Rocha Moya: una crisis agravada

Joel Aguirre · 24 de agosto de 2026

Rocha Moya: una crisis agravada

Sin duda vivimos un fin de semana insólito en materia política. El gobernador Rocha Moya decide interrumpir su licencia y volver a ejercer su cargo, lo que desata una cascada de pronunciamientos que, primero, hacen ver esa medida como una decisión personal que no fue consultada ni con el gobierno federal ni con el partido en el poder. Después, abiertamente, algunas de esas voces invitan al gobernador a reconsiderar su decisión. Rocha termina solicitando de nuevo licencia.

La especulación es inevitable respecto de lo que ocurrió en esas horas, pero difícilmente las relaciones en la cúpula del poder volverán a ser como antes. Me parece que más allá de leer este hecho insólito en clave de ajuste de cuentas política, no podemos dejar de advertir las novedades judiciales del caso.

García Harfuch asiste a una reunión de la DEA en Argentina; el contralmirante Farías es entregado tras un interrogatorio del FBI en Buenos Aires; el auxiliar del enemigo político de Rocha, testigo del secuestro del Mayo, es apresado; el general Mérida, exsecretario de seguridad de Rocha, sale de prisión en Nueva York.

Y por si hiciera falta, Terry Cole, director de la DEA, reitera que hay funcionarios de alto nivel del gobierno mexicano que tienen vínculos con los cárteles del crimen organizado, que tiene comunicación diaria con García Harfuch, que intercambia información de objetivos del gobierno estadounidense, de organizaciones terroristas (cárteles) y que participa dando apoyo a operaciones realizadas en territorio nacional. Es decir, reitera verdades que incomodan. 

Se avecina una nueva embestida

La novedad es la cantidad de pruebas o indicios que se conocerán en estos días, eso es lo que parece haber alterado el equilibrio político preexistente. El discurso que colapsó desde el viernes es el de la ausencia de pruebas. Si se sostuviera, no habría razón para invitar a Rocha a que reconsiderara. La crisis se agrava. Y da la impresión de que el alud de pruebas va más allá del aún gobernador con licencia de Sinaloa.

Es evidente que se avecina una nueva embestida y que la inacción gubernamental en cuanto al vínculo de los altos mandos con la delincuencia ha empezado a colmar la paciencia de Estados Unidos. Eso es lo que está provocando la crisis en Morena.

No pasará mucho tiempo para que conozcamos cómo se dará el reacomodo de fuerzas al interior de Morena, y sobre todo si dicho reacomodo va a implicar la continuidad o el fin de la impunidad. Hasta ahora han sido la única administración federal que no ha iniciado ningún procedimiento en contra de los suyos. No creo que sea una práctica sostenible.

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