Michoacán presume primer lugar educativo, pero 1.27 millones siguen sin educación completa

Jorge Avila · 27 de marzo de 2026

Por Horacio Erik Avilés Martínez

Desde agosto de 2025, las autoridades estatales repiten una narrativa entusiasta: Michoacán ocupa el primer lugar nacional en reducción del rezago educativo, con una baja de 3.2 puntos porcentuales entre 2022 y 2024. El mensaje es deliberadamente incompleto. Esta proclama constituye una falacia estadística incapaz de resistir el escrutinio de los datos oficiales o de la realidad que viven las niñas, niños y jóvenes michoacanos.

Lo que el indicador realmente mide

El rezago educativo, en el marco de la pobreza multidimensional, carece de capacidad para evaluar aprendizajes o calidad educativa. Determina, en términos técnicos, si una persona dejó incompleta la educación obligatoria en la edad esperada. Mejorarlo puede ocurrir sin más escuelas, sin mejores maestros y sin que los estudiantes aprendan más. Factores como la migración, los cambios demográficos o la mortalidad pueden mover ese número sin que la educación haya avanzado un centímetro. Presentar una reducción en este indicador como un “logro educativo profundo” es engañar a las familias michoacanas.

Primero en velocidad, último en resultados

Aquí está el corazón de la falacia: se confunde una medición de velocidad de cambio con una medición del estado absoluto de la educación. Son cosas radicalmente distintas. Los datos del INEGI revelan que, en 2024, el 25.8% de la población michoacana —aproximadamente 1,270,000 personas— sigue en rezago educativo, frente a un promedio nacional de 18.6%. Michoacán se ubica entre los cinco estados con mayor rezago del país, solo por debajo de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz. Los estados mejor posicionados, como Ciudad de México o Nuevo León, tienen la tercera parte de nuestro rezago. Celebrar haber pasado de cuarto a quinto peor lugar es como festejar que el paciente grave mejoró su temperatura en décimas más rápido que otros enfermos.

¿Por qué bajó el indicador?

Primero, los muertos que ya dejaron de contarse: entre 2020 y 2024, Michoacán registró 10,798 homicidios dolosos. Cuando una persona en rezago educativo muere, deja de contarse. El indicador baja sin que el aprendizaje haya mejorado. A esto se suman más de 3,000 personas desaparecidas que tampoco aparecen en las encuestas de hogares.

Segundo, el efecto COVID: Michoacán registró más de 8,700 muertes oficiales por la pandemia, y se ha documentado que hasta el 71% de quienes fallecieron tenían la educación básica incompleta. Cuando esas personas mueren, el rezago disminuye estadísticamente. El motivo es simple: el problema se murió con quienes lo padecían, sin que mediara aprendizaje alguno.

Tercero, la migración: Michoacán es uno de los principales estados expulsores de migrantes del país. Las personas que migran dejan de ser parte del universo de la encuesta local. Su ausencia reduce el indicador con independencia de cualquier política pública.

Cuarto, la matrícula que se evaporó: el ciclo escolar 2025-2026 reportó 20,626 estudiantes menos que el anterior, y las autoridades han guardado silencio al respecto. ¿Cómo se afirma haber sacado del rezago a 159,000 personas si la matrícula nunca aumentó? Adicionalmente, el estado pasó de 84,517 a 83,493 docentes, es decir, mil maestros menos. ¿En qué mundo se combate el rezago reduciendo la planta docente?

Lo que los comunicados omiten

Mientras la Secretaría de Educación celebra el “primer lugar”, los datos cuentan otra historia: 120 menores de edad asesinados en un ciclo escolar, 15 días de paro magisterial, dos de cada tres escuelas sin servicios básicos completos ni internet, y cero evaluaciones censales de aprendizaje. El sistema estatal no sabe si los estudiantes michoacanos leen, escriben o calculan competentemente. Este episodio tiene antecedentes: hace 15 años el gobierno declaró erradicado el analfabetismo en varios municipios, y el INEGI reveló después más de 202,000 personas falsamente reportadas como alfabetizadas. La receta es idéntica: tomar un indicador limitado, ignorar su metodología y lanzar una proclama.

Lo que se debe exigir

En primer lugar, transparencia metodológica que explique, persona por persona, cómo se llegó a la cifra de 159,400 personas menos en rezago; junto con una respuesta clara sobre los más de 20,000 estudiantes desaparecidos de la matrícula. También es urgente la implementación de un sistema de evaluación continua de aprendizajes reales, atención estructural a la violencia en las escuelas y, sobre todo, dejar de hablar de “primer lugar” para empezar a hablar del millón doscientas setenta mil personas que permanecen sin la educación a la que tienen derecho.

Las cifras son fieles a la realidad, pero pueden usarse para mentir. Y en educación, esa mentira se paga en vidas y futuros truncados.

El autor es doctor en Ciencias del Desarrollo Regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C. Contacto: [email protected] | @Erik_Aviles