ernestoramos · 25 de julio de 2011
Ignoro a ustedes pero a mí me pasa un desbarajuste nervioso medio sicolocon que a veces no se puede explicar bien, pero que esta aparejado al pasado, a la nostalgia, y a los referentes de épocas perdidas y su significación de la lectura presente, o algo así, o lo contrario; es como cuando recorres un edificio colonial –-digamos, o simplemente una casona basta de rincones e historia, y sientes una especie de bruma, un especie de duende, una fuerza respirando tras los muros.
Si, es muy inquietante.
Ocurre lo mismo en las correrías, de aquí para allá, cuando andas de deambulada efectiva y brotan de pronto a la intemperie duendes rupestres a tatuar de significancia. ¡Aquí estamos! ¡Encuentra tus ojos con los míos! ¡Somos historia conjunta! Y lo digo porque calles adelante, pasando estos árboles, allá, muy cerca, está la Ciudadela de la Ciudad de México, y hoy sábado 500 parejas conversan pausas bajo un toldo, entre la respiración de gozo de los asiduos.
Es el Danzón: erotismo quieto en estado puro.
Nosotros podríamos ser del siglo XXI, y aquí estas teclas, este monitor y su incandescente estar en muchos lados. Pero la ciudad es historia, recorrer Balderas perderte al pasado, y la conversación del Danzón se vincula a todo, (a la bruma), al silencio que existe detrás de estas letras, y al orgullo, que es punto de partida, frontera ineludible para proyectar al futuro.
(si le pican a las plaquitas crecen, raza!)
Twitter: @eramoscobo
