alzan el puño apretado para exigir justicia, donde escarban la tierra en busca de sus seres queridos, donde -sin importar el tiempo- el cuerpo violentado llama a reclamar justicia, donde ahora mi vida florece con el cactus, el nopal y la no me olvides.
En la Ciudad de México uno se lo encuentra en cada esquina el rosa que quieren las flores encendidas, está en los muros atravesados de veraneras enormes que llegan a las ventanas y los techos, está en los tejidos, los huipiles, en la trama y la urdimbre, y los hilos que se dejan trenzar y amarrar por las manos de las sabedoras. A veces si uno se detiene en los atardeceres lo ve asomado en las nubes.
De ese rosa quiero llenar el espíritu cuando hay felicidad y se lo tengo prometido de regalo a mi mecedora de Pátzcuaro que espera que la pinte un día de estos. Pero en este mundo de contrastes, ese rosa me persigue en cruces desde Juárez, marcha cada vez que se puede con las mujeres, representa el feminicidio, el dolor de la muerte asesina, de hijas y madres, las que contando estamos, las que cada vez son más cuando le rascamos a la cifra del homicidio doloso de mujeres en cada estado.
Si me dijeran que tengo que vestir a las niñas de rosa les diría que les pregunten y se darán cuenta que también las peques saben hoy que la muerte ronda por la cruz rosa, que ellas son las primeras en preguntarse ¿por qué? y ya saben que hay tanta muerte y vida en ese color que también lo pintan en sus carteles.
El color que le sigue en asombro es el azul maya. Este color que no es turquesa ni añil, el tinte que logra perdurar a pesar del tiempo, el color místico y asombroso que se niega al olvido. Tal vez por esa razón en mi pensamiento lo relaciono con las almas de las buscadoras, por su inagotable y renovada tarea de todos los días hasta encontrar a sus familiares desaparecidos.
A ellas no las verán felices, algo falta, alguien no llega ya como siempre. La voz de estas mujeres es una conciencia para la sociedad mexicana, que tiene el problema, ya lo dijeron varios pensadores, de mirarse al espejo. Ahora el espejo es femenino, la raíz los llama.
Podrán los dirigentes objetar la búsqueda, hacerse sordos y ciegos, pero ahí siguen ellas tocando repetidamente a las puertas de la justicia. Venga señor alcalde, gobernador y presidente, busque conmigo. Venga amiga del mercado, vecina, compañera, usted que es madre y siente sabe, venga dese cuenta caminando conmigo. Eso yo lo oigo, como lo escucha la monarca que atraviesa de norte a sur y viceversa estas tierras, sabemos que la cifra va casi en 100,000 personas desaparecidas que son reconocidas por el Estado y crece.
Municipios con más de 100 mujeres Desaparecidas y No Localizadas a 31/12/2021
MAS DEL 90% DE LOS FAMILIARES QUE BUSCAN A PERSONAS DESAPARECIDAS EN MÉXICO SON MUJERES
Y cerrando mi paleta de nuevos colores no podía faltar el color de la jacaranda. Cuando llegué del sur le dije a mi compañero que quería vivir en una calle donde viera al menos una florecer y se me cumplió. En marzo el malva, lila, violeta o morado, depende de la luz del día, aparece en las copas de estos árboles y pinta las calles, las vuelve ríos de pequeños pétalos que te dicen al oído que la belleza es posible aunque el día pinte mal.
Esta visión se multiplica el 8 de marzo en Reforma, donde miles de mujeres salen a marchar por muchas razones y todas ellas tienen que ver con sus derechos, con uno en particular que solo está legislado en este país y se llama: el derecho a una vida libre de violencia.
Solo que en México la violencia contra las mujeres no es una sola, se debe nombrar en plural.
Decir violencias es reconocer un ciclo perverso donde se escala, se pasa fácilmente de desaparición de mujeres al feminicidio, de la violencia sexual a la trata de mujeres y niñas, del reclutamiento y uso de niñas por los grupos de delincuencia organizada a la prostitución infantil y esclavitud sexual, y la mezcla continúa según cada contexto.
Además de lo anterior las mujeres marchan por la igualdad de género, por el derecho a decidir sobre su cuerpo, por la libertad en el sentido amplio del concepto. De todas las edades, de todas las creencias, de todos los movimientos, víctimas, acompañantes, mujeres solidarias y que tienen algo que expresar a la sociedad invaden las calles. Gritan sin miedo y fuerte para que el país y el mundo entero escuche.
Ahora se expresa una nueva lucha, que los delitos sexuales no prescriban en ningún lugar del país.
Dentro de lo que entendemos como este tipo de delitos se encuentran las violaciones sexuales, abuso, acoso y hostigamiento sexual. No siempre estos delitos son denunciados por las niñas y mujeres, lo cual implica que no son investigados y que se quedan impunes. Esto sucede además porque pasado cierto tiempo el delito prescribe, con lo cual ya no hay acceso posible a la justicia de todas aquellas víctimas que por fin pueden expresar lo que les sucedió.
Mis tres colores me hablan de dignidad, se humanizan y se vuelven camino que cuenta historias, que guarda memorias del cuerpo, de la familia, de la identidad.
Habrá esperanza cuando tejamos con ellos las trenzas solidarias de las mujeres y las niñas que luchamos para conservar el legado de nuestras antepasadas y construir un mejor país, en derechos y libertades para las que vienen.
* Silvia Patricia Chica Rinckoar es directora del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (@IMDHyD).