El río Santiago: compromisos sobre la mesa y acciones pendientes

Redacción Animal Político · 1 de octubre de 2025

El río Santiago: compromisos sobre la mesa y acciones pendientes

En los años sesenta el río Santiago, ubicado en Jalisco, era un caudal saludable y limpio. Hoy, su nombre es sinónimo de abandono. La cuenca, que atraviesa municipios como El Salto, Juanacatlán, Guadalajara y Ocotlán, se ha convertido en receptora de contaminantes, enfermedades y degradación ambiental.

En 2025, se anunció el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2026, que contempla mil 347 millones de pesos para el saneamiento del río Santiago, considerado uno de los más contaminados del país. Sin embargo, la pregunta clave sigue siendo: ¿existe un compromiso real para sanear el río Santiago?

El diagnóstico actual: mucho ruido, pocos frutos

El informe del gobierno de Jalisco en 2024, Recuperación Integral del Río Santiago, expone la estrategia “Revivamos el río Santiago”, orientada a la recuperación y conservación de las condiciones ambientales y sociales de las cuencas de los ríos Santiago y Zula.

El plan incluye ordenamiento territorial, saneamiento del agua, restauración de ecosistemas, participación ciudadana, gobernanza, monitoreo y evaluación.

No obstante, los resultados muestran rezagos significativos. Las aguas residuales, las descargas industriales y las prácticas agropecuarias con químicos siguen siendo factores críticos de contaminación. Además, las comunidades cercanas al río continúan reportando afectaciones graves a la salud.

Anuncio federal 2025: 7 mil millones para Lerma-Santiago

En febrero de este año, la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Alicia Bárcena, anunció que el gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, destinará 7 mil millones de pesos al saneamiento de la cuenca de los ríos Lerma y Santiago.

De este monto, 500 millones de pesos se aplicarán en 2025; el resto está proyectado para el periodo 2026 – 2030, como parte de un programa federal para restaurar los ríos más contaminados del país.

En un evento en Casa Jalisco, junto al gobernador Pablo Lemus, la funcionaria detalló algunas de las estrategias contempladas:

  • Preservación de humedales.
  • Restauración de riberas con técnicas hidrológicas.
  • Construcción de plantas de tratamiento y colectores.
  • Inspección y vigilancia ambiental coordinada entre Conagua y Profepa para evitar descargas contaminantes.

El daño ya visible

Las comunidades más afectadas como El Salto, Juanacatlán, municipios del tramo metropolitano de Guadalajara y las zonas bajas del río continúan reportando problemas de salud relacionados con la contaminación: enfermedades renales, problemas dermatológicos, daños digestivos y enfermedades respiratorias.

Estudios han detectado niveles de metales pesados y materia orgánica contaminante que superan los estándares permitidos en varios puntos de la cuenca. Estas consecuencias no son solo sanitarias, también sociales y económicas: disminución de la calidad ambiental, riesgos para la agricultura y la pesca local, y afectaciones a la vida cotidiana de quienes dependen del río.

Promesas que avanzan, retos que persisten

Entre los aciertos recientes destacan:

  • La ampliación de la planta de tratamiento de El Ahogado y la construcción de nuevas plantas y colectores, que podrían beneficiar a las zonas con mayor afectación.
  • El anuncio de los 7 mil millones de pesos federales, que representan un compromiso relevante y con potencial de ser un parteaguas si se acompaña de diagnósticos serios, vigilancia institucional, participación ciudadana y seguimiento técnico.
  • Una coordinación incipiente entre entidades federales, estatales y municipales, así como visitas de diagnóstico que podrían definir líneas de acción más precisas.

Sin embargo, los retos siguen siendo enormes:

  1. Cumplimiento real de descargas industriales. Muchas industrias siguen operando sin un tratamiento adecuado de aguas.
  2. Transparencia y seguimiento efectivo. Los diagnósticos deben ser públicos, comprensibles y contar con cronogramas claros y responsables definidos; las comunidades deben participar activamente.
  3. Visión ecológica integral. Se requiere restaurar ecosistemas, proteger humedales, recuperar suelos, preservar la biodiversidad y fomentar prácticas agrícolas menos contaminantes.
  4. Presupuesto garantizado y calendarizado. Los 500 millones de 2025 son apenas un inicio; los recursos proyectados para 2026-2030 deben blindarse con reglas claras y mecanismos de vigilancia que eviten desvíos.
  5. Seguimiento legal. Los compromisos a futuro deben incluir obligaciones verificables y sanciones en caso de incumplimiento.

En conclusión

El río Santiago representa para Jalisco y para México una encrucijada histórica. O invertimos en dignidad, salud y justicia ambiental, o perpetuamos una tradición de promesas incumplidas.

Los recientes anuncios federales en materia presupuestal y de colaboración institucional son señales alentadoras, pero no garantizan por sí mismos una transformación.

Las miles de personas que viven junto a sus orillas ya no piden discursos: exigen agua limpia, atención médica, reparación y una cuenca que deje de ser sinónimo de enfermedad y abandono. Si “Revivamos el río Santiago 2050” logra convertirse en un hito, será porque los presupuestos se tradujeron en acciones con control, participación y transparencia. De lo contrario, será otro esfuerzo olvidado, con consecuencias que seguirán cobrando vidas.

Un ejemplo alentador viene de Chile: en 1997, la empresa Aguas Andinas lideró el proyecto Mapocho Urbano Limpio, que saneó el río en solo 12 años. La iniciativa permitió erradicar enfermedades infecciosas, recuperar ecosistemas y devolver a la ciudad una fuente de vida.

* Cassandra Buenrostro Montero es licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública, especializada en análisis político y gestión pública.