blogeditor · 28 de agosto de 2012
Por: Paola Zavala Saeb (@paolasaeb)
En el prólogo de Mario Vargas Llosa a las Obras Completas de Julio Cortázar, cuenta que en su departamento de París, Julio y su esposa, Aurora, tenían un tablero lleno de recortes de periódico con noticias insólitas. Con esa inmensa capacidad que tenía para captar “lo insólito en lo insólito, lo absurdo en lo lógico, la excepción de la regla y lo prodigioso en lo banal “, me lo imagino muy divertido pegando en su tablero encabezados de los diarios mexicanos de los últimos días: “10 años de cárcel a quien especule con el huevo”, “Atrapan a ladrones tras agradecer a la Virgen de Guadalupe por el botín”, “Calderón reconoce que hubo errores, pero se va tranquilo”… Me da la impresión de que a Cortázar le quedaba siempre el consuelo de la ironía ante la realidad política.
La desconcertante y juguetona fantasía de sus novelas y cuentos no es su único legado, Cortázar cambiaba el mundo, cuando cambiaba el lenguaje. Su simpatía con los movimientos estudiantiles de fines de los 60’s, las revoluciones en Cuba, El Salvador y Nicaragua, su activismo político y su compromiso con los derechos humanos se reflejaron en su ataque constante a la “hipocresía lingüística”.
Decía Julio Cortázar que hay palabras (y conceptos) como libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo, justicia social y democracia que “condensan nuestras ideas, nuestras esperanzas y nuestras decisiones, y que deberían brillar como estrellas mentales cada vez que se pronuncian”, pero que se desgastan cuando “saltan como conejos” de cualquier discurso político en el que ni siquiera se repara en su sentido.
El uso y abuso del lenguaje en el contexto político nos confunde socialmente, elimina las diferencias entre denuncia y defensa. ¿Qué entiende por “libertad de expresión” Rafael Correa, Presidente de Ecuador, cuando defiende el caso de Assange mientras que en su país cierra emisoras de radio y canales de televisión disidentes con su gobierno? ¿Cuál es el concepto de “paz” de Obama, Premio Nobel de la Paz, cuando amenaza con intervenir militarmente a Siria? ¿Qué entienden los Consejeros del IFE y los Magistrados del Tribunal Electoral por elecciones “libres y auténticas”? ¿A qué se refieren los integrantes de “Yo soy 132” cuando repiten la consigna “si hay imposición, habrá revolución”?
Cortázar decía que “hablamos porque somos, pero somos porque hablamos”. El respeto al lenguaje nos permite definirnos, comprender nuestro entorno, entablar diálogos, tender puentes efectivos de comunicación por el que transiten palabras y no armas. Quizá para defender nuestras posturas políticas, deberíamos empezar por defender el lenguaje y replantearnos conceptos…quizá nos demos cuenta de que hay palabras que merecen un nuevo significado.
Por ejemplo, para el escritor argentino el concepto “revolución” debería de estar alejado de un sentido dramático y tendría que ser un juego en el que de forma lúdica se reinviertan los valores, en un espacio abierto al arte, a la invención, a las sonrisas y a los rayos de sol. Eso sería dotar de otro sentido a la palabra revolución, tal vez de sentido gíglico…pero bueno, esa es sólo la propuesta de Cortázar.
* Paola Zavala Saeb es abogada, especialista en derechos humanos. Ha publicado anteriormente artículos de opinión para El Universal y Nexos en línea. Ha hecho trabajos de consultoría e investigación para la ONU- DH, GDF, CIDE, SCJN, TEPJF y el INMUJERES. Actualmente es asesora legislativa.