blogeditor · 4 de marzo de 2014
Por: Carlos Elizondo Mayer-Serra (@carloselizondom)
En su artículo de Animal Político, intitulado “Sobran trabajos y alumnos, faltan datos y política educativa congruente”, Milena Ang hace una interesante crítica a mi artículo publicado en Excelsior la semana pasada. Ésta es mi respuesta a su texto.
Su primera crítica, en respuesta a mi petición de tener exámenes rigurosos de entrada a la universidad, es que no visulmbra “cómo se va a solucionar el problema de que los egresados carecen de habilidades demandadas por el mercado laboral si se les restringe el acceso a desarrollar dichas habilidades” (en negrillas en el original).
Un examen riguroso tiene por lo menos dos efectos positivos para desarrollar habilidades. Uno, si los estudiantes de preparatoria saben que deben pasar un examen más duro tenderán a esforzarse más. En una clase que impartí en la UNAM les pregunté a quienes estaban ahí gracias al pase automático si se hubieran esforzado más en la preparatoria de haber sabido que tenían que pasar un examen, me dijeron que sí. Falta una encuesta rigurosa al respecto, pero me parece de sentido común. Dos, si son muchos los malos estudiantes en una clase, como lo sabe cualquiera que haya impartido un curso, es muy difícil mantener un nivel elevado, con lo cual se acaba afectando a los mejores estudiantes. Éstos saldrán por ello de la universidad sabiendo menos y enfrentando mayores problemas en el mercado de trabajo. No conozco ninguna buena universidad que no tenga un examen riguroso al ingreso, ¿conoce la autora alguna? Para darle habilidades a los estudiantes no propongo prohibirles estudiar, sino poner un examen riguroso al ingreso para que se esfuercen.
Milena Ang se pregunta “¿de verdad es mejor no aceptar alumnos aunque haya lugares que ofertar, que aceptarlos cuando no cumplen ciertos criterios académicos?” Le contestó con otra pregunta. ¿No sería mejor usar esa oferta educativa con estudiantes mejor preparados, que ingresen sabiendo más gracias a un mayor esfuerzo, dada la expectativa de un examen riguroso de ingreso, a desperdiciar buenos profesores con alumnos que no pueden leer ni escribir?
Las prácticas en que incurren las malas universidades no están documentadas en mi texto y se requiere una buena evaluación para saberlo. Es una tarea pendiente, como señala la autora. Simplemente afirmo que salir sin habilidades al mercado de trabajo dificulta encontrarlo, pero si el estudiante está convencido que el problema por el que no encuentra trabajo es el modelo económico, no su baja preparación, nunca pelearán por una mejora educación, como no lo hacen.
Respecto a mi afirmación de que el valor relativo en términos de ingreso de la educación superior depende de la oferta y de la demanda en el mercado de trabajo, es de sentido común y se ha visto que así sucede en Corea del Sur, donde hay muchos egresados de universidad que están ganando menos que técnicos sin título universitario. Ahora bien, como digo en el texto, esto incluso suponiendo que todos los egresados sean de calidad, por lo que no entiendo la confusión de la autora al respecto.
Estoy de acuerdo con la autora, y acá la cito, que “la oferta educativa terciaria debería estar homologada a oportunidades laborales”. También en su afirmación de que no es claro quién “será el encargado de planear e implementar dicha homologación”, pero no por eso debemos cerrar los ojos al problema. Los recursos presupuestales son por definición escasos. No hemos resuelto el tener educación media superior para todos (como debería ser y ahí sí debe ser un derecho por el mero hecho de tener la edad para estudiar), ¿vamos a gastar recursos en carreras que no tienen mercado de trabajo?
Una aclaración. Cuando digo que no puede ser un derecho para todos una educación universitaria quiero decir que no puede haber un ingreso en automático a la universidad por el mero hecho de haber terminado el grado anterior. Todos deben tener el derecho al acceso, sujeto a aprobar exámenes y mostrar que se tienen los elementos para poder aprovechar esa educación y, en caso de que la oferta sea limitada, escoger a los mejores, como sucede en todos los lugares del mundo donde hay universidades de calidad.
[contextly_sidebar id=”d3c5c669d83263d1d857f6577f7c4096″]La autora cree que sobre la transformación de los mercados de trabajo dado el cambio tecnológico, el tercer punto de mi texto, en sus palabras, “no hay mucho que aportar, a mi parecer, desde una política educativa”. Creo, sin embargo, que este es el punto más importante, y que si bien la autora menciona como posibles soluciones “mantener a los profesores actualizados sobre desarrollos tecnológicos y de las disciplinas de las que son parte, para que éstos puedan asesorar oportunamente a alumnos y construir o mantener programas de estudio competitivos, y generar información centralizada y legible sobre las opciones de trabajo, salarios promedio, expectativas educativas y perspectivas a corto, mediano y largo plazo por carrera”, hay que ir más alla. Es clave tener qué decir al respecto, porque el mundo se está transformando tanto, que si seguimos enfrascados en las debates del siglo XX, se nos irán las oportunidades del siglo XXI. Si no entendemos hacia dónde va el cambio tecnológico, veremos ampliar la desigualdad, como lo estamos observando en países de entrada menos desiguales que nosotros. Estamos obligados a pensar desde la política educativa el cambio tecnológico.
Comparto la conclusión de la autora que hay que pensar en “las consecuencias redistributivas inherentes a cualquier política educativa”. Si abogo por exámenes más riguroso para el ingreso a la educación superior es porque quienes van a universidades donde esto hoy no es así (públicas o privadas), que son quienes no pueden pagar las universidades privadas más caras o no logran acceder a las mejores instituciones públicas, no tienen verdaderas oportunidades en el mercado laboral por haber sacado un título universitario. Esto es regresivo. En otras palabras, creer que si todos tienen un título universitario, sin importar qué habilidades tienen cuando ingresan a la universidad, su título va a generarles ingresos altos, y por tanto tener consecuencias redistributiva positivas, es ingenuo.
Quedan por supuesto muchas preguntas sin contestar. Un artículo breve en un periódico es sólo para provocar un debate. Agradezco por ello el artículo de Milena Ang.
* Carlos Elizondo Mayer-Serra es Profesor del CIDE