blogeditor · 10 de julio de 2020
¿Qué puedo decirles de mí que no sepan ya gracias a esos que nunca mienten? Llevo gafas. Como nací el 9 de octubre de 1940, no soy el primer Beatle. Es Ringo, nacido el 7 de julio de 1940. Aunque no fue Beatle hasta mucho más tarde que el resto de nosotros, y estuvo tonteando en Butlins y eso antes de comprender dónde le aguardaba su amargo destino.
John Lennon; The Beatles Anthology. Chronicle Books, 2000.
El lugar común más común para señalar a una figura como Ringo Starr dice que el baterista -quien en realidad se llamaba Richard Parkin, aunque líos familiares con los apellidos lo hicieron llevar desde pequeño el de “Starkey”, con cuyo apócope pasó a la historia- es el ejemplo vivo del ser humano que, por causas solo atañibles a la diosa fortuna, estuvo en el momento justo, dentro del lugar exacto y a la hora indicada para que la casualidad lo inscribiera como integrante de la agrupación musical más famosa de todos los tiempos. Ringo ya debe estar harto de eso, esto es, de ser considerado el “músico de relleno” dentro de The Beatles, el baterista prescindible que a lo largo de prácticamente una década solo dedicó sus talentos a acompañar pie juntillas los dictámenes e instrucciones de los otros miembros de la banda que, caray, no podían integrar una verdadera agrupación de rock and roll si no tenían dentro de sus filas a un baterista dócil, dispuesto siempre a seguir instrucciones.
“(Hacia fines de los años cincuenta) mi padrastro Harry fue a Romford -barrio del municipio de Havering, cercano a Londres- y vio que había una batería en venta por 12 libras. Toda la familia aportó dinero para comprarla y Harry se trajo la batería a Liverpool. Me la regaló por navidad. Hasta entonces yo había tocado una hecha a base de latas de galletas y trozos de leña. En cuanto tuve la batería la instalé en mi dormitorio y me puse a practicar como un loco (…). Mi carrera comenzó en esa época”. Por su cuenta, Ringo Starr tenía más horas de vuelo acumuladas al frente de su intrumento que cualquiera de los músicos a los que conocería después. “Hice mi aprendizaje, me convertí en un profesional. (Con las bandas en que estuve) tocábamos en otros lugares y regresábamos a Liverpool. Eso era lo que yo hacía mientras John, Paul y George se afanaban en ocupar un hueco en el panorama musical. En otoño de 1960 fuimos a tocar a Alemania y allí fue donde conocí a The Beatles”.*
Icono absoluto del músico discreto y preciso que encarna un estilo personalísimo de ejecución, Ringo Starr ocupa el lugar 14 entre los mejores baterías de la historia para la revista Rolling Stone (una lista en la que los primeros tres lugares pertenecen, en orden ascendente, a Ginger Baker, Keith Moon y John Bonham). En la reseña correspondiente, el texto Stone cita directamente a Paul McCartney: “Recuerdo el momento, allí, de pie, mirando a John y luego a George, y la expresión de nuestros rostros era ¿qué chingados es esto?”. Recordando la primera vez que tocaron con Ringo, el texto redondea las palabras de McCartney: “ese fue el momento, el verdadero comienzo de The Beatles”.
Ya hay un Beatle ochentón pisando la faz de la Tierra. Un tipo para el que el concepto “Tempo” entraña una particularidad casi mística cuyo eficiente empleo hará que su nombre no se olvide por muchos, muchos años mientras que alguien siga vivo para escuchar.
* Tomado igualmente de The Beatles Anthology, Chronicle Books. 1a edición, 2000.